14 de abril de 2026

Practicar la estrategia en todo nivel antes de todo

La estrategia suele considerarse algo de alto nivel y a largo plazo: definir la visión, las aspiraciones y cómo transformaremos el mercado. Pero el verdadero pensamiento estratégico se da en múltiples niveles, incluido el de las funcionalidades o el más cotidianamente operativo. No se trata sólo de definir hacia dónde se dirige la empresa; se trata de asegurar que cada paso que se da sea intencional.

Practicar la estrategia a estos niveles más básicos implica comprender a fondo el "porqué" de todo lo que se hace. Cuando se le pida que entregue una solución específica, no se lance a la ejecución de inmediato. Primero, conecte los puntos. ¿Cuál es el objetivo real? ¿Es esta solución la mejor manera de lograrlo? ¿Qué alternativas consideró? ¿Cómo sabrá si realmente ha cumplido el objetivo?

Esto no es trabajo extra, es el trabajo. Se trata de organizar su pensamiento para que, al empezar a desarrollar o actuar, sepa exactamente lo que está haciendo. Y, lo que es más importante, el resto del equipo también lo sepa. Si todos comprenden el objetivo y el razonamiento detrás de una función, podrán tomar mejores decisiones sobre la marcha sin tener que revisar constantemente la dirección, o peor aún, sin revisarla y tomando un camino equivocado.

Tomemos como ejemplo el análisis competitivo. Es una de esas tareas estratégicas para las que nunca se tiene tiempo. Pero si comprender a la competencia es relevante para una función en la que está trabajando, investíguela como parte del desarrollo de esa función. Hágalo suficientes veces y, con el tiempo, desarrollará una sólida inteligencia competitiva sin tener que "buscar tiempo" para ello por separado.


Practicar la estrategia en todo lo que hace requiere compromiso. Debe comprometerse con usted mismo a que, antes de crear cualquier cosa, se asegurará de comprender exactamente qué está haciendo y por qué. Este cambio de mentalidad es el primer paso, y el más difícil. Tendrás que luchar contra su instinto de pasar directamente a lo que se percibe como acción: cumplir requisitos, planificar sprints, etc. 

Con el tiempo, su compromiso se convertirá en un hábito. Llegará un momento en que ni siquiera lo pensará; simplemente empezará de forma natural por aclarar objetivos, cuestionar suposiciones y definir un camino claro a seguir. Como equipo, pueden formalizar esto creando un conjunto de preguntas estratégicas que deben responderse antes de pasar al desarrollo o la acción. En el momento en que esto se convierta en un sistema, todo empezará a funcionar con mayor fluidez.

Pero cuidado, porque, en algún momento, la estrategia se convierte en una adicción. Una vez que haya experimentado el poder del pensamiento estratégico claro, no podrá trabajar sin él. La idea de avanzar sin una estrategia le parecerá tan imprudente como conducir con los ojos vendados. Lo que antes parecía un paso innecesario, ahora parecerá algo innegociable.

Su función no es sólo ejecutar, sino pensar. Es tomar las ideas vagas que circulan y convertirlas en algo concreto. Traducir objetivos vagos en caminos claros y viables hacia el éxito. Asegurarse de que, antes de crear, vender o lanzar algo, exista una comprensión clara de cómo se ve el éxito, cómo alcanzarlo y por qué es la mejor ruta a seguir.

Al principio, esto puede parecer un trabajo extra. Pero con el tiempo, la gente empezará a confiar en usted para que les dé claridad. Esperarán que haga las preguntas correctas, que conecte los puntos que ni siquiera sabían que necesitaban conectar. Y, con el tiempo, no sólo actuará a nivel funcional, sino que influirá en la estrategia general. La estrategia no es algo para lo que encuentre tiempo, porque no lo hay. La estrategia es algo que incorpora a todo lo que hace. Empiece a practicarla todos los días y pronto no podrá trabajar de otra manera.


Autora: Noa Ganot
Traducción, adaptación y edición: Mariano Morresi

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