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15 de septiembre de 2026

En toda empresa hay gente brillante... que nadie está mirando

¿Hay brindis en tu organización?¿Es momento de reconocimiento?
¿Y cómo te hace sentir eso?

Porque cuando llega fin de año parece que no puede faltar el pan dulce, el brindis y las “gracias de turno”.

Pero… ¿funciona?
¿Alcanza?

Creo que no.
Y creo que hay un drama que no siempre se nombra: las organizaciones están llenas de personas brillantes… invisibles.
Gente que piensa, sostiene, anticipa, ordena el caos, evita incendios.
Gente que hace que todo funcione sin pedir crédito.
Gente que, si mañana no estuviera, se notaría más que cualquier KPI.
Pero como no hacen ruido, no entran en el radar.

Y ya sabemos cómo sigue la historia: lo que no reconocés, desaparece... o se va.

El reconocimiento no es "ser blandito", es ser justo. Y ahora —entre brindis, cierres y balances— tenemos una oportunidad excepcional: usar este momento para entrenar la mirada que queremos llevar al próximo año.
Porque no hay mejor base para el año que viene que empezar a ver a quienes realmente sostienen la cultura. Y para no caer en el reconocimiento acartonado, tipo discurso de acto escolar o mail de “querido equipo”, acá van cinco formas que sí funcionan...

1. RECONOCÉ LO INVISIBLE
No el resultado: lo que lo hizo posible.
La anticipación, la paciencia, la lucidez a las 7am o a las 23hs.

2. RECONOCÉ LA EVOLUCIÓN, NO EL BRILLO
Cuando alguien mejora, aunque la rompa poco.
Eso motiva más que cualquier “excelente trabajo”.

3. RECONOCÉ EN SINGULAR
No “gracias equipo”.
Decí quién hizo qué y qué cambió gracias a esa persona.

4. RECONOCÉ EL IMPACTO, NO EL ESFUERZO GENÉRICO
No digas “gracias por el esfuerzo”.
Decí qué habilitó, qué evitó, qué desbloqueó.

5. RECONOCÉ SIN OCASIÓN
No esperes el cierre, la evaluación ni el aplauso formal.
Reconocer es mirar y nombrar.
Y no solo hace bien: ordena.
Aclara prioridades, muestra qué valoran los líderes y qué quiere ser realmente la organización.

Así que antes del brindis, te dejo esta invitación simple...
Buscá a una persona brillante que hoy esté fuera del radar… y ponela en el mapa.

¿Y me contás cuál de estas cinco formas está más ausente en tu organización?
Te leo :)


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26 de agosto de 2009

Reconociendo el valor de reconocer

A raíz de una entrevista en AméricaEconomía (que desembocó en un artículo de Alejandro Clavería), reflexionamos sobre el propósito y el sentido del reconocimiento de los empleados y caminos alternativos para tratar el tema, en otras palabras se trata del valor de reconocer. 4 preguntas sirven como disparadores, para temas que trataremos en el próximo Diplomado.


¿Cuál es la importancia que le otorga al hecho de reconocer el trabajo de los empleados?

Me pregunto si existe algún individuo que no se sienta mejor cuando un par, un amigo, un compañero o un jefe le dice que reconoce sus esfuerzos, sus formas y sus resultados y lo felicita. Con esto quiero sacar del contexto del trabajo el reconocimiento en general. Por lo tanto mi primera respuesta es que todo ser humano si es reconocido por su trabajo y sus logros, siempre y cuando ayude a instarlo a seguir sus propios objetivos, se sentirá bien.
En un segundo plano creo en no pensar el trabajo como un conjunto de tareas impuestas y que todos los días debemos tratar bien a los empleados por el solo hecho que de esa manera se alcanzará la mejor eficiencia. De pensar así seguiríamos trabados en las teorías de Elton Mayo donde los cambios de luminosidad harían más o menos eficientes a los obreros.


¿Qué tipo de reconocimiento es clave para que un empleado esté contento en su trabajo?

Propongo que todos los lectores del artículo se hagan esta pregunta: ¿Si está contento en lo que hace día a día, por qué motivo lo está? Ahí hallará la respuesta. Puedo contestarle que es porque me apasiona lo que hago; porque sé a donde voy y cuales son mis objetivos; porque me permite llegar a mis sueños; porque el trabajo dignifica y significa y lo tomo como otra actividad de mi vida (comer, pasear, hacer, ir al cine, charlar con amigos, etc.) ¡Es parte de mi vida!

Por lo tanto no sé si llamarlos reconocimientos pero los enumero: permita amplios grados de libertad para elegir distintas tareas para lograr los objetivos; trate de que los objetivos de los colaboradores estén en sintonía con los suyos; posibilite un margen de negociación en esos objetivos; busque tener gente que ame lo que hace y crea en los valores que impulsan a hacerlo; intente orientar la visión de la empresa con los sueños de sus colaboradores; comparta con ellos aquellas cosas que le causan felicidad a usted y le dan sentido; reconozca sus ideas, esfuerzos, cambios y resultados; convénzalos honestamente de que ellos son valiosos para este proyecto y de que una de las razones de ser de su empresa es la generación de empleo. Es clave tratar de inculcarles a los empleados los tres sentidos más importantes del rumbo empresarial: orientación, destino y descubrimiento, es decir que sepan si vamos bien, a dónde estamos yendo, y generar cierta urgencia creativa para lograrlo.


¿Las empresas de Latinoamérica reconocen la labor de sus empleados? ¿Por qué?

No se puede generalizar, habrá empresas que traten mejor que otras a sus empleados, pero existe un concepto que sí es bastante amplio y es que muchos empresarios siguen tratando a sus empleados bajo tres supuestos básicos y erróneos, a saber: a) El empleado es de un nivel intelectual menor al de los directivos de las empresas; b) El empleado es un eslabón mecánico más de la máquina llamada empresa que busca como logro final la eficiencia; y c) A la gente se la puede manipular de acuerdo a distintos premios y castigos. ¿Qué quiero decir con cada idea?:

a. El nivel intelectual de la mayoría de las personas económicamente activas, y que no hayan pasado durante su vida por un problema particular genético, de nutrición, educación o de conducta, está en un rango estable y bastante amplio con muy pocas variaciones. Sólo muy pocos sobresalen, y otros pocos están por debajo de esa franja. Por lo tanto los empleados son seres pensantes, con inteligencia, ingenio, voluntad y capaces de forjar soluciones y de crear nuevos conceptos para las empresas.

b. Este es una consecuencia de la anterior. Los directivos deben entender que las empresas no son máquinas, sino proyectos compartidos de un grupo de personas. Las máquinas no se cansaran ni generarán conflictos interpersonales, pero tampoco piensan, generan conocimiento ni innovan.

c.
La gente en el contexto laboral intenta comportarse auto-organizadamente, y como tal no se la debe controlar introduciendo normas estrictas que coarten su creatividad, no se deberían introducir políticas en exceso que nieguen el liderazgo situacional, y tampoco es positivo trabajar con sistemas de premios y castigos porque los estaríamos tratando como tragamonedas. Existen otras herramientas que tienen que ver con el tratamiento del caos: a los empleados se les deberían mostrar atractores reales que los conduzcan a lograr sus objetivos, se debería permitir su auto-organización para que puedan resaltar su creatividad, y por último jamás hay que proclamar que hay una sola forma de hacer las cosas, en cambio debemos estimular los cambios de modelos mentales para que se resuelvan los problemas de acuerdo al conocimiento colectivo.


¿Cómo pueden las empresas mejorar o potenciar la forma de reconocer?

Además de lo mencionado y con el fin de permitir que se comparta por un tiempo un proyecto empresa-empleado es importante abrirse a tres pautas: los valores que esperamos, promovemos y ejemplificamos; la comunicación sistémica y dinámica de los motivos, las aspiraciones, los inicios, los caminos, lo alcanzado y lo faltante, las ideas, las responsabilidades y los objetivos; y el conocimiento orientado a la diversidad y la transformación, lo personal y lo colectivo, lo humano y lo empresarial, lo operativo y lo estratégico.

Si en este punto no mencioné el salario y otras prestaciones, es porque asumo que esto es parte de la responsabilidad empresarial, más allá de las acciones de RSE. Si una empresa no empieza por cumplir con quienes le permiten competir, mejorar, innovar y cambiar, no puede esperar nada, y sólo obtendrá devoluciones egoístas o apáticas o personas a las que sólo les falta otra oferta mínimamente distinta para abandonar el barco.


Fernando Cerutti