23 de marzo de 2017

Innovar más allá de las palabras

Tenemos el placer de compartir otra nota, de un colega que está aportando mucho valor con sus reflexiones de gestión. Se trata de Federico Dappiano, egresado del DBA, y a quien recomendamos seguir en su blog de LinkedIn.



Rompiendo reglas para innovar

Viví en la soledad del campo y me di cuenta de que la monotonía de la vida tranquila estimula la mente creativa”. 
Albert Einstein. Del discurso “Science and Civilization” en el Royal Albert Hall, Londres 3 de octubre de 1934.


Innovar, innovar, innovar. Parece un mantra repetido hasta el infinito por estos tiempos. El mundo clama por innovación y nosotros afinamos nuestras cuerdas vocales para entonar a la par. Las organizaciones se reestructuran, creando ambientes “creativos”. Compramos puffs blancos y pintamos las paredes de colores chillones, creamos espacios abiertos para motivar la interacción entre el personal. Renombramos el sector de “I+D” (Investigación y Desarrollo), si es que alguna vez lo tuvimos por IDI (Investigación, Desarrollo e Innovación). Pero, ¿todo esto realmente alcanza? ¿O estamos todos asistiendo a un parvulario, cual antesala, de algo que recién comienza y no como un fin en sí mismo?

Hace un tiempo tuve una reunión con un director de operaciones de una organización que hace desarrollos de software mayoritariamente para el gobierno argentino. Como organización netamente tecnológica tiene un vínculo estrecho con las nuevas tecnologías y la innovación que muchas de ellas imperan. Por otro lado se maneja en un sector un tanto burocrático, amante -casi carnal- del “status quo”. La burocracia, aún con buenas intenciones, parece muchas veces atentar sobre lo disruptivo, lo innovador. Quizás es un poco como se suele pensar que la tecnología, el último lugar que le toca reinventar es en la actividad política.

Federico Dappiano
Tal vez, por más curioso que suene, lo más innovador que podemos hacer es preguntar ¿por qué?. ¿Por qué hacemos lo que hacemos y en la manera en que lo hacemos?, ¿responde esto a modelos anticuados e ineficaces?, ¿es para saciar viejas necesidades impuestas? Tenemos que tomar menos cosas como verdades irrefutables y dudar siempre de todo, hasta de los imposibles.

Las metodologías, normas, buenas prácticas, etc., tenemos que pensar que ellas nos brindan un marco de trabajo pero no una meta a la que alcanzar. Nos brindan un lenguaje común para que quienes nos movemos en determinado medio, podamos dialogar y crecer por las interacciones.


Siempre supe que las palabras de otros me ayudan a pensar. Las citas (y también las citas equivocadas), las digresiones, los callejones aparentemente sin salida, las exploraciones, las vacilaciones, los retrocesos y los saltos hacia adelante, todas las cosas que me parecen instrumentos perfectamente válidos para una indagación.” 
Alberto Manguel, en "Una historia Natural de la Curiosidad


¿Qué es más importante la cultura de una organización o su estrategia?. Como resume en su excelente libro Eduardo Braun, la mejor estrategia es la cultura. Eduardo nos recuerda con un ejemplo a un CEO que al llegar a una organización vio cómo el inmaculado manual de “Normas y procedimientos” lo único que hacía era juntar polvo y que nadie realmente le prestaba real atención ya que era muy difícil de seguirlo. Tomó la decisión de eliminarlo y reemplazarlo por unas pocas directrices que reflejan el espíritu de la cultura de la compañía. Esta acción permitió dar una base común para todos para conseguir los objetivos necesarios a los puestos más que seguir estructuradas reglas. Indirectamente, estaba permitiendo una innovación en la forma en que los empleados trabajaban ya que podían encontrar formas más eficientes de realizar su trabajo siempre y cuando no se alejen de las directrices de alto nivel que debían de seguir.

Particularmente pienso que si tenemos un puesto de toma de decisiones y aun así nos vemos abocados completamente a decisiones de tipo operativas, no vamos a poder dar una impronta de liderazgo creativo sobre el contexto que nos rodea sino más bien estaremos llenando nuestros tiempo nada más que de tareas repetitivas -y muchas veces- aburridas. Muchas veces bastará con preguntar a las personas correctas dentro de la organización “¿que se te ocurre que podemos hacer para mejorar?”.


Autor: Federico Dappiano

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