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9 de abril de 2024

Caminando hacia un liderazgo antifrágil

Muchas organizaciones se han sumergido en una cultura de autocomplacencia, donde la imagen y las apariencias a menudo prevalecen sobre la sustancia. Se ha generado una saturación de selfies laborales y celebraciones que, aunque buscan reforzar el sentido de pertenencia y reconocimiento, podrían estar diluyendo el verdadero valor del esfuerzo y el logro. Encontrar el equilibrio entre el cuidado de nuestros equipos y el impulso por alcanzar metas y objetivos es una dicotomía recurrente, donde el confort y el bienestar laboral son primordiales, surge el desafío de crear entornos laborales que promuevan tanto la fortaleza emocional como el rendimiento excepcional.
No se trata solo de resistir la adversidad, sino de prosperar a partir de ella. Es la capacidad de aprender, crecer y fortalecerse en tiempos de incertidumbre y cambio constante.
En nuestro ecosistema paraguayensis vemos la proliferación de certificaciones y galardones que proclaman lo maravilloso que es trabajar en una determinada organización. Sin embargo, ¿qué tanto reflejan estas distinciones la realidad interna? ¿O son simplemente una fachada que busca atraer talento, sin verdaderamente reflejar la experiencia de las personas que la componen?
Es imposible tapar el sol con un dedo, el borrón y cuenta nueva, el volver a empezar es adictivo.
La aceptación de la responsabilidad es vital para que ese cambio que vislumbramos y promulgamos sea creíble, pues la falta de consistencia y coherencia serán indicadores que visibilizarán lo que subyace, pues no se puede dar lo que no se tiene.

El liderazgo antifrágil no puede existir en un entorno saturado de falsas conmemoraciones y reconocimientos superficiales. Se necesita un enfoque más auténtico y profundo que combine el cuidado humano con la ambición por lograr metas reales.

En esta búsqueda de autenticidad, es crucial trascender la mera apariencia. Se trata de construir un ambiente donde la resiliencia, el desafío y el crecimiento personal sean valores fundamentales.

Como suele ocurrir en la crianza de nuestros hijos, la sobreprotección puede generar individuos poco resilientes, al igual que un exceso de cuidado puede desencadenar equipos complacientes en el entorno laboral. ¿Dónde radica entonces el equilibrio?

La respuesta puede estar en cultivar un liderazgo que abrace la resiliencia sin sacrificar el apoyo humano. Se trata de fomentar una cultura donde el aprendizaje a partir de los errores sea tan valioso como el reconocimiento del esfuerzo. Donde el cuidado personal se entrelace con el desafío para alcanzar metas más audaces.

Es esencial comprender que el liderazgo antifrágil no contradice el cuidado del individuo o la promoción de un ambiente humano y respetuoso. Al contrario, busca unir estos elementos con la búsqueda incansable de la excelencia y la superación personal.

En la práctica, esto implica no solo valorar el esfuerzo, sino también orientar a los equipos hacia el crecimiento, la innovación y el aprendizaje continuo. Es el reconocimiento de que la verdadera satisfacción radica en superar desafíos, alcanzar metas y satisfacer las necesidades de los clientes.

Por lo tanto, la fórmula del éxito parece residir en el equilibrio: entre el apoyo emocional y la exigencia en el desempeño, entre el cuidado del individuo y la ambición por lograr objetivos. Es la convergencia entre el bienestar y el rendimiento lo que construye equipos y organizaciones antifrágiles, capaces de enfrentar cualquier desafío con resiliencia, creatividad y determinación.
Sin embargo, constantemente nos encontramos en una encrucijada entre el cuidado de nuestros equipos y el afán por alcanzar metas y objetivos.
Esta reflexión me dejó una gran pregunta: ¿Cómo crear un ambiente laboral que fomente tanto la resiliencia como el rendimiento excepcional?
El concepto de liderazgo antifrágil podría darnos alguna pista para dar los siguientes pasos, es mucho más que resistir la adversidad; se trata de crecer y fortalecerse en momentos de incertidumbre y cambio constante.

Sin embargo, en nuestra búsqueda por un equilibrio debemos reconocer y enfrentar con conciencia, coherencia y consistencia ciertos patrones que podrían estar socavando la esencia misma de esta filosofía.

Me generó muchas dudas, el camino así es.


Autor: Carlos Ignacio Ramírez Benítez (Carlos es egresado del Posgrado PIDE)

14 de julio de 2016

Las respuestas antifrágiles como redundancia

¿Qué necesitamos para afrontar el caos en un mundo de organizaciones efímeras? ¿Es acaso obligatorio superarnos y mejorar? ¿Ser cada día más eficientes e incrementar nuestra calidad? ¿Hay que ser más cuidadosos, más precavidos? ¿Necesitamos más respuestas a los dilemas o cuestionarnos las preguntas desde las cuales partimos? 

Puestos a navegar la complejidad y con ausencia de certezas, tendremos las espaldas mejor cubiertas con opciones que con cartas salvadoras. Lo que parece ineficiente, por diferente y por variado, puede ser lo más sensato. Seremos menos vulnerables en la medida que aumentemos nuestra opcionalidad: de productos, de clientes, de competencias. Seremos más adaptables de acuerdo a cómo aprendamos a lidiar con el estrés, probándonos ante el error y la desilusión. Lo inevitable es que las cosas fallen y que quien sea frágil esté más expuesto al daño. Taleb habla de antifragilidad como una condición de estructura/comportamiento en los sistemas caóticos en los cuales nos bamboleamos. 
A continuación un fragmento de "Antifrágil" sobre la utilidad de la redundancia, una capacidad para construirnos en la complejidad (las negritas son nuestras y agregamos enlaces para profundizar algunos términos). 

Lic. Fernando Cerutti
 

Las respuestas antifrágiles como redundancia

Cuando escuché "postraumático" en aquella visita a Londres tuve una especie de revelación. De repente caí en la cuenta de que estas respuestas horméticas antifrágiles solo eran una forma de redundancia y en mi mente convergieron todas las ideas sobre la madre naturaleza. Y es que a la naturaleza le gusta tener las espaldas bien cubiertas.
Los niveles de redundancia son la propiedad fundamental de la gestión de riesgos de los sistemas naturales. Todos los seres humanos (puede que los contables también) tenemos dos riñones; en realidad, contamos con repuestos y con una capacidad extra para muchas cosas (como los pulmones, el sistema neural, el sistema arterial), mientas que los diseños humanos tienden a ser sobrios y a presentar, por así decirlo, una redundancia a la inversa: la historia demuestra que tendemos a endeudarnos, algo que es lo contrario a la redundancia (guardar cincuenta mil en el banco o, mejor aún bajo el colchón, es redundancia; deber al banco una cantidad equivalente, estar endeudados, es lo contrario de redundancia). Aunque la redundancia es ambigua porque da la impresión de desaprovechamiento si no ocurre nada fuera de lo normal, ese algo fuera de lo normal casi siempre acaba sucediendo.
Además, la redundancia no es necesariamente cobardica: puede ser muy agresiva. Por ejemplo, si mantenemos un stock muy abundante de fertilizantes por si las moscas, y se produce una escasez de ellos por unos problemas en China, podremos vender los excedentes a un precio muy elevado. O si tenemos reservas extra de petróleo las podremos vender con grandes beneficios en caso de crisis.

Y resulta que se aplica exactamente la misma lógica a la sobrecompensación: no es más que una forma de redundancia. Las cabezas que le brotan a la Hidra parecen ser tan redundantes como los dos riñones del ser humano y como la capacidad de soportar un estresor extra. Si ingerimos 15 miligramos de una sustancia venenosa nuestro cuerpo se puede fortalecer y prepararse para ingerir 20 o más y hacerse más fuerte en general. Estos 5 miligramos más de veneno que podemos soportar son como las reservas extra de productos vitales o necesarios, como tener más efectivo en el banco o más alimentos en el sótano. Y volviendo a lo que impulsa la innovación: las cantidades extra de motivación y de fuerza de voluntad que, por así decirlo, surgen de los contratiempos, también pueden verse como una capacidad extra no muy diferente de una provisión extra de víveres.
Necesariamente, un sistema que sobrecompensa se está excediendo en cierta medida porque acumula más fuerza y más capacidad en previsión de un resultado peor o en respuesta a una información sobre la posibilidad de un peligro. Y, claro está, esta capacidad o fuerza adicional puede acabar siendo útil por sí sola por puro oportunismo. Hemos visto que la redundancia es oportunista, por lo que esta fuerza extra se puede usar con algún provecho incluso en ausencia de peligro (...) no es defensiva, es más una inversión que una simple prevención (...) lo que llaman "ineficiente" suele ser muy eficiente.
El hecho es que nuestro cuerpo descubre probabilidades de una manera muy sofisticada y evalúa riesgos mucho mejor que el intelecto. Por citar un ejemplo, los profesionales de la gestión de riesgos buscan en el pasado información sobre el llamado peor escenario y la emplean para calcular riesgos futuros: este método se llama "prueba de estrés". Toman la peor recesión histórica, la peor guerra (...) como referencia para calcular con precisión el peor resultado futuro. Pero nunca se dan cuenta de esta incongruencia: cuando ese peor escenario sucedió, superó al "peor escenario" de su época.
He llamado "problema de Lucrecio" a esta fallo mental en honor al filósofo y poeta latino que escribió que el tonto cree que la montaña más alta del mundo es la más alta que ha visto él. Creemos que el objeto más grande cualquier clase que hemos visto o del que hemos oído hablar es lo más grande que puede existir. Y hace miles de años que caemos en esta trampa.
(...) Si el ser humano libra la última guerra, la naturaleza libra la siguiente. Nuestro cuerpo es más imaginativo en relación con el futuro que nosotros. Pensemos en cómo se entrenan quienes practican halterofilia: el cuerpo se excede en su respuesta al esfuerzo y se sobreprepara (hasta un límite biológico, claro) haciéndose más fuerte.


Fuente: Taleb, Nassim Nicholas: Antifrágil: Las cosas que se benefician del desorden. 2013. Paidós.

22 de abril de 2015

Un futuro de Organizaciones Efímeras

Fernando Cerutti
En el último Congreso de Administración y Marketing, que realizó Alta Gerencia Internacional en Pinamar, mientras tomaba los primeros rayos de sol en esa hermosa playa con mar de aguas frías, me preguntaba el porqué de la caída de la longevidad de las empresas de todo el mundo. Esa duda me llevó a esbozar un sinfín de conjeturas; resolví, entonces, llevar esta duda a los asistentes a mi conferencia y contarles qué opino sobre el tema. Para lograrlo me basé en un principio en la explicación de Nassim Taleb, y salpicado, como ese mar helado donde me encontraba, por las apreciaciones de Si Alhir (Sinan Si Alhir). Tiene que ver con la adaptabilidad (tema que ya dio sus primeros frutos) y se trata de reflexionar sobre lo siguiente: ¿por qué hay tantas empresas que fracasan después de un gran éxito (BlackBerry, Nokia, Musimundo)?, ¿por qué otras que no duran mucho tiempo (Sega que no vio el avance de Nintendo y Sony)?, ¿por qué hay otras que ven pasar infinidad de oportunidades y, por no cambiar, sucumben y no las aprovechan? (Como Kodak y las maquinas digitales o Pan Am y la posibilidad de vuelos más cortos y estandarizados). ¿No será que las empresas, sin darse cuenta, en lugar de prepararse para vivir se están preparando para morir?

Sin ir más lejos según un informe de Standard & Poor’s, en los últimos años se han observado una disminución de la longevidad de las empresas, pasando de los 60 años hace cinco décadas hasta llegar un magro proyectado de 8 años para el 2025, Es para ir pensando...
Si observamos, veremos que mientras las empresas construyen estructuras “seguras” y “controladas” paradójicamente se transforman en más “inseguras” y “desordenadas”. ¿Y por qué sucede esto? El empresario construye realidad siguiendo su sentido común, que si bien es necesario tenerlo, no siempre es el mejor de los sentidos. Los directivos planifican sobre el concepto que todo tiempo pasado será permanente o repetible, toman decisiones sintiéndose seguros con su “experiencia” en relación al manejo de la empresa, lo conocido los hace sentir más resguardados, y cuando proyectan lo hacen para lo “esperado”, situación, por cierto, con una baja probabilidad de ocurrencia. En definitiva, las empresas se presentan más endebles frente a la incertidumbre, lo aleatorio y a lo caótico.
La volatilidad de los negocios como nuevo paradigma, la falta de trascendencia, el ánimo mezquino por “sobrevivir” y el aspirar más al crecimiento que a la propia innovación, hacen que se acelere vertiginosamente la caída de la longevidad de algunas organizaciones. Frente a estos problemas los empresarios no encuentran mejor solución que luchar y domar la volatilidad como si creyeran que realmente lo pudieran hacer. Siguen peleando contra el pasado y cancelan cualquier otra oportunidad de solución.
Esta problemática contiene un texto y un contexto que de alguna manera deben comulgar para poder crear esa relación univoca que genera cualquier negocio. Esto me lleva a los planteos de “El Cisne Negro y  “Anti-fragilidad"  de Taleb que pretendo que actúen como ayuda para ver la relación entre estos dos mundo en principio desconectados, pero tan relacionados cuando hablamos del futuro. El contexto es volátil, es decir mudable e inconstante, como son los negocios últimamente. El texto en el cual se encuentran las organizaciones está manejado por personas que tienen ciertas actitudes sedentarias que se transforman en característica de su pensamiento, formando por lo menos cinco tipos de empresarios, cinco comportamientos que trasforman a sus organizaciones en: Frágiles, Anti-Frágiles, Robustas, Ágiles y Anti-Ágiles.
Frágiles: Son empresas en las cuales sus directivos se resisten a entender que el mundo es desordenado y volátil y buscan mantenerse iguales por mucho tiempo. Sufren o desconocen el comportamiento caótico, sus organizaciones se dañan y deterioran con el paso del tiempo cuando toman contacto con la volatilidad del mercado. El empresario fragilista confunde lo desconocido con lo inexistente. Lo conocido para cualquier emprendedor con esta mentalidad es muy pequeño, su realidad está compuesta solo por lo construido por él y no puede entender que el verdadero universo está construido también por lo imperceptible, aquellas cosas que no alcanza a ver porque no están integradas en su modelo de realidad subjetiva; por lo inaccesible, que es lo imposible integrar porque no hay posibilidad técnica de interpretarlo, tiene que ver con las creencias y las especializaciones; también por lo negado, que es imposible que exista ya que es inadmisible para el observador por su rigidez de percepción, y por último por lo inexistente, aquello que aún no se materializado o no sucedió todavía y es el futuro..
En la película animada “The Croods”, el jefe de familia tiene muy bien instruida a todo su grupo inculcándoles que lo único seguro es la cueva donde viven, y alimenta esa “seguridad” con relatos e historias sobre el peligro que existe afuera y como resguardarse de ellos cobijándose en la cueva. Pero su hija mayor, que tiene un carácter expedicionario, inquieto y curioso, una noche decide saber porque su padre cuida tanto este refugio y traspasa los límites de la caverna. Así descubre un mundo maravilloso, con peligros pero también con novedades, dinámica, donde se mezcla la sorpresa, el miedo y el asombro. A partir de ahí comienza un mundo de aventuras, comienza otra vida, más rica. La tozudez nos lleva a creer que cuando más nos protegemos de aquello que, históricamente hemos aprendido a esperar, paradójicamente nos hacemos más vulnerables al porvenir, sobre todo si lo que viene es imprevisible. 


Anti-Frágil: Es la cualidad que emerge detrás de todo lo que ha cambiado con el tiempo: la especie humana, la cultura, las ideas. Es el aprendizaje resultante de haber pasado experiencias de desorden, depende del sujeto o del sistema y es absolutamente necesaria para poner a prueba la capacidad de acción. Ser anti-frágil da cintura, permite aprovechar las crisis y los errores de predicción al tomar decisiones, mejorar y crecer aún con el desorden, porque al entenderlo se adentra en él y se disfruta. Posibilita beneficiarse frente a los “Cisnes Negros” gestionando y sobre todo, planificando para esos hechos de poca probabilidad de ocurrencia, esto posibilita acomodarse, disfrutar de lo aleatorio, lo incierto, el riesgo y la ambigüedad,  se va el miedo, porque ya se aprehendió.
Existen dos categorías intermedias entre aquellas empresas que son frágiles y las que son anti-frágiles, se aproximan a esos extremos pero no lo son, este es el caso de las empresas Agiles y las Anti-Ágiles.
Ágiles: Son las que  entienden el cambio, lo abrazan y lo siguen, pero son remisos a entender el desorden, se adaptan siguiendo las modas (como Calidad Total, Reingeniería, Just At Time, Balance Scorecard, Big Data, etc.). Estas empresas parecen no tener rumbo propio, sin identidad, miran el contexto, y se acoplan. Se les augura un futuro con pequeñas ventajas sostenibles mientras puedan seguir el cambio, pero si llegaran a enancarse tarde, y quedan enganchadas de la cola de ese futuro, pueden llegar a perder la totalidad del liderazgo ganado como el caso de Kodak o BlackBerry.
Anti-Ágiles: Son las que se resisten al cambio, no se adaptan y están en una permanente desventaja, transitoria mientras no cambien, su condición es temporal. No entienden el desorden, saben que deben resolver el statu quo, pero se niegan al cambio, Tienen aires de robustas, pero no lo son, viven del pasado, normalmente estas empresas son organizaciones que fueron exitosas en el pretérito y viven de sus recuerdos de cuando el contexto era totalmente diferente a lo que es hoy. Los ejemplos los podemos encontrar en las empresas de familias que a lo largo de la vida se fueron incorporando las descendencias y no pudieron hacer el cambio necesario para mejorar y abarcarlos.
Robustas: Son las que se sostiene, sin importarles demasiado el contexto. Quizás cambien por la volatilidad pero volverán a su condición original. Manejan el cambio, ni lo abrazan ni lo resisten, creen estar más allá de sus entornos. Podemos ejemplificarlas en las empresas del establishment, que han sido responsables del desorden y la inestabilidad, y pese a sus pergaminos en la última crisis el mercado salió a salvarlas: bancos, financieras y hasta alguna simbólica de la era industrial como General Motors, y los grandes grupos de comunicación. Son las que marcan las grandes tendencias del mundo, pero a algunas veces el propio entorno le suelta la mano y terminan cerrando, produciendo como en un circulo virtuoso que alimenta la espiral del caos.
Frente a este análisis nos compete preguntarnos sí aquellas organizaciones temerosas del desorden seguirán ignorando la volatilidad del contexto y se convertirán en frágiles copas de cristal destrozadas por el viento. O sí habrá otras que seguirán, como toros de exposición, siendo guiadas por las mochetas del contexto y de las narinas galoparán sobre la ola de la modas. Y también cuestionarnos sí aquellas que aún identificando el contexto de cambio, asumirán una actitud de "robustas" y se seguirán aferrando a los éxitos del pasado muriendo pobres y abandonadas. O como última reflexión, el interrogante de inquirir sí la anti-fragilidad, esa cualidad surfera, triunfará por sobre el emergente de nuevos emprendedores, nuevas empresas y nuevos negocios, o sí sucumbirá ante el contexto. Quién dice que no estemos en el umbral desde donde nos proyectaremos, tal vez, como una sociedad empresarial futura de Organizaciones efímeras como génesis de la nueva riqueza de las naciones.

Les paso la pelota. 


Fernando Cerutti


PD: Sobre este tema los invito a participar del Programa ejecutivo en Adaptabilidad Estratégica, desde octubre. Más info aquí


Nota: Fernando falleció en febrero de 2025. En este artículo lo recordamos.