12 de octubre de 2012

Pastas con Magia… “al fondo”. Un juego de paradojas.

Don Chiquino combina de forma gourmet los siguientes ingredientes: Originalidad, Experiencia y muy buenas Pastas. 

El visitar Esquel es en sí mismo una paradoja, sus contradicciones la hacen verdadera, su tranquilidad es provocativa. Es un acto de magia, aunque no quiero ni me atrevo descifrar cuál es el truco para lograrlo.

–Señor, señor, ¿dónde podemos ir a comer la mejor pasta?

La respuesta no se hizo esperar:

–A lo de Chiquino, por Ameghino saliendo hacia la ruta. 

Y fuimos hacia allí… pero… no lo encontramos y volvimos a preguntar a otras personas del lugar.

–Ahí a mitad de cuadra. ¡Al fondo! –nos contestaron. 


Llegamos a una rampla como si fuera la entrada de un garaje, donde en una de las paredes laterales se lee “Don Chiquino. Pastas con magia. Pase al fondo”. Entramos y luego de atravesar el patio, que ya dejaba entrever un lugar para hacerse preguntas, llegamos… ¡al fondo!. Allí nos recibió una escultura de un “Piel roja” [sí, leyeron bien] tallado en madera al lado de un pupitre viejo reacondicionado de una escuela provincial. Al abrir la puerta del salón, vimos listones de madera donde la gente pincha papeles, servilletas y otro enseres con frases sobre como lo han pasado, y ya no queda lugar, por lo que los mensajes se superponen y confunden de autor. 

Este restaurante es para aguzar los sentidos, pues el decorado sale de lo esperado. Lo primero que me llamó la atención fue un mapa, dibujado milimétricamente indicando cada relieve, accidente y paraje, donde las rutas están súper indicadas como así también su incipiente división política, pero no es de Chubut como ameritaría el lugar… ¡es de Australia!. 


También noté un arado mancera, que se contrapone a una lámpara a kerosene y una bigornia cerca de un apero criollo, mezcladas con fotos de Mar del Plata y trampas para zorros con cercos hechos no hace mucho tiempo, también techos a medio terminar, vasos y bozales, sifones y cueros de Ñandú; se hacía imposible retener la innumerable diversidad de elementos. 


Paradojas y Popurrí 

Uno trata de sacar una radiografía, de tejer historias de cada uno de eso elementos, saber el por qué del lugar que ocupa cada uno, o tratar de encontrar explicaciones de aquello que nuestros ojos observan y no pueden razonar. 




Esta decoración tiene una tilde casuística, nacida en el galpón de Chiquino, el abuelo de Tito, hace muchos años, una fuente inagotable de piezas, llaves, maderas y destornilladores que era un mundo en sí mismo, una gran juguetería con herramientas para que jueguen los adultos. 

Nos recibió el dueño, Tito, y nos señaló el lugar donde podíamos sentarnos y nos preguntó si estábamos bien. Luego de nuestro consentimiento desapareció yéndose hacia el otro salón. 

En ese otro salón, extensión del gran éxito de este negocio, tiene un pequeño mostrador que no se usa y una escalera que no conduce a ningún lado. Las mesas están bien separadas: 

–Es importante no escuchar la conversación de los demás mientras uno comparte un delicioso plato de pastas. Tengo 21 mesas y las ocupan tres personas en promedio... Este es mi mercado. –nos diría Tito después. 

La carta es muy simple, la comida también. En una página están todas las pastas. ¿Por qué Pastas?: –Por mi limitación –cuenta Tito–, sólo sé hacer pastas. –(Explicación simple pero concreta y lógica)–. Cuando era joven siempre me pedían que hiciera Sorrentinos, y de tanto hacerlos me hice especialista entre mi entorno de amigos. Mi hijo me dice que agreguemos más productos, –me contará al otro día–, pero… me costó mucho armar el concepto “Don Chiquino. Pastas con Magia”, es marca registrada, creo que intenta ser un concepto. 

En la otra página están las salsas, los vinos y los postres. ¡Simple! Y se terminan las hojas del menú, para qué más si el espectáculo aparecerá después, ni bien la cerremos y nos dispongamos a hacer el pedido. 

No había terminado de hacer el comentario cuando Tito me dejó 6 maderos y un comentario imperativo: –Tenés que armar un barrilito con todo esto –y dando vuelta la cara le encarga una adivinanza a mi mujer–: ¿qué fruta se mira el espejo y no se reconoce?1 –y se va. Al rato regresa, nos interrumpe y nos dice: –¿Vos sabes que mi abuelo Chiquino nos reunía alrededor de la mesa y nos decía que en la cocina uno debía saber cuando utilizar la magia y cuando no? –y seguidamente mete un puñado de sal en su puño cerrado, que luego de abrirlo desaparece, pero hace aparecer la sal en la otra mano y la tira vaya a saber adonde. 

Mientras seguía enfrascado en armar el barrilito, Tito me entregó un típico juego de alambres donde hay que separar las piezas, entonces abandoné el barrilito y me puse manos a la obra, pero muy pronto me olvidé del tiempo, de la carta, y de estar levantándome para observar alguna que otra artesanía. Al rato mi mente volvió a quedar orientada sólo a armar el famoso barrilito con los seis pedazos de madera, y mi mujer empezó a reír porque descubrió, al fin, el nombre de la fruta. Los dos perdimos el hilo del tiempo y la espera se transformó en deleite. Seguramente se preguntará ¿y el pedido? A quién le importaba a esta altura del juego el pedido, si ese maldito barrilito no aparecía por ningún lado, si estaba sumergido en la experiencia de poder resolver algo que mágicamente se había transformado en lo más trascendental en ese momento, como si un pase de la varita hubiera transformado lo importante en secundario y viceversa. 




–Permiso, te dejo el plato y estos clavos, trata de separarlos, mirá que te voy ganando tres a cero. 

Me entregó el plato de tallarines caseros al que desplacé para observar el nuevo intríngulis que me había traído, absorto hasta que mi pareja me dijo: –se te va a enfriar la comida, luego continuas. Recién ahí tomé contacto con el plato, que se transformó en una experiencia gourmet por el sabor, el aroma y la presentación de los ingredientes. Les cuento: parece ser que el clima de Esquel es muy seco y por eso las pastas adquieren una consistencia que las hace únicas, realmente espectacular. 

La magia y el entretenimiento aparecen en “Don Chiquino” en su primer local de Esquel, como necesidad, cuenta Tito: –Era un agujerito que no sabía cómo taparlo, los nenes mientras esperan la comida crean un estado de caos en la mesa, por momentos es molesto comer con los pibes. Un día me acerqué a una mesa con dos corchos y dos fosforitos, ¡muy limitado, muy limitado! –expresa como arrepintiéndose de lo que hizo, y reflexiona sobre su impronta creativa y exitosa. 

“No sólo te admiro sino que te envidio, porque sin ser mago trabajas todos los días de mago”, le dijo alguna vez el gran maestro René Lavand, uno de los tantos ilustres que pasaron por el restaurante. –Le hice un truco de cartas, que me enseñó mi abuelo, con las dos manos, y Lavand me respondió, con un sesgo de tristeza, “ese truco no lo puedo hacer porque necesito las manos”. Se llama “Pastas con Magia” por él. 



Este negocio es diferente porque se vive la experiencia de la magia y el entretenimiento, es como disfrutar de un espectáculo, y además uno se come unas buenas pastas. La experiencia es el esparcimiento, la diversión, el desafío de separar dos pedazos de alambre o la sorpresa de ver aparecer el As de Pique en el bolsillo del tapado de tu pareja, es esto y mucho más, incoherencia en la decoración, una sinrazón de la ubicación, y un popurrí en lo que se vive. 

Este es un negocio que nace en la cabeza de Tito, estoy convencido que no fue taxativamente de esta manera, pero está bueno creer que hubo un sueño, un viejo sueño de poner un restaurante en el sur, que empezó a hacerse realidad en agosto del 89 cuando llegó a Esquel con el dinero justo para alquilar un local. Empezó haciendo Sorrentinos porque cuando trabajaba en Mardel un amigo le regaló el primer molde para hacer Sorrentinos. Le faltaba todo lo demás, hasta la máquina para hacerlos, y con dinero prestado la compró de una fábrica de pastas que se cerraba y surgió el primer local: “Sorrentería Don Chiquino”. 


Tito es un loco, pero un loco distinto, un loco protagonista: –Si no nos acompaña un poco de locura, ¡uno es playito!2 –dice. En los negocios hace falta una dosis de locura creativa para poder hacer. “La mediocridad para algunos es normal, la locura es poder ver más allá” cantaba Sui Generis inspirados en José Ingenieros.

Don Chiquino no hace publicidad, entonces ¿Por qué viene la gente, por qué te recomienda?

–Este negocio nace porque mi papa era viajante, vendía en los pueblos, un tipo muy trabajador. Yo lo acompañe una vez a vender a un pueblo, cuando llegamos me dijo “antes de empezar vamos a reservar la comida”. Era una casa de familia, cuando llegó a la hora del almuerzo entramos y encontramos otros viajantes y una señora gorda que oficiaba de cocinera y anfitriona nos sirvió un plato espectacular, pero lo que más me gustó, fue su preocupación porque todos ahí tuviéramos lo que queríamos: ¿está bien de salsa?… ¿querés que te lo caliente?... ¿un poquito más de pollo?. ¿Qué papel cumplía Rosa? Era la esposa, la madre, la abuela; cuando un turista sale de su casa está solo y depende de las organizaciones para sobrevivir entonces “Don Chiquino” viene a reemplazar la comodidad de su casa



¿Qué le damos? –me dice que se trata de una experiencia–. Atención personalizada como si lo conociéramos de siempre, le cuento un cuento, le doy una bienvenida agradable, en definitiva lo acompaño, le doy entrada para que me cuenten su historia. Si yo lo paso bien él también lo pasa bien. Yo me cargo de energía con lo que hago. Luego de un rato logro que las mesas empiecen a comunicarse entre ellos y los clientes hablan entre sí, en ese momento dejo de ser un restaurante para convertirme en un pedacito de su casa.







Un escrito que está por ahí, dejado por un comensal, dice “Don Chiquino es un lugar donde los grandes juegan como chicos y lo chicos piensan como grandes” 


Don Chiquino: Ameghino 1641, Esquel - Facebook



1Haciendo un comentario puede intentar responder la adivinanza o preguntar la respuesta. 

2Sin profundidad, sin contenido.


Fernando Cerutti



11 comentarios:

Anónimo dijo...

Seguramente no debe ser muy común que un abogado sea comentarista en un blog de Management Estratégico y mucho menos que sea autor del primer comentario de una nota ... pero buehhh ... Estoy llamado a romper paradigmas.
Lo primero que quiero destacar es que la forma en que se redactó la crónica me ha generado la sensación de haber asistido personalmente a ese lugar, pero a poco de avanzar en el intento de recordar ese momento, advertí que nunca estuve en Esquel por lo que pierde sentido seguir hurgando en la memoria tratando de rescatar reminiscencias de mi presencia en "Pastas con Magia".
De “Tito” solo puedo decir que me parece un verdadero fenómeno; muy “querible”, pero poco previsor. Ha generado su negocio a partir del carisma, pero sostiene toda su estructura en su habilidad y personalidad; lo que resulta destacable pero peligroso. Todo lo construido se puede desplomar en un abrir y cerrar de ojos.-
Por otra parte, no me parece bien que sea necesario preguntar al menos dos veces para encontrar el lugar. Habrá gente que no tenga tantas ganas de disfrutar de un almuerzo en “Pastas con Magia” y que potencialmente puede ser “el mejor cliente”.-
También me parece que el grueso de visitantes de la ciudad de Esquel no debe estar representado por viajantes, por lo que su técnica de hacer sentir al cliente como en su casa puede ser MUY IMPORTANTE, pero no suficiente porque difícilmente el turista de hoy vuelva a utilizar el restaurante mañana.
Hacer sentir al cliente como en su casa, seguramente le garantiza (o aumenta la probabilidad) que lo vuelva a elegir. Este valor que es importante cuando el receptor es un viajante – porque volverá periódicamente a cumplir con sus obligaciones y después elegirá ir a comer “a su casa” – no lo será tanto cuando esté dirigido al turista que difícilmente concurra dos veces al mismo restaurante durante su estadía en la ciudad, máxime si lo único que puede comer es pastas.-
Advierto que con algo de ingenio y a muy bajo costo, “Tito” podría mejorar aún más la concurrencia de público a su local. Por ejemplo:
1) podría colocar algún cartel indicador en la esquina “… donde hay que doblar media cuadra…”;
2) agregando el sintagma “… Y ALGO MÁS” al simpático nombre del restaurante podría ampliar el menú;
3) a lo mejor alguna publicidad gráfica junto a la Secretaría de Turismo del lugar no le vendría nada mal; entre tantas otras opciones
Bueno, los voy dejando porque vuelvo a caer en que es un poco raro que un abogado esté escribiendo sobre como debe manejarse un negocio.-

Anónimo dijo...

Me olvidé de firmar el comentario anterior. Soy
Hernán Beber

Fernando Cerutti dijo...

Hola Hernán,
Gracias por tan dedicado comentario, tomándote el tiempo para explayarte sobre lo que te generó la historia y haciendo un buen análisis.
Como abogado estás capacitado para meterte en estos temas. Muchas veces los que vienen de económicas están un poco contaminados de su propio paradigma y se necesita ser alguien externo para poder romper. Así que no te achiques que, aunque quede por aprender, sin coraje el conocimiento es sólo información.
En el mandarse, el ser original y apasionado, como Tito y como vos, hay oportunidades de valor.
Puede haber algunos puntos discutibles en la estrategia de Tito, pero hay una intención y un descubrimiento mezclados. Que la experiencia sea positiva y enriquecedora siempre suma y queda encendida en la memoria para volver o para recomendar (o para escribir un artículo como este)
Un abrazo,

Fernando

Mirta dijo...

Me gustó la historia, porque se nota real. Con ideas, problemas, aciertos, tropiezos, idas y vueltas. Y al ser un restaurant se puede jugar a ver qué ingredientes son necesarios para un buen negocio. El otro día leí a Mariano en Twitter (@mmorresig) que dijo "el servicio trae el plato, el marketing trae el cliente, la estrategia trae el negocio". Creo que combina bastante precisamente con este relato y con este personaje que ya dan ganas de conocer.

fratella dijo...

Fernando,
implementando en este blog lo que nos enseñás en clase, eh?
Creatividad, pasión y descubrir oportunidades..
Te felicito!
Alberto Mariano Dorfman Ben-Hur

fabian de tommaso dijo...

etsHola Fernando.
Gracias! lograste trasladarme contigo y te diria que hasta pude disfrutar del aroma de las pastas.

Dejo por el camino todo el analisis de la “ arquitectura estrategica academica “ y resalto tu relato fruto del equilibrio profesional entre experiencia y protagonismo. Evidentemente Don Chiquino es una invitacion a la reflexion y encuentro con uno mismo, simplemente un instante para volar, que mejor que esos papelitos y servilletas para decir “yo fui parte de esta historia” frente a un clasico libro de visitas? “Pastas con Magia” es mas un susurro mistico al oido para un amigo que un slogan que busca promocionarse.
Tuve la posibilidad de visitar Esquel, lamentablemente solo focalizado en cerrar operaciones comerciales pero en virtud a tu relato compartido, la proxima vez serà una cita prioritaria en mi agenda la visita a Don Chiquino y un encuentro con el arte – sano Tito.

Excelente tu nota, transmite un llamado a la reconsideración de valores, a otra mirada frente a los espejos sociales, lo que Stephen Covey menciona como apalancamiento efectivo, consistente, regular y equilibrada manera de afilar la sierra.

Solo me quedan dos inquitudes:

Que habia de postre?

Y la mas intrigante: el nombre de la fruta …..????


Un fuerte abrazo para Uds.
Fabian De Tommaso
Ex Alumno 2010
UB - Postgrado Management Estrategico

Fernando Cerutti dijo...

Alberto,
Gracias por el comentario. El ejemplo puede ser más inspirador que el discurso, así que vamos por ahí!
Abrazo,

Fernando

Fernando Cerutti dijo...

Fabián,
Qué gusto leerte por acá y con tal comentario, porque pude cumplir mi cometido.
Me gustó mucho el complemento que hiciste con Covey, los valores se exponen en la práctica de afilar la "pastalinda" ;)
Te recomiendo que pases por Don Chiquino para esta experiencia. En esta temporada te encontrarás con el hijo de Tito.
Para el postre había ricas copas con combinaciones de helados, chocolates, frutas secas y frutos del bosque.
Con respecto a la adivinanza sobre la fruta, te ayudaría diciendo que se hace una pregunta shakesperiana...
Abrazo,

Fernando

Alberto dijo...

Hola,
Excelente presentacion y descripcion del lugar, cuando lo visite me sentire como en casa.
Mi nombre es Alberto y me gustaria contactar con el dueño del sitio por email. El mio es alberto@cambio-divisas.net

Muchas gracias

Mirna dijo...

Me encanta ir a diversos restaurantes y bares a probar los platos especiales del lugar. En general opto por ir a comer sushi en palermo con mi familia que nos encanta

management estrategico dijo...

Alberto, recién veo que estas pidiendo un e-mail para contactarte con el dueño del sitio, como no me quedó claro si te querés comunicar con Tito o conmigo, te paso mi e-mail y cuando me escribas te paso el e-mail de Tito:
frcerutti@gmail.com
Te mando un abrazo