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La secuencia caótica del amor
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Asesinato de la empatía
El siguiente poema fue escrito por la psicóloga y filósofa inglesa Petruska Clarkson, y se llama "Asesinato de la empatía"
que absorbe la violencia, el vicio, la vileza y hay alguien ahí parado
mirando nada más, pasivamente, pensando para sí, hallando buenas razones para no participar
evitando sentir alguna vez esa empatía, esa empatía humana nuestra, la igualdad del ser y del dolor.
22 de noviembre de 2007
Management Estratégico = Espíritu Curioso. Reflexión
“Los argentinos deseamos mucho, pero queremos menos”, afirma José Eduardo Abadi. “Estamos atrapados en el pensamiento mágico, que nos lleva a darles a nuestros deseos un valor desmesurado. La consecuencia de esto es que no ponemos en marcha la voluntad, el trabajo y el esfuerzo que son necesarios para alcanzar esas metas ideales.”
Abadi defiende el modelo de lo que denomina “el ser feliz”. Explica que consiste en la combinación armónica entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace. “Si nos planteamos metas que puedan ser alcanzadas, si renunciamos al regodeo y al placer morboso que se puede encontrar en el sufrimiento, y si relegamos las fantasías que nos llevan a callejones sin salida, la felicidad es posible”, insiste. Admite que hablar de felicidad en el país de la melancolía, del llanto y de la queja parece una idea demasiado ambiciosa. Más aún, dice, en tiempos en los que prevalece una cultura facilista.
También explica que en un mundo competitivo, en el que sólo tienen valor conceptos como trabajo, esfuerzo y perseverancia, nos estamos alejando de la invalorable satisfacción que tendría que proporcionarnos el deber cumplido y de la paz que deriva de alcanzar los objetivos propuestos.
En esta etapa de su producción intelectual, Abadi ha hecho de la felicidad el eje de sus reflexiones. Sostiene que hay que desprenderse de fórmulas simplificadoras para buscar la felicidad a partir del replanteo, que puede no estar exento de dolor, de metas y de logros. Dice que se trata de todo un programa de vida y que hasta podría convertirse en un programa de gobierno para un país que siempre ha sido demasiado afecto a los atajos, como la Argentina.
Acaba de publicar “De felicidad también se vive”, que integra una trilogía, donde Abadi enhebra reflexiones personales con definiciones sobre la felicidad realizadas por pensadores significativos. Con ello pretende resumir, en pocas líneas, siglos de sabiduría sobre esta búsqueda eterna.
- Usted habla de felicidad como un intento de coherencia interior entre los anhelos y la realidad. ¿Trabajamos los argentinos en esa dirección, tenemos esa vocación?
- Diría que no, porque somos una sociedad que se encuentra atrapada en el pensamiento mágico. Para convertir un deseo en un logro hay que poner en marcha la voluntad, el trabajo y el esfuerzo necesarios para alcanzar esas metas ideales. El pensamiento mágico nos lo impide. Entonces caemos en fantasías omnipotentes, en creer que somos dotados naturales, en una apología de la improvisación. Suplimos el esfuerzo por el facilismo, que nos conduce al fracaso, la depresión y el autocastigo. Peor aún: creemos que el esfuerzo es para los mediocres.
- ¿No somos suficientemente autocríticos?
- En ese pensamiento mágico vivimos prisioneros de la ilusión, pero esa ilusión no se sostiene y nos conduce a una tristeza paralizante o al autocastigo, que los argentinos confundimos con autocrítica. Esto pone en marcha una enorme desvalorización, que contribuye a lo que yo creo que es uno de los síntomas perniciosos de las clases medias urbanas: la envidia. La envidia consiste no en ambicionar lo que otro tiene y me gusta, sino en que el otro no tenga lo que a mí me falta. La envidia no estimula a mejorar las condiciones personales; más bien convoca a destruir los méritos del otro.
- ¿Por qué pasa esto?
- Esto ocurre por la desvalorización que está en juego, por el autocastigo y por la repetición de una experiencia de fracaso a partir de una premisa errada de que somos omnipotentes y privilegiados. Es una actitud muy infantil creer que hay una sola torta para repartir en vez de darse cuenta de que hay distintas tortas. Vista así, la envidia conspira contra una de las condiciones de la felicidad, que es el vínculo comunitario, la solidaridad con el semejante y la empatía: poder latir en conjunto. La envidia es uno de los mayores obstáculos para la felicidad.
- Pero no es una característica particularmente argentina, ¿o sí?
- Está en todo el mundo, pero hay determinadas sociedades donde aparece de un modo intenso. Cuánto tiene de eso la Argentina no lo sé, pero sí que aquí la envidia se da de un modo sintomático y patológico. Si a un argentino le va bien no lo dice, porque sabe que lo van a atacar, y si le va mal no lo dice, porque sabe que lo van a abandonar Esto genera hipocresía y lesiona uno de los puentes más importantes que hacen a la felicidad: la confianza. Robert Hughes dice que las sociedades que conspiran contra la felicidad en buena medida son aquellas que cultivan la cultura de la queja. Es sabido que existen corrientes o movimientos en la historia de la humanidad que repelen la felicidad, como los fundamentalismos religiosos y los dogmatismos políticos totalitarios, pero también hay pensamientos determinantes a lo largo de la historia que incluyen intrínsecamente el concepto de felicidad: Sócrates, Diógenes, Séneca, la Ilustración francesa, Freud y el psicoanálisis, el Mayo francés, con Marcuse a la cabeza, y algunos posmodernos, como Lipovetsky, Savater, Vattimo.
- Usted describe la felicidad como un estado, una manera de vivir y existir que incluye, también, momentos de tristeza y sufrimiento.
- Claro: los incluye, no los opone. La felicidad no debe ser entendida como el final de un camino, sino como un ejercicio permanente, y no la podemos pensar si no es en términos de semejantes. No podemos ser si no somos en relación con el otro.
- ¿No hay felicidad posible en términos exclusivamente personales?
- Si no incluimos el mundo, no estamos incluidos nosotros mismos.
-¿Cómo se aplica este principio a una sociedad tan individualista como la argentina?
-En la medida en que no logramos enlazar o encauzar armónicamente nuestra subjetividad con el destino colectivo quedamos aislados narcicísticamente, lo que es distinto de una individualidad responsable. La falta de solidaridad, la convicción de que sólo lo mío es lo que vale o importa, se refleja en la enorme conflictividad social, en la corrupción, en el caos del tránsito, en la transgresión de las normas de convivencia. Somos una sociedad, pero una sociedad sin comunidad, porque no confiamos en el otro, y si no confiamos jamás vamos a poder armar un proyecto de vida en común, que eso es una nación. La falta de comunidad nos lleva a la resignación patológica y a la violencia.
-¿Ve una salida?
-Yo intuyo que habrá una mayor conciencia de que muchas de nuestras conductas son sintomáticas y de que la fragilidad comunitaria conspira contra la felicidad. En esa mayor conciencia se ve un intento de repensar ciertas cosas. A partir de ahí se abre una esperanza.
Autor: Carmen María Ramos
Fuente: La Nación, miércoles 21 de noviembre de 2007
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/cultura/nota.asp?nota_id=964080&pid=3537860&toi=5273
5 de septiembre de 2007
Management Estratégico = Espíritu Curioso. Reflexión
Tuve hace un tiempo la oportunidad de leer un libro que me venía llamando desde su nombre: "No son extraterrestres (aunque a veces lo parezcan)". Se trata de una gran obra para entendernos a los argentinos desde el consumo. El libro está escrito por Guillermo Oliveto, director de CCR, quien lo encaró desde lo sociocultural y contextual, lo cual hizo al texto ser válido no únicamente para gente de negocios, y permitirle a éstos un poco de reflexión por sobre la búsqueda ferviente de "herramientas concretas". Más tarde pude leer artículos y disfrutar de conferencias, volviendo a apreciar esta capacidad de mirada curiosa, penetrante y relacional de Oliveto, por eso me alegro que haya vuelto a escribir. Todavía no leí el nuevo libro, pero dejo esta nota al respecto, como introducción y recomendación anticipada. Intentaremos hablar de algunos de estos temas en nuestro módulo de Marketing. Mariano Morresi
Para matar al consumidor alcanza con apretar "delete"
Guillermo Oliveto, como presidente de
Entre las muchas variables que caracterizan estos tiempos todo lo que está ligado a la interconexión ocupa uno de los lugares privilegiados. De allí la frase que Oliveto presenta en su libro: “esta sociedad, para matar gente, ya no necesita empuñar un arma, simplemente basta con apretar delete”.
El celular se ha convertido en uno de los iconos de estos tiempos. Esto no solo se da a nivel mundial sino que es una realidad palpable entre los argentinos. El aparatito móvil que cada vez tiene más funciones es un adminículo imprescindible para salir a
El celular permite no “perderse”. No solo porque facilita la localización por parte de los demás sino porque también permite que uno no se “pierda” nada. Noticias, juegos, fotos, videos, ringtones, agenda y despertador, por solo nombrar lo básico, acompañan día y noche al consumidor esté donde esté.
La tecla de delete (borrar) o la papelera de reciclaje son los recursos fáciles para “matar” a cualquiera ya que desconectarlo, sacarlo de la lista de contactos es un poco como “borrarlo del mapa” y sacarlo de circuito... o sea, prácticamente, matarlo.
Esta no es más que una de las tantas dimensiones que caracterizan a esta sociedad caratulada como híbrida por Oliveto en honor a la inspiración de Zygmunt Bauman, autor de
Oliveto condensa en este libro gran parte de lo que viene diciendo en sus múltiples presentaciones de estos últimos años. Lo suyo no pasa solo por brindar asesoramiento a las grandes empresas a partir de su función ejecutiva en
“La felicidad del consumidor ya no tiene que ver con la plata” expresó Oliveto en un almuerzo que compartió con la prensa para presentar su obra de 382 páginas. Muchos seguramente saltarán al leer esto ya que aún vivimos en una etapa de transición donde prima mucho de lo que fue clave durante el siglo XX.
El mundo del siglo pasado, donde nacieron los adultos de hoy, estuvo signado por la funcionalidad, el industrialismo y el taylorismo. Hoy todo esto está en suspenso, al menos para los grandes marcadores de tendencia. Obviamente Oliveto se refiere a aquellas aspiraciones que se pueden permitir quienes tiene resuelta su supervivencia. Pero una vez resuelto lo básico, hay una tendencia cada vez más fuerte por priorizar el bienestar global. En este contexto la “felicidad por la plata” no es lo único que puede “cambiarle la cara a la gente”.
Cada vez pesa más el status logrado por la pertenencia y por los saberes. La sociedad posmoderna prioriza los placeres más allá de lo rentable. También tiene una necesidad creciente de volver a los “grandes valores”. Y esto es un camino que emprenden también las marcas. Coca Cola habla de la importancia de las comidas como ritual familiar, Ala reinvindica el juego de los chicos aunque se ensucien y Key Biscaine plantea “si vivis más despacio, vivis más”. Es que en estos tiempos donde se acabaron las estructuras rígidas y hay más margen para elegir, también hay más presencia de miedos y angustias. Ese “precio” de la libertad genera incertidumbre e inquietud y algunas marcas están haciéndose cargo de la problemática. “Hay tanta duda que necesitas que alguien te hable y ese rol lo toman las marcas”.
“En
El caos no es malo en sí mismo, pero sin duda asusta. Entre otras cosas remite a la falta de control, algo que provoca temor. Pero parece que para estar en órbita en esta sociedad hay que saber convivir con cierta dosis de caos. El acercamiento de los hombres de negocios, incluyendo a los de marketing y a los comunicadores, a esta realidad se va dando de a poco y por etapas. Algo que caracteriza a este momento también involucra a los propios “opinadores” del rubro. “Ya no hay gurúes de saco y corbata” admite Oliveto. Y no casualmente los filósofos, los antropólogos y hasta los humoristas y los actores suelen ser figuras escuchadas por atención por quienes manejan negocios.
Es que el arte y el libre pensamiento tiene mucho más camino recorrido en términos de convivir con
Los números y las estadísticas sirven pero sin la mirada holística y “blanda” que interprete otros aspectos, más cualitativos, los análisis serán acotados, incompletos y muchas veces, inconducentes.
Autor: Alicia Vidal
Fuente: Infobaeprofesional.com, 22 de agosto de 2007
18 de junio de 2007
Management Estratégico = Espíritu Curioso. Reflexión
Desde hace 23 años, en su taller de la calle Costa Rica, en Palermo Viejo, se reúne con 45 discípulos para estudiar filosofía. "La cita es los jueves, a las 20.30. Aprendemos, discutimos, leemos. Las edades varían entre los 18 y los 83 años", explica el filósofo Tomás Abraham. "En realidad, me gusta que me digan profesor de filosofía, porque ésa es mi tarea. No importa si enseño en la Universidad de Buenos Aires, en la de Rosario, o aquí", agrega.
Abraham nació en Rumania, pero se formó en Francia, donde tuvo profesores ilustres como Michel Foucault y Gilles Deleuze. "Deleuze aparecía como más distante, y uno lo seguía principalmente a través de sus libros. Pero Foucault no, era extraordinario, clarísimo, inmenso, con gran presencia y sentido del humor, y nos contagiaba una libertad mental que nos permitía pensar", recuerda. Presentó su último libro, El presente absoluto. Periodismo, política y filosofía en la Argentina del tercer milenio , en un lugar poco común: el club Vélez Sarsfield. "Es otro de los lugares donde enseño filosofía. Claro que además me gusta el fútbol y no niego mis simpatías."
-¿Cómo ve la Argentina de hoy?
-Siempre buscando alguna novedad para entretenerse: la segunda vuelta o las elecciones de octubre, algo que los medios agrandan y publicitan como si fuera definitivo. Pero dura poco y es reemplazado por otro acontecimiento igual de extraordinario, definitivo y, claro, efímero. Y hay quien cree que eso significa que la sociedad vive cambios vertiginosos, pero no es verdad. Porque los tiempos de los medios y los de la sociedad son distintos y ¡mejor que sea así! Si ese vértigo fuese real estaríamos mucho más locos de lo que estamos.
-¿Cómo son los tiempos reales de la sociedad?
-Son mucho más lentos, morosos... e inexorables. Todo lo que ocurre en el tiempo mediático parece no dejar huellas, ¡el mundo se inaugura todos los días! En cambio, en el tiempo de la sociedad todo deja marcas profundas que afectan a todos y que son difíciles de borrar. Cada tanto leemos que alguien anuncia que comienzan los nuevos tiempos, ¡de aquí en más todo será distinto! Pero las sociedades no cambian por milagro. ¿Cuánto hace que escuchamos esa misma canción? ¿Dónde están los que anunciaron el gran cambio? ¿Pero es que cambió algo? Sigue habiendo pobreza, marginación, bolsones de extrema riqueza y de extrema pobreza, violencia, corrupción. Repase todo lo que ocurrió en el país desde hace 40 años.
-¡Hágame de guía!
-En los años 40, Perón había abierto un enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas. Pero en los 70, Perón regresa y se supone que su vuelta pondrá fin al conflicto, pero sólo se consigue con más crímenes y violencia. El país ha sufrido mucho y cuesta creer que todos estos hechos graves no tengan consecuencias en la gente, en su manera de elegir representantes, en el trato cotidiano, en la idea que tienen de sí mismos, de sus semejantes, del país y de su futuro. El panorama es incierto y continuamente nos enteramos de gente valiosa, que nos costó trabajo formar, que emigra por falta de espacios para crecer. Gente que será difícil recuperar. Cuando alguien de un país medianamente organizado llega aquí, ve que la gente cruza con el semáforo en rojo y se sorprende, pero nadie entiende su sorpresa porque nos parece natural violar la ley.
-¿Qué habría que hacer?
-La Argentina tiene que abrirse e integrarse con el mundo y aprovechar las posibilidades de este momento histórico. Estamos viviendo el comienzo de un proceso de reestatización que creo que nos hará perder mucho tiempo y que a la larga fracasará. La experiencia dice que los megaestados terminan siendo fuentes de corrupción e ineficiencia, y que no crean bienestar. Más bien, nuevas elites de privilegio. Hay que desmontar ciertos preconceptos como que Estado significa lo nacional y privado lo extranjerizante . Lo que el Estado tiene que hacer es concertar acuerdos precisos y beneficiosos para el país, y ejercer buenos controles con gente honesta y eficiente.
-¿Y el ciudadano común?
-Tomar conciencia, comprometerse, entrar en el tiempo de la sociedad y participar de los procesos. Seguir a los políticos de cerca, observando atentamente su proceder y ser sensibles a las contradicciones, como cuando alguien demoniza un sistema haciéndolo responsable de todas las calamidades, ocultando que fue parte, que lo defendió y celebró ¡como si hubiese nacido de un repollo! Y estar atento a la gente honesta y eficiente, y apoyarla. Expresar lo que sentimos. Siempre escucho la cantinela: Yo no voy a cambiar el mundo. Nadie pide eso, diga lo que tiene que decir y trate de ponerlo en práctica, ¡comenzando por su propia actitud frente al mundo!
Luis Aubele
Fuente: Diario La Nación, 17 de junio de 2007
http://www.lanacion.com.ar/918122






