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31 de marzo de 2026

Entre asistentes y silencios: lo que estamos perdiendo en nombre de la IA

IA, AI, inteligencia artificial, ChatGPT, agentes, asistentes, productividad, eficiencia, automatización. Capacidades. Reskilling. Actualización. Reemplazo. Obsolescencia. Palabras que estamos escuchando últimamente minuto a minuto.

Si sentís que la presencia de la Inteligencia Artificial está siendo abrumadora, estoy ahí con vos. Siempre me consideré una persona pro-tecnología y con la perseverancia suficiente para transitar la curva de aprendizaje necesaria cada vez que enfrentaba un nuevo desafío tecnológico. Pero hoy siento que eso no es suficiente.

Sin dudas estamos (otra vez) en un momento de disrupción histórica para nuestra humanidad. Parados en este punto de inflexión, creo que no es posible prever o identificar cuáles serán las consecuencias del cambio y transición que vivimos, ni cómo será el impacto a futuro en nuestras vidas.

En mi caso, tengo una creciente preocupación sobre el impacto de IA en nuestros vínculos y conexiones humanas, indispensables para el desarrollo de equipos y culturas organizacionales sanas (para con las personas, consigo mismas, con el planeta). Se que quizás no soy la única con esta preocupación, por eso te invito a recorrer este análisis conmigo.*

Creo que la IA es la nueva “bala de plata”. Es el nuevo impulso para otro movimiento pendular, especialmente visto en las organizaciones (algo similar vivimos con la agilidad hace pocos años) ¿A qué me refiero?
  1. Partimos de un extremo en el que toda acción necesitaba intervención manual o pensamiento y análisis lógico hecho por una persona.
  2. Transitamos la incorporación de nuevas tecnologías que nos permitieron grandes avances en automatización y uso de datos a gran escala (solo como ejemplo)
  3. Hoy nos encontramos en el extremo opuesto al inicial: uso indiscriminado de IA, comodidad y delegación de capacidades humanas fundamentales, resultando en falta de pensamiento crítico, reflexión, introspección y análisis desde nuestro “ser humano”, en desmedro de las conexiones humanas y la colaboración.
La facilidad con la obtenemos respuestas sobre cuestiones que necesitan nuestra más profunda humanidad, humildad, curiosidad y conexión, está haciendo estragos en aquello que por tanto tiempo buscamos construir: espacios más humanos, equipos más conectados, aprendizaje basado en el intercambio y en la experimentación, valoración de las experiencias vividas transformadas en sabiduría.
Algo que debería potenciar nuestras capacidades, las está reemplazando…
Lo que más me asusta, es que muchas veces tomamos este camino conscientemente, por acción u omisión. En el lugar en el que deberían primar las conversaciones e interacciones profundas, encontramos agentes y asistentes que nos halagan y responden siempre de manera amable. El espacio, silencio y reflexión que necesitamos transitar frente a la incomodidad de preguntas desafiantes, está lleno de respuestas creadas por GPTs. La transmisión de conocimiento desde la experiencia empírica está siendo desestimada en pos de la eficiencia y el ahorro de costos.

Atención, no estoy demonizando a la tecnología, de hecho en muchas de mis actividades la IA es un participante activo, especialmente en el diseño de procesos centrados en las personas. Estoy siendo crítica con nosotros mismos como tomadores de decisión o acompañantes de procesos de cambio. Estoy levantando la “red flag” acerca de la falta de sentido y propósito en la incorporación de este nuevo jugador que, indudablemente, ya es parte de nuestra vida de manera directa o indirecta.

Me gustaría dejar aquí algunas preguntas al momento de invitar a este nuevo jugador (IA) a la mesa de equipos y organizaciones:
  • ¿Qué decisiones estamos delegando hoy a una IA que quizás deberíamos tomar desde la conversación humana?
  • ¿Cuánto espacio dejamos a la reflexión silenciosa y al pensamiento crítico antes de acudir a una respuesta generada por un asistente?
  • ¿De qué manera estamos asegurando que las herramientas de IA potencien (y no reemplacen) nuestra humanidad en los equipos?
  • ¿Qué conversaciones dejamos de tener cuando la eficiencia es el único criterio?
  • ¿Cómo mantenemos viva la transmisión del conocimiento basado en la experiencia, la intuición y la emoción?
  • ¿Cuánto fomentamos los espacios dentro de nuestro equipo para discutir el “para qué” estamos adoptando determinada tecnología?
  • ¿Qué señales nos indican que estamos perdiendo contacto con la dimensión humana del trabajo?
  • ¿Cómo nos aseguramos de no estar creando abismos en la organización, a partir del uso de IA?
  • ¿Estamos diseñando el on-boarding apropiado para los equipos que incorporen asistentes y agentes?
  • ¿Estamos fortaleciendo el valor de las interacciones y conexiones humanas desde nuestro decir y hacer en la organización?
Creo que aún la batalla no está perdida. Creo que quienes elegimos acompañar este camino incorporando IA en la diaria de las personas, equipos y organizaciones debemos mantener en alto el valor de las interacciones, responsable e incansablemente.
Necesitamos más equipos, personas y organizaciones que hagan uso responsable y con sentido de las nuevas inteligencias, sin que eso signifique reemplazar nuestra humanidad.
Te invito a que construyamos juntos estas comunidades, y trabajemos codo a codo para que nuestro mundo siga siendo así de humano e imperfecto.

¡Gracias por leerme hasta aquí!

*Si tenés 2 horas para escuchar de fondo, el mismísimo Simon Sinek mantuvo una conversación con Steve Bartlett llamada “Te están mintiendo sobre el propósito de la IA”, en la que este tema que me preocupa se desarrolla. Te dejo el link a la publicación aquí.


Autora: Daniela Andrada (Daniela es Agile Coach y profesora de la Diplomatura DIDIE)

1 de abril de 2025

Evolucionando equipos con claridad, enfoque y simplicidad

Claridad, Enfoque y Simplicidad. Tres palabras que resuenan en cada interacción que tengo con equipos de diversas industrias y culturas.

Tres palabras fundamentales y, a menudo, escasas en el entorno actual. No quiero centrarme únicamente en el contexto, que afecta a cada equipo y organización de diferentes maneras, sino en cómo podemos asumir la responsabilidad de mejorar nuestro entorno inmediato. Es aquí donde podemos pasar de la reflexión a la acción para lograr mayor claridad, enfoque y simplicidad.



Claridad: La Piedra Angular

Al momento de escribir este artículo, puede parecer intuitivo pensar que tenemos claro nuestro rumbo (como organización, equipo e individualmente), así como nuestros objetivos y cómo es el agregado de valor de cada persona o área. Sin embargo, he notado que esta suposición no siempre se cumple, lo cual me hace reflexionar sobre cuántos de nosotros estamos cayendo en esta trampa.
Como dice Brené Brown, “Claro es amabilidad” (“Clear is kind").
La claridad es útil y muestra cuidado. La falta de claridad, por el contrario, puede erosionar la empatía, la conexión, la motivación y la compasión, impactando negativamente cualquier acción colaborativa.

Entonces…

¿Qué implica trabajar la claridad si mi equipo está iniciando su recorrido juntos?

En mi experiencia, son 3 primeros pasos que setean el tono del hacer de cada equipo:

1. Definir o refrescar la visión de futuro: Es esencial entender quiénes somos, para qué existimos, para quién trabajamos y cuál es el impacto que queremos generar. Consideremos la construcción de una narrativa inspiradora sobre nuestro futuro como el puntapié inicial.

2. Facilitar y habilitar conversaciones de equipo: Permitir que cada equipo traduzca la visión de futuro en acciones concretas y tangibles. Este puente entre el futuro y el presente es crucial para mantener la claridad en cada rincón y dimensión de la organización.

3. Establecer objetivos claros y medibles: Involucrar al equipo en la definición de los "qué" y dejar el "cómo" en sus manos, asegurando que estos objetivos estén alineados con la organización.

Por otro lado,

¿Qué implica trabajar la claridad para equipos que ya iniciaron su recorrido?

Estas acciones requieren sin dudas de diseño. Una vez que entramos en el “hacer” del equipo, difícilmente nos tomemos el tiempo de frenar para evaluar nuestro nivel de claridad. Es por eso que muchas veces, estas son las acciones que más impulso necesitan:

1. Reforzar la visión de futuro: Revisar periódicamente si la visión está clara y presente para todos los equipos. Evaluar si seguimos conectando objetivos y valor agregado de manera tangible.

2. Revisar acuerdos: Ajustar los acuerdos necesarios para mantener la conexión, el compromiso y la responsabilidad hacia nuestra visión.

3. Chequear métricas y resultados: Alinear expectativas de resultados con nuestras métricas, asegurando que el "qué" y el "cómo" sean sostenibles y saludables para los equipos y la organización.

4. Compartir claramente las expectativas: no solamente en relación a los roles y resultados esperados, sino sobre todo a los comportamientos y valores que son importantes para la organización y para el equipo.

5. Promover la indagación continua y transparencia: Fomentar una cultura de preguntas y curiosidad, convirtiendo el juicio en exploración compartida, el conflicto en oportunidad de aprendizaje, la actitud defensiva en autorreflexión y las suposiciones en preguntas.

Creo que la claridad, el enfoque y la simplicidad son esenciales hoy más que nunca para que las organizaciones y sus equipos prosperen en un entorno de constante cambio. Se trata de sostener la mirada en el horizonte y conectarla con el presente y lo tangible. Se trata de darnos como personas la posibilidad de preguntarnos y re-preguntarnos sobre el propósito de aquello que hacemos día a día.

Y claro… también estar preparados para las respuestas…


Autora: Daniela Andrada (Daniela es Agile Coach y profesora de la Diplomatura DIDIE)