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20 de enero de 2026

El falso sentido de urgencia: cómo afecta a la cultura y el burnout

La cultura organizacional es el núcleo de cualquier empresa. Define no solo cómo se hacen las cosas, sino también cómo se sienten quienes las hacen. En este contexto, un factor insidioso puede socavar incluso las culturas más robustas: el falso sentido de urgencia. Este fenómeno, a menudo invisible, no solo impacta la productividad, sino que puede llevar al temido burnout, poniendo en riesgo el bienestar de los colaboradores y la sostenibilidad de la organización.

El falso sentido de urgencia: ¿qué es y cómo se origina?

John Kotter, experto en liderazgo y cambio organizacional, introduce una distinción crucial entre urgencia verdadera y falsa urgencia:
  • Urgencia verdadera: Impulsa a los equipos hacia metas importantes con claridad y propósito, promoviendo un enfoque estratégico.
  • Falsa urgencia: Es una sensación constante de presión generada por problemas secundarios, falta de priorización o prácticas ineficientes, que obliga a los colaboradores a actuar sin pensar, en un estado de alerta continua.
La falsa urgencia puede surgir de varios factores:
  • Liderazgo mal orientado: Jefes que valoran la actividad frenética sobre los resultados concretos.
  • Cultura de “todo es prioridad”: Cuando no se establecen límites claros, todo parece urgente.
  • Expectativas poco realistas: Plazos imposibles que reflejan una desconexión entre las metas organizacionales y los recursos disponibles.
  • Presión social o tecnológica: En un mundo hiperconectado, las notificaciones constantes y la disponibilidad 24/7 crean una falsa necesidad de actuar de inmediato.
El vínculo entre el falso sentido de urgencia y el burnout

El término burnout fue acuñado por el psicólogo Herbert Freudenberger en la década de 1970 para describir un estado de agotamiento físico, emocional y mental, frecuentemente causado por el estrés crónico relacionado con el trabajo. Byung-Chul Han, en su libro "La sociedad del cansancio", señala cómo las dinámicas modernas de autoexigencia y la hiperproductividad contribuyen a una epidemia de agotamiento, donde las personas son tanto víctimas como perpetradoras de su propio estrés.

La falsa urgencia es un combustible poderoso para el burnout, porque:
  • Genera estrés continuo: Cuando todo parece urgente, las personas se mantienen en un estado de alerta constante que agota los recursos emocionales y físicos.
  • Causa desconexión emocional: Los colaboradores pierden el sentido del propósito y sienten que sus esfuerzos son irrelevantes frente a un flujo interminable de tareas.
  • Fomenta la autoexplotación: La cultura de urgencia perpetúa la creencia de que descansar es improductivo, lo que lleva a ignorar las necesidades básicas como el sueño o el ocio.
  • Elimina los límites: En entornos dominados por la urgencia, las líneas entre la vida laboral y personal se desdibujan, aumentando el desgaste.

Impacto en la cultura organizacional

Cuando el falso sentido de urgencia se normaliza, la cultura organizacional se resiente en múltiples niveles:
  • Erosión del bienestar: El estrés crónico afecta no solo la salud mental, sino también la física, incrementando el ausentismo.
  • Disminución de la confianza: Los empleados perciben incoherencia entre los valores declarados de la organización (como el “cuidado del equipo”) y sus prácticas diarias.
  • Productividad de corto plazo: Aunque puede haber resultados inmediatos, la calidad del trabajo y la innovación se sacrifican a largo plazo.
  • Rotación y fuga de talento: Los colaboradores buscan entornos más saludables donde puedan crecer sin sacrificar su bienestar.

De la teoría a la práctica: cómo combatir el falso sentido de urgencia y prevenir el burnout

1. Fomentar una cultura de claridad y propósito
Las organizaciones deben asegurarse de que sus colaboradores entiendan las prioridades reales y cómo su trabajo contribuye al éxito general. Ejemplo: organizar reuniones semanales para discutir objetivos clave y asegurarse de que los equipos comprendan qué tareas son críticas y cuáles pueden esperar.

2. Diseñar procesos para priorizar lo esencial
Utilizar herramientas como la matriz de Eisenhower para distinguir entre lo urgente y lo importante. Ejemplo: en una empresa tecnológica, priorizar el desarrollo de funciones críticas para un cliente sobre resolver problemas menores que no afectan la entrega final.

3. Crear políticas de bienestar organizacional
Implementar estrategias que ayuden a los colaboradores a equilibrar su carga de trabajo y cuidar su salud mental. Ejemplo: proveer recursos como terapias grupales, talleres de manejo del estrés y horarios laborales flexibles.

4. Empoderar a los líderes para liderar con el ejemplo
Los líderes deben demostrar que es posible trabajar con urgencia verdadera sin sucumbir al estrés constante. Ejemplo: un gerente que priorice y delegue de manera eficiente, y que también tome descansos visibles, envía el mensaje de que el bienestar importa.

5. Establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal
Fomentar una desconexión real fuera del horario laboral para permitir que los empleados se recuperen. Ejemplo: adoptar políticas como la “desconexión digital” fuera del horario laboral, donde no se esperan respuestas a correos o mensajes.

6. Medir y ajustar regularmente
Auditar los procesos internos y las cargas de trabajo para identificar posibles fuentes de urgencia innecesaria. Ejemplo: utilizar encuestas de clima laboral para evaluar el nivel de estrés y ajustar las prioridades según los comentarios del equipo.

Conclusión
El falso sentido de urgencia no solo es contraproducente, sino que puede ser devastador para la salud mental de los colaboradores y para la cultura organizacional en su conjunto. Una organización que valore el equilibrio entre productividad y bienestar será más resiliente, innovadora y atractiva para el talento.
Romper con este ciclo implica reorientar las prioridades hacia lo realmente importante, liderar con propósito y fomentar entornos laborales donde el descanso y la claridad sean tan valorados como los resultados.

¿Cómo enfrentas el desafío del falso sentido de urgencia en tu equipo o empresa?


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Autor: Dr. Leonardo Maubecin (Leonardo es egresado de la Diplomatura DIME)

2 de agosto de 2020

Urgente: debemos ser pacientes

"El tiempo es veloz". "El tiempo no para". Hasta las canciones nos acicatean. Y entonces con urgencia actuamos. Pero ponernos a resolver puede ser improductivo. Mientras vamos corriendo detrás del "ya", generamos o descuidamos otros problemas en nuestra mirada ultra enfocada en el minuto. Y frente a situaciones que no son de solución inmediata ni simple ni obvia, la urgencia, y más cuando es efectista, nos puede complicar. Confundimos escenarios explosivos con escenarios complejos. Hay fuego en la casa pero no moriremos en los próximos instantes. Podemos reflexionar, ampliar la perspectiva, buscar causas, analizar impactos, buscando objetivos de largo alcance. Y todo mientras hacemos. "Festina lente", como la expresión que se atribuye al emperador romano Augusto.

Hemos traducido un artículo de Stefan Stern, autor de "Los mitos del management", que es parte de un debate sobre liderar en todos lados. Trata sobre este desafío clave en este contexto... y más allá.


Esto es urgente: debemos ser pacientes


En una era digital "siempre activa", la fecha límite, a menudo parece, es ahora. Churchill hizo un famoso llamado a "hacerlo hoy" ("action this day"). La demanda actual es "hacerlo en este momento". ¿Por qué no has respondido a mi email? ¿Has visto este tweet? ¿Qué le ha pasado al S&P 500 en los últimos minutos, o segundos?

Para muchos, la gestión de crisis se ha convertido en la configuración predeterminada, y el corto plazo se ha vuelto aún más corto. Pero, paradójicamente, esta es precisamente la forma de traer la próxima crisis.

En la actual crisis de Covid-19, diferentes líderes han adoptado su propio enfoque para abordar este desafío. Se ha requerido una acción urgente. Pero la "falsa urgencia" - orgullosos alardes, afirmaciones poco probables, pronunciamientos teatrales - elegida por algunos líderes ha demostrado ser confusa y contraproducente. Otros, sin embargo, han mostrado un enfoque más sostenido y sistemático. Han tomado medidas decisivas, pero también midieron sus resultados, alteraron su respuesta de acuerdo con los datos y se centraron en soluciones a largo plazo.

Estos líderes han mostrado lo que el profesor John Kotter ha llamado "paciencia urgente". Esto también suena paradójico, pero Kotter lo define con precisión: “Significa actuar cada día con un sentido de urgencia pero con una visión realista del tiempo. Significa reconocer que pueden ser necesarios cinco años para alcanzar objetivos importantes y ambiciosos y, sin embargo, venir a trabajar todos los días comprometidos a encontrar todas las oportunidades para avanzar hacia esos objetivos."

En los negocios, la paciencia urgente proporciona un antídoto para la búsqueda irreflexiva de "maximizar el valor para los accionistas", un dios falso que también puede alentar un comportamiento a ultra corto plazo y, en última instancia, decisiones que destruyen el valor. Los líderes deben enseñar a sus accionistas a ser pacientes. El valor real y duradero generalmente no se creará rápidamente. Y la idea de crecimiento sostenible implica un reconocimiento de que apresurarse a generar grandes ganancias puede terminar en fracaso.

El año pasado hubo cierta emoción por el hecho de que la Mesa Redonda Empresarial (Business Roundtable) en los EEUU, así como algunas voces líderes en el Foro Económico Mundial en Davos, adoptaron el concepto de partes interesadas (stakeholders), en contraste con un enfoque más estrecho en los accionistas (shareholders). Me recordaron a Monsieur Jourdain, el "burgués gentilhombre" de Molière, que descubre para su deleite que ha estado hablando en prosa toda su vida. ("The state we are in", de Will Hutton, que promovió un enfoque de las partes interesadas en los negocios, se publicó por primera vez en 1995).

Pero aceptemos incluso esta conversión tardía, si eso es lo que es, a una ética más equilibrada, urgente pero paciente en materia de liderar negocios. La paciencia urgente también puede ayudarnos a promover el "liderazgo en todas partes". Porque es el apoyo y la aprobación de nuestros pares en el trabajo lo que puede consolidar mejoras duraderas y una ventaja competitiva. Particularmente en la época de Covid, queremos que nuestra fuerza laboral sienta la urgencia del momento, al tiempo que muestre la paciencia necesaria para lograr objetivos más amplios y profundos a largo plazo. Debemos apresurarnos lentamente, o “festina lente”, como solían decir los romanos.