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22 de diciembre de 2016

Hay que volar con lo establecido

¿Cómo piensan los que innovan? ¿Qué condiciones reúnen que los hacen diferentes? Indudablemente una de ellas es la vocación por cuestionar el statu quo y no conformarse con la realidad imperante. Gary Hamel hable de hábitos perceptuales distintos para separar lo que es de lo que podría ser, como pautas para observar lo que otros pasan por alto y atreverse a cuestionar lo normalidad. 
Los Violadores cantaban que "Hay que volar con lo establecido, perdido por el tiempo, podrido por el tiempo. No queremos aburrirnos! No queremos convertirnos!".  Puede ser un mantra del insurrecto que mira lo que otros se pierden, que discute lo habitual y que propone su particular punto de vista. 
En el extracto siguiente Hamel dice que esto es parte esencial de lo que importa ahora.


Adoptaremos las mejores prácticas en nuestra industria, tal como todos los demás. / Si todos lo están haciendo, las mejores prácticas son lo mismo que lo mediocre. / ¡Paren de hacer que la mediocridad suene mal! / Perdón. (Dilbert, por Scott Adams)


Las ortodoxias no desafiadas

Para ser un innovador, uno tiene que desafiar las creencias que todo el mundo da por sentadas, aquellas suposiciones de larga data que enceguecen a quienes ocupan posiciones de importancia en la industria y nos les permiten ver nuevas formas de hacer negocios.

Dentro de cualquier sector, los modelos mentales tienden a convergir con el tiempo. Los ejecutivos leen las mismas revistas de negocios, van a las mismas conferencias y hablan con los mismos consultores. En suma, conforme transcurren los años, el acervo genético se convierte en un gran estanque.

El éxito acelera este proceso. Las estrategias efectivas se convierten en políticas operativas que generan las mejores prácticas y se afianzan como hábitos. Inevitablemente, las estrategias fosilizadas abren oportunidades para que los competidores menos ortodoxos les den un giro a las reglas de la industria. Uno de estos insurgentes fue Salesforce.com, una empresa que vende software para la gestión de clientes y una de las primeras defensoras del modelo de negocio basado en el "software como servicio". En la práctica tradicional, los clientes corporativos adquieren software autorizado, lo instalan en sus propios servidores y pagan una tarifa anual por actualizaciones y mantenimiento. El modelo de Salesforce.com transformó esta práctica porque su software funciona en la nube y los clientes pagan una tarifa mensual de uso. Se trata de un modelo de prestación de servicios que reduce los costos y aumenta la flexibilidad.

Los innovadores son contestatarios naturales y, con un poco de práctica, cualquier persona pueda aprender cómo salir a la luz y desafiar inmóviles creencias añejas. Aquí hay un par de preguntas que usted puede utilizar para despertar los instintos agitadores de su equipo. En primer lugar, ¿en qué aspectos su modelo de negocio es imposible de distinguir del de sus competidores? ¿Hasta qué punto nuestra propuesta de valor, nuestro portafolio de servicio, nuestros precios, nuestro servicio al cliente, nuestra distribución o nuestra cadena de abastecimiento es indiferenciable? Y en segundo lugar, ¿qué aspectos de nuestro modelo de negocio han permanecido inmutables durante los últimos 3 a 5 años? Siempre que usted identifica una creencia consolidada, pregúntese también si esta reposa sobre alguna ley inviolable de la física o simplemente es un artefacto de nuestra devoción por el pasado. Si usted trabaja sistemáticamente para sacar a la superficie estos dogmas invisibles, podrá convertir a los contestatarios en rebeldes.



Autor: Gary Hamel
Fuente: Lo que importa ahora. 2012. Norma.

16 de junio de 2007

Management Estratégico = Espíritu Curioso. Reflexión



La empresa ante el dilema: innova o morir


La empresa, cualquier tipo de empresa, tiene que abordar el futuro bajo la premisa de que su campo de juego se encuentra no ya en la Sociedad de la Información, sino de la Sociedad de la Información en adelante. Y en esa nueva vanguardia aparece la Sociedad de la Innovación.

El desafío de los próximos años está en movilizarnos para pasar de esta Sociedad de la Información, en la que las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicaciones) y su desarrollo juegan un papel capital, a una nueva sociedad, la Sociedad de la Innovación, donde, contando con la tecnología y el conocimiento, hagamos del valor de la cooperación el desencadenante de la nueva revolución. Un reto más difícil, más apasionante, que nos enfrenta a nosotros mismos. Porque la tecnología y el conocimiento se pueden comprar, pero la cooperación no tiene precio.

En los últimos tiempos se han puesto más de manifiesto, si cabe, las nuevas condiciones en las que deben desenvolverse el liderazgo y la gestión empresarial. En el pasado, nuestros esfuerzos se encaminaban, en gran medida, a administrar las cosas, también las personas. La gestión se desarrollaba en un marco de recursos – económicos, financieros, humanos...- bastante tangibles. Las cosas se podían “tocar” y, en gran medida, prever.

Sin embargo, uno de los efectos más claros de la revolución de la Sociedad de la Información, de la mano de la globalización, ha sido la proyección de una cierta sensación de inabarcabilidad de todo aquello que afecta a nuestra gestión. Esto ha sido todavía más claro cuando hemos visto desaparecer grandes empresas multinacionales, cambiar las reglas del juego de un día para otro y moverse todos los “mapas” que afectaban a nuestro quehacer diario.

Ese desafío, de pasar de administrar cosas a gestionar el caos, sólo se puede superar de la mano de una cultura empresarial basada en la innovación permanente. La innovación es clave para el éxito empresarial, por su capacidad de transformación de la economía y la sociedad; constituye una garantía de competitividad frente a la incertidumbre; moviliza fuerzas y aspiraciones, genera cultura y crea un clima de ganadores.

Además, la innovación constituye una referencia obligada en cualquier aspecto de la vida de las personas y de las organizaciones, desde las más simples a las más complejas, porque está indisolublemente unida a todo proceso de cambio y evolución.

En un mundo en constante cambio, en el que el reto está en gobernar el caos, un caos que no es desorden, aparecen los valores como el orden que gobierna el caos. Los valores constituyen el punto de apoyo para traccionar cualquier proceso de innovación.

Basada en los valores, la innovación competitiva surge de la confluencia de tres elementos básicos: tecnología, conocimiento y cooperación. Los tres elementos se interrelacionan profundamente entre sí.

La tecnología aparece como uno de los factores claves del desarrollo económico, porque es un impulsor natural de la innovación. En especial, son las tecnologías de la información y las Comunicaciones (TIC) las que han jugado, y lo van a seguir haciendo, un papel transformador de la sociedad. Aunque los efectos más rupturistas se han podido ver en el pasado reciente, estamos ahora inmersos en esa profunda transformación, sin ruidos pero con una importancia creciente. Las TIC tienen, además, un profundo poder transformador, porque afectan a todos los procesos que configuran la actividad de las personas, de las empresas y de la sociedad en general.

El conocimiento es otro de los elementos tractores. El conocimiento se nutre de tres componentes básicos: la información –que es más que los datos-, la formación y la comunicación.

Por último, la cooperación constituye el otro motor de la innovación competitiva. Está en la base de toda evolución porque no existe sistema cerrado que pueda evolucionar y no degenerar. Nace desde lo más íntimo de la naturaleza humana y se proyecta a todo tipo de relaciones sociales y económicas. No existe evolución sin aceptar la existencia del otro, sin reconocer la riqueza de la diversidad y la necesidad de trabajar con los demás para progresar.

La innovación competitiva necesita, además, de un liderazgo fuerte y moderno. Liderazgo es riesgo, emprendimiento, fracaso y resurgimiento. Se construye también sobre los valores y debe generar confianza pero también debe generar convicción. Para eso es fundamental el liderazgo cooperativo. Un liderazgo que sólo se basa en la confianza en el líder, sin asomo de convicción, deviene en caudillaje. Un supuesto liderazgo que sólo se alimenta de convicción pura y dura sin asomo de confianza deviene en parálisis. Equilibrar confianza y convicción es la principal tarea del liderazgo innovador sostenible en el tiempo.

La empresa se enfrenta, así, ante el desafío de la innovación. Para afrontar el desafío debemos movilizar a los mejores y, sobre todo, necesitamos remar, remar en cooperación, porque el desafío de la innovación se gana centímetro a centímetro, juntando los centímetros de cada uno, en una tarea común.


Autor: José Luis Larrea
Fuente: Revista 50 aniversario de APD / Instituto Ibermática de Innovación
http://www.i3b.ibermatica.com/i3b/articulos/ajll_empresaantedilemainnovarmorir-revistaapd.pdf