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23 de junio de 2026

Simplemente trucos

“Me hubiera gustado mucho ser universitario. Mucha gente da por sentado que yo pasé por la universidad. Y no, para nada. 

Me hubiese gustado mucho haber tenido un carrera universitaria. 

Y también me hubiera gustado mucho ser un buen jugador de fútbol. Entonces la gente dice: ‘Bueno, pero no tiene nada que ver, una cosa con la otra’. 

Bueno si, me hubiera gustado entrar al mundo de la filosofía, de la literatura, al mundo… a ese mundo yo le entré por la parte, por la ventana, por la claraboya como un ladrón. 

Haciéndole reportajes a Borges, como un ratero. 

Pero también pude abrazarlo el día de la vuelta olímpica en Boca, a Maradona. 

La radio es mi profesión. Se ha mezclado con algunas vocaciones personales mías que son los libros, las lecturas. 

Yo soy y … realmente lo fui… he conservado un espíritu de muchacho curioso. A mí me gusta todo, me meto, pregunto. Creo que falta eso hoy día. Buscar, ser curioso. 

Pero, eso que fue una profesión para alimentar mi vocación, se convirtió con el tiempo, en una forma vocacional también de vida. 

La vocación es un llamado. En ese sentido, la lectura puede ser, las bibliotecas son para mí como un llamado. 

No me he hecho rico en mi carrera. Tampoco me interesó, pero he vivido de esto. 

Mi profesión me sirvió como para hacerle creer a la gente que bueno, que era un muchacho culto, locutor que citaba a Borges, esas cosas.

Pero son trucos, son simplemente trucos"

- Antonio Carrizo (1926-2016)

12 de julio de 2022

3 cosas que debemos aprender de nuestra niñez

"Los niños juegan como viven, y jugando aprenden a vivir" decía el poeta José Martí. Con el tiempo y la rutina se nos pierde esta asociación. Dejamos de lado el juego y nuestra capacidad de aprendizaje se ve dañada o limitada. Cada día nos atamos más a los juegos conocidos y nuestro entrenamiento se achica o se hace más inercial. 

Para abrir un poco el tablero, compartimos este artículo de Alejandro Lang. Alejandro es profesor de nuestra Diplomatura DIDIE, además de consultor, capacitador y emprendedor internacional, actualmente basado en Santa Rosa, Argentina.

 


 

3 cosas que debemos aprender de nuestra niñez (y que después debemos entrenar)


1- Se puede aprender jugando. ¿Qué nos pasa después del jardín de infantes/primaria que jugar es perder el tiempo? ¿Por qué pensamos que solamente se estudió/capacitó si hubo un ppt duro? El aprendizaje significativo nos llega primero por las emociones y después por el intelecto. Sin lugar a dudas que tenemos que jugar mucho más.

2- La vida es como un videojuego: ¿Cómo aprendíamos a jugar al “Mario Bros”? Probando, probando y probando. OBVIAMENTE NOS VAMOS A EQUIVOCAR Y FALLAR. Por eso, sin lugar a dudas que debemos utilizar metodologías que transiten el fracaso como procesos de aprendizaje. Nosotros en Hulk Negocios y CAPACITA CR lo hacemos mediante el Design Thinking.

3- Tener curiosidad. Preguntarnos ¿Y por qué? y otra vez ¿Y por qué? Entender a detalle y no repetir porque sí. Esas preguntas que como padres nos parecen incómodas, son las que debemos repetir y dejar incómodos a nuestros equipos de trabajo.

Y para cerrar, deberíamos romper las cadenas que nos agarran a viejos paradigmas. ¿Cómo hacemos para que un Elefante quede atado a un árbol? Lo atamos de bebé elefante, hacemos que lo intente, y nunca más lo volverá a intentar, sin saber que cuando es un elefante adulto con un simple movimiento podría derribar un árbol casi sin esfuerzo.
Por eso, inténtalo una y otra vez, sin vergüenza, como cuando éramos niños.

 

PD: esta foto me encanta, es con mis hijas entrenando jiujitsu.

 

Autor: Alejandro Lang (Alejandro es profesor de la Diplomatura DIDIE)
Fuente: LinkedIn de Alejandro Lang

29 de diciembre de 2016

El niño de los por qué

Sólo sé que no sé nada, la humildad socrática frente a la ilusión del conocimiento. ¿Cuánto de lo sabemos en realidad es una mera suposición no contrastada, una pátina superficial que esconde la ignorancia sobre el por qué y el cómo de las cosas? Con facilidad creemos y nos engañamos pensando que somos capaces de entender y de explicar cosas que nos son esquivas en su complejidad. Sobrestimamos el grado y la profundidad de nuestro conocimiento, lo cual nos lleva a crear burbujas y mitos basados en azares e información parcial. Tener familiaridad con ciertos hechos y objetos, haber tenido una experiencia exitosa, usar lenguaje pomposo, aparecen con frecuencia con sustitutos del conocimiento comprensivo, que integra diversas fuentes, que es cauteloso y experimental, y que conoce, al menos, sus límites. 

El libro "El gorila invisible", que parte del célebre experimento de la "ilusión de atención", también trabaja excelentemente sobre otros aspectos donde nuestra mente nos juega malas pasadas. Y siendo el conocimiento un aspecto clave de nuestro potencial, es importante saber cómo poder plantarle cara, luego de recibir algunos golpes, al espejismo de una ignorancia encubierta y la intuición confiada. A continuación un extracto del libro de Chabris y Simons.


La virtud de ser como un niño fastidioso

Le pedimos al lector que se tome un momento y trate de representarse en su mente la imagen de una bicicleta. Mejor aún, si tiene una hoja de papel, puede dibujarla. No se preocupe por realizar una gran obra de arte, simplemente tiene que centrarse en incluir las principales partes en el lugar correcto. Dibuje el armazón, el manubrio, las ruedas, los pedales, etc. En aras de la simplicidad, es mejor que sea una bicicleta de una sola velocidad. ¿La tiene? Si tuviera que calificar su conocimiento de cómo funciona una bicicleta en una escala de 1 a 7, donde 1 significa ningún conocimiento y 7 significa un conocimiento completo, ¿qué puntaje se pondría?

Si el lector es como la mayoría de las personas que participaron en un estudio de ingenio ideado por la psicológica británica Rebecca Lawson, tuvo la sensación de saber mucho de bicicletas (ellos, en promedio, calificar su nivel de conocimiento en 4,5). Ahora, mire su dibujo o recree su imagen mental y luego responda las siguientes preguntas. ¿Su bicicleta tiene cadena? De ser así, ¿la cadena está ubicada entre las dos ruedas? ¿El armazón conecta las ruedas delantera y trasera? ¿Los pedales están ligados con el interior de la cadena? Si dibujó una cadena que engancha las dos ruedas de la bicicleta, piense cómo hace para moverlas –la cadena tendría que alargarse cada vez que la rueda delantera rotara, pero las cadenas no son elásticas–. De manera similar, si un armazón rígido conectase ambas ruedas, la bicicleta sólo podría ir derecho. Algunas personas colocan los pedales fuera de la cadena. Errores como estos fueron muy comunes en el estudio de Lawson, y no son aspectos sutiles del funcionamiento de una bicicleta –los pedales provocan que gire la cadena, lo que hace que la rueda trasera rote; y la rueda delantera debe estar libre para girar pues, de lo contrario la bicicleta no podría cambiar de dirección–. Aunque las personas son capaces de entender cómo funcionan las bicicletas, confunden esta capacidad con su conocimiento internalizado de lo que es una bicicleta. 

Este experimento ilustra un aspecto fundamental de la ilusión de conocimiento. Sobre la base de nuestra amplia experiencia y familiaridad con las máquinas y herramientas comunes, solemos creer que tenemos una profunda comprensión de cómo funcionan. Invitamos al lector a que piensen en cada uno de los siguientes objetos y que luego juzgue el conocimiento que tiene de ellos en la misma escala (de 1 a 7): un indicador de velocidad de un automóvil, un cierre relámpago, la tecla de un piano, un inodoro, una cerradura cilíndrica, un helicóptero y una máquina de coser. Ahora, pruebe hacer otra tarea: escoja el objeto al que le dio mayor puntaje, el que cree que entiende mejor, y trate de explicar cómo funciona. Dé el tipo de explicación que le daría a un niño persistentemente inquisitivo –trate de generar una descripción detallada paso a paso de cómo y por qué funciona–. Es decir, intente dar cuenta de las conexiones causales entre cada paso (en el caso de la bicicleta, tendría que decir por qué el pedaleo hace que las ruedas giren, no sólo que pedalear las hace girar). Si no está seguro de cómo se conectan casualmente dos pasos, cuente eso como una falla en su conocimiento.

Este test es similar a una serie de experimentos que condujo Leon Rozenblit como parte de su investigación doctoral en la Universidad de Yale junto al profesor Frank Keil. A modo de primer estudio rápido, Rozenblit abordó a los estudiantes en los pasillos del edificio de Psicología y les preguntó si sabían por qué el cielo es azul o cómo funciona una cerradura cilíndrica. Si respondían que sí, comenzaba a jugar el juego que denomina “el chico de los porqués”, y que describe de la siguiente manera: “Te hago una pregunta, me das una respuesta y yo digo: ‘¿por qué es así?. Con el espíritu de un niño curioso de cinco años, tras cada explicación formulo otro ‘¿por qué es así?’, hasta que la otra persona termina por fastidiarse”. El resultado inesperado de este experimento informal fue que las personas se daban por vencidas muy rápido –respondían una o dos preguntas antes de llegar a una falla en su conocimiento–. Más sorprendentes era sus reacciones cuando descubrían que de hecho no sabían algo. “Claramente, esto iba contra su intuición. Se sorprendían, se consternaban y se avergonzaban un poco.” Después de todo, acababan de decir que sabían la respuesta. 

Rozenblit estudió esta ilusión de conocimiento con más de una docena de experimentos durante los años siguientes, en los que testeó a personas de todas las profesiones y condiciones sociales (desde estudiantes de grado de Yale hasta miembros de la comunidad de New Haven), y los resultados fueron notablemente consistentes. No importa a quien se interrogue, siempre se llega a un punto en el que ya no puede responder a algún por qué. Para la mayoría de nosotros, nuestro nivel de comprensión es tan superficial que podemos agotarlo luego de la primera pregunta. Sabemos que hay una respuesta, y sentimos que la sabemos, pero parece que no nos damos cuenta de las falencias de nuestro propio conocimiento. 

Antes de intentar realizar esta tarea, el lector pensaba, en forma intuitiva, que entendía cómo funciona un inodoro, pero lo que realmente entendía era cómo hacerlo funcionar –y es probable que supiera desobstruirlo–. Quizás entienda cómo interactúan sus diversas partes visibles y cómo se mueven en conjunto. Y, si ha estado mirando dentro de uno y jugando un poco con el mecanismo, su impresión de conocerlo es ilusoria: confunde saber qué ocurre con por qué sucede, y confunde sentimiento de familiaridad con un conocimiento genuino. 

Tal vez el aspecto más sorprendente de esta ilusión sea con qué poca frecuencia nos molestamos en hacer algo para determinar los límites de nuestro conocimiento, sobre todo teniendo en cuenta lo fácil que es hacerlo. Antes de decirle a Leon que sabemos por qué el cielo es azul, todo lo que tenemos que hacer es simular el juego del “chico de los porqués” con nosotros mismos y establecer si en efecto lo sabemos. Todo caemos presos de la ilusión porque simplemente no reconocemos la necesidad de cuestionar nuestro propio conocimiento. Según Rozenblit: “En nuestra vida cotidiana, ¿nos detenemos a preguntarnos: ‘Sé de dónde viene la lluvia?’. Probablemente que no, sin una provocación para que lo hagamos, y eso sólo ocurre en contextos sociales y cognitivos puntuales: cuando un niño de cinco años nos lo pregunta, cuando discutimos con alguien al respecto, cuando intentamos escribir sobre ello, cuando tratamos de dar una clase sobre ese tema.”

E incluso cuando verificamos nuestro conocimiento, muchas vece nos confundimos. Nos centramos en esos retazos de información que poseemos o que podemos obtener de forma sencilla, pero ignoramos todos los elementos que nos faltan, lo que nos deja la impresión de que comprendemos todo acerca de ese tema. La ilusión es notablemente persistente. Aún luego de terminar el experimento de Rozenblit, algunos siguen sin verificar de manera espontánea su propio conocimiento antes de proclamar que les habría ido mejor con otros objetos: “Si me hubiese preguntado sobre la cerradura, podría haberlo hecho”.


Autores: Christopher Chabris y Daniel Simons
Fuente: El gorila invisible. 2014. Siglo Veintiuno Editores.

28 de julio de 2016

Fanáticos disciplinados de la curiosidad

Unir la curiosidad y la disciplina, hacer de cada día un gran día. Van estas recomendaciones, algunas vez propuestas por nuestro colega Rafael Barbero, como impulso de aprendizaje vital.
Convocamos a desarrollarnos como súper observadores, integrales y diversos, para comprender el entorno, encontrar pistas de cambio, recolectar nuevos maestros y probar la realidad. 
A continuación un extracto de uno de los pequeños grandes libros de Tom Peters. 




CONVIERTA SUS EXPERIENCIAS DIARIAS EN "TAREAS SENSACIONALES"

(O "D.S.A.E.S.": Dedicarse Seriamente a Estupideces Sensacionales). Todo empieza por mantener las antenas permanentemente paradas; por ejemplo: ¿qué le resulta irritante, curioso, emocionante? Abra un "Cuaderno de Observaciones", ya sea en papel o digital. Anote en él todas las cosas que se le cruzan que sean: 1) horribles (por más "insignificantes/cotidianas" que fueran, como ser, un diseño incómodo para usar, procesos o instrucciones estúpidas o irritantes); o 2) cosas sensacionales que pasan en la "vida real" (en un restaurante, en una cancha, en el consultorio de su dentista) y que ofrecen una lección positiva para su proyecto.

GRAN IDEA: CONVIÉRTASE EN UN "OBSERVADOR FANÁTICO"... DE LO BUENO, LO MUY BUENO, LO IMPRESIONANTE, LO FEO Y LO ESPANTOSO.

El quid de la cuestión
Winston Churchill dijo que la sed de conocimiento era lo más importante para lograr una educación. El gurú del liderazgo Warren Bennis dice que quiere que se lo recuerde como "curioso hasta el final". David Ogilvy afirmó que los principales creativos publicitarios se caracterizan por una curiosidad insaciable hacia todo "cuanto exista bajo el sol".
¡Lo mismo vale para los grandes reformuladores de proyectos!
La buena noticia: La curiosidad es algo para lo que uno puede entrenarse o que puede (más o menos) aprenderse. Mi esposa es uno de los muchos "fanáticos de las anotaciones" que conozco. Ccuando está de viaje buscando nuevos productos para su negocio de amoblamientos para el hogar, es capaz de llenar hasta 40 páginas de un cuaderno (copió esa costumbre de su adorado abuelo). En esas páginas se encuentran notas... y bocetos... y artículos y avisos publicitarios de diarios y revistas, recortados y pegados. De modo similar, mi amigo y gurú empresarial Karl Weick lleva siempre en el bolsillo interno de su saco sport un paquete de tarjetas de 8x12 cm: nunca vi que pasaran más de 20 minutos sin que anotara algún tipo de observación o dato. Otro amigo mío hace sus anotaciones en cajitas de fósforos, servilletas de papel y cosas por el estilo, y las guarda en su bolsillo izquierdo (¡siempre en el izquierdo!). Dice que cada tantos días hace una limpieza de ese bolsillo... e ingresa sus notas, ya un poco más elaboradas en un documento de su computadora.
Todo esto se reduce a convertirse en estudiante crónico / curioso a perpetuidad / inquietud fanática aplicada. Es decir, cultivar la convicción de que la vida es... UN INMENSO E INTERMINABLE APRENDIZAJE. Algo misterioso se produce con ese aprendizaje en una mente curiosa y totalmente comprometida y, la mayoría de las veces, incluso se produce de modo inconsciente: se generan pequeños chispazos, se establecen interrelaciones, se desencadenan nuevas percepciones y se accede a una comprensión diferente. ¿Resultado? La potenciación geométrica de su capacidad para actualizar/reinventar/UAUUizar el proyecto que tiene entre manos.
(...)

"Todos los pensadores creativos, desde grandes inventores como Thomas Edison, Benjamin Franklin y Leonardo da Vinci, hasta la novelista Virginia Woolf, el psicólogo Carl Jung y el naturalista Charles Darwin, han usado diarios y cuadernos de apuntes para registrar sus ideas y sus golpes de inspiración. Todos ellos comprendieron que una nueva idea surge, a menudo, de la combinación de distintas y dispares piezas de información, conceptos u otros elementos, durante un período de tiempo más o menos prolongado. La única forma eficaz de rastrear sus ideas a lo largo del tiempo y sintetizarlas es documentándolas en cuanto aparecen en la mente (...)
Una de las formas más fáciles y efectivas de registrar sus ideas es llevar un "diario de ideas". Teniendo ese diario siempre a mano −sobre su mesa de trabajo, en su maletín o cartera, sobre la mesada de la cocina, sobre la mesa de luz− podrá anotar las ideas que se cruzan por su mente durante todo el día o incluso de noche (...)
Sea cual fuere su forma de llevar ese diario, la manera más segura de matar su impulso de usarlo es imponerse una serie de normas y reglas carentes de sentido. Por ejemplo, no sienta que su diario carece de valor si no anota algo todos los días o si no formula sus ideas en frases completas y gramaticalmente correctas. Eso es una tontería (...)
Utilice el método que mejor funcione para usted. Uno de los mejores que he conocido lo desarrolló un gerente de Boeing, que quería ir anotando las ideas que le surgían mientras viajaba. Llevaba consigo tarjetas postales, ya franqueadas con su propia dirección, en las cuales anotaba las ideas a medida que le iban surgiendo. Después enviaba esas postales a casa. También conozco gente que llama a su correo de voz y se deja mensajes. Un pequeño grabador, en el que pueda registrar una o dos frases, es práctico y económico. No hay límites en cuanto a formas ingeniosas (y creativas) de registrar y documentas sus ideas" - Jordan Ayan: "Aha!"
COMENTARIO DE TOM: Esto es fuerte... ¡e importante! Deje esta lectura. Ya mismo. (¡Pero, por favor, después reanúdela!) Vaya y cómprese una agenda o un cuaderno −o empiece ya mismo, usando cualquier trozo de papel que tenga a mano− y anote su primera observación. Podría ser uno de los pasos más importantes de toda su carrera (...)

Cosas Para Hacer
1. Compre un simple cuaderno de espiral. HOY MISMO. En la tapa póngale una etiqueta que diga "Sensacional". En la contratapa póngale una etiqueta que diga "Horrible".
COMIENCE CON SUS ANOTACIONES.
HOY MISMO.
2. Recorra el centro de compras o shopping más cercano... HOY MISMO... durante una hora. Anote 10 cosas "sensacionales" y 10 cosas "horribles" que vaya observando: servicio excelente (y pésimo), señalización, mercadería, comidas, baños, decoración, música, lo que fuera.
3. Registre esas observaciones en su computadora. Elija 4 de ellas e intégrelas al proyecto que tenga en marca en este momento.
4. Trabaje en esto con un amigo o colega. Organice un EQUIPO DE FANÁTICOS DE LA OBSERVACIÓN. Comparta sus "bancos de datos"... y traslade sus ideas y observaciones a su/s proyecto/s.


Fuente: Peters, Tom:  El Proyecto 50. Reinventando el management. 2000. Atlántida.