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16 de diciembre de 2025

El irresistible encanto de la inocencia

Las ventas se cayeron por culpa del área comercial”, “Marketing no planificó una buena campaña publicitaria”, “RH toma personal tarde e ineficiente”.

Estas son frases que suelen a menudo escucharse de boca de los ejecutivos en las reuniones de dirección.

Todas tienen en común un mismo diagnóstico. “Yo no he causado este problema. La responsabilidad es de X” (y puede reemplazar X con cualquier variable que usted no controle).
Las personas que asumen esa posición no pueden distinguir en su análisis, la diferencia entre “quién generó el problema” y “a quién afecta el problema”. La argumentación oculta detrás de esta postura es que “el problema lo debe arreglar quien lo generó”.

No involucrarme en el problema tiene el efecto consolador de que soy inocente de lo que ocurre. Pero esa inocencia tiene un alto costo, dado que al mismo tiempo que me declaro inocente también me declaro impotente para hacerme cargo de esa realidad que es insatisfactoria y lejos de los resultados que yo esperaba.

Como dice el refrán, “si no formas parte del problema, no podrás ser parte de la solución”.

Por otra parte, esta actitud de “explicar el origen del problema” nos ancla al pasado, impidiendo que nuestra energía se enfoque en resolver la brecha de efectividad.

En otras palabras, nos distrae de la posibilidad de preguntarnos “¿Qué es lo que hace falta para resolver esto?

Efectivamente, nadie se pone a acusar a alguien de haberlo empujado a las arenas movedizas mientras se está hundiendo. Primero ocupa su atención en cómo salir de allí, y luego se ocupará de resolver los temas que hayan quedado pendientes en su relación con la otra persona.

Por otra parte, me gustaría preguntarle al lector si cuando reflexionamos sobre estos comportamientos usted ha puesto el foco en los suyos propios, o en el de los demás.

La mayoría de las veces, cuando muestro este modelo mental en los talleres, la mayoría de los asistentes suelen identificar prontamente “los víctimas” que conocen en la organización, y casualmente nunca son ellos.
Finalmente, si usted tuviera la “mala suerte” de encontrarse con una “víctima” en su equipo de trabajo, le sugiero seguir estos pasos para poder ayudarlo:
  1. Escuchar la historia en silencio y con empatía, sin interrumpir.
  2. Reconocer y validar el dolor que la persona sufre por el problema.
  3. Aceptar que el problema es, en parte, resultado de acciones de otros sobre las cuales él no tiene ningún control.
  4. Sugerir que además de las variables exógenas, la situación es también resultado de acciones (o inacciones) de la persona. Verificar que la persona acepte esta nueva perspectiva.
  5. Indagar utilizando preguntas que inducen al protagonismo, como ser: “¿Qué podrías haber hecho diferente?”, “¿Qué aprendizaje te llevás?”, “¿Cómo podrías ayudar ahora a resolver este problema?”. Estas mismas preguntas nos las podemos hacer a nosotros mismos, si nos descubrimos cayendo en la excusa de la inocencia.
  6. En ningún momento, decirle al otro que se está comportando como “una víctima”.
Ello seguramente, nos pondrá en el camino de utilizar nuestra capacidad de respuesta para poner nuestra energía en el logro del objetivo, en vez de la justificación de lo ocurrido. Luego, todos capitalizaremos el aprendizaje incorporado que permitirá incrementar nuestra efectividad individual y colectiva.

Ya sabemos, “Un error se convierte en fracaso, sólo cuando no podemos capitalizar la experiencia”.


Autor: Santiago María Guerrero (Santiago es coach y facilitador, fue profesor de los Posgrados PIDE y DBA)

28 de enero de 2025

Es un viaje, no una carrera

Quisiera volver a poner nuestra atención en uno de los aspectos que al ego le encanta: la competencia. Como ya saben, el ego siempre se compara con otros egos. Y la competencia es el contexto “ideal” para marcar la superioridad sobre los demás.


Como escuché alguna vez decir a un hincha de fútbol, “ganamos, perdemos, mejor es que ganemos”.

Recuerdo cuánto sufrí al comienzo de la secundaria con la materia “Actividades Prácticas”, ya que yo carecía del talento para poder realizar algún dibujo decente. Particularmente, tenía enormes dificultades cuando teníamos que utilizar el “punto de perspectiva” (lograr que el dibujo, reflejara la profundidad en una imagen plana).

Había compañeros a los cuales le resultaban sorprendentemente sencillo. En efecto, ellos tenían un talento del cual yo carecía totalmente. Este es el momento que debo realizar una “confesión”. En aquella época, yo tenía una Psicopedagoga que me “ayudaba”, y hacía los dibujos por mi, mientras que yo luego “fingía” que los dibujaba en clase.

Quiero hace un pequeño alto, y agradecer de corazón no sólo a mi psicopedagoga, sino muy especialmente a mi profesora que siendo consciente de mi “engaño”, con mucha compasión de su parte se hacía la distraída evitando así hacerme víctima de una humillación pública frente a todos mis compañeros de clase.

Debo reconocer que odiaba esa situación, en la cuál podía ser “descubierto” en cualquier momento. Y allí aprendí vivencialmente, lo que significaba la emoción de la envidia. Observemos su naturaleza.

Durante nuestro viaje, nosotros experimentamos el mundo en una forma dual. ¿Qué es la dualidad? Es el mundo expresado en pares de opuestos (calor - frío, hombre — mujer, vida - muerte, amor - odio, etc.). Y por supuesto esa dualidad también alcanza a las cualidades y los dones de las personas. En efecto, no todos poseemos los mismos talentos.

¿Pero cuáles son las bases que generan la envidia?

Una de ellas es que no valoramos nuestros propios dones porque los hemos tenido con nosotros desde nuestro nacimiento, y no han requerido de nuestra parte esfuerzo alguno. Y ese es precisamente uno de los mandamientos del ego. Sólo tiene valor aquello que obtenemos con esfuerzo.

Adicionalmente, y como si esto fuera poco, también ponemos el foco en aquello de lo cual nosotros carecemos (y que los demás lo tienen). ¿Qué es lo que ocurre entonces? Que en vez de conectarnos con la gratitud y la dicha por valorar aquellos dones que sí tenemos, nos frustramos y amargamos porque carecemos de aquel don que encontramos fuera de nuestro alcance.
Y es allí es donde se presenta el caldo de cultivo en el cual surge la envidia. A diferencia de la admiración, en la cual identificamos una cualidad o don que la otra persona tiene y que nos gustaría poder también tenerla, la envidia le agrega el deseo inconsciente de que la otra persona no posea ese don para que pudiera ser nuestro en exclusividad.

Por contraposición, la admiración no requiere de la pretendida exclusividad del don. Su foco está en la posibilidad de aprender a desarrollar dicha habilidad al máximo que nuestro potencial nos permite, aceptando que tal vez no podamos alcanzar el virtuosismo que la otra persona tiene.

Y ello no sería un problema para nosotros, si pudiéramos comprender que las diferencias lejos de separarnos, nos complementan ya que cada uno de nosotros puede compartir su don con los demás y así contribuir a generar un mayor bienestar colectivo.

La persona que está atrapada por la envidia, cree que como ella misma no valora sus propias habilidades, las demás personas tampoco las valorarán, y de esta manera su importancia y aceptación en la comunidad, estarán en riesgo.

En otras palabras, la envidia va de la mano de una muy baja autoestima.

Si estuvieras amigo lector, atravesando una situación así, te invito a que en vez de “renegar por que no tenés el jardín tan verde como el de tu vecino”, le preguntes cómo hizo para lograrlo, en vez de desear que se le eche a perder.

De esta manera, en vez de igualar para abajo, lo estaremos haciendo para arriba. Y ello claro está, ello redundará en nuestro propio beneficio sin perjudicar a los demás.

En otras palabras, nos estaremos conectando con el entusiasmo que nos brinda la posibilidad de la abundancia, y no con el temor oculto que nos genera nuestro foco en la escasez. Y así podremos comprender que para que se destaque nuestra luz, no será necesario que se apaguen la de los demás.

Para ello, habrá falta que practiquemos la humildad, que es la base por la cual estamos en condiciones de permitirnos pedir ayuda a los demás. O lo que es mejor, podremos también ofrecerla espontáneamente a los que carecen de aquellos talentos que si nosotros si poseemos.

Es importante darnos cuenta que cuando aceptamos la ayuda que nos ofrecen, honramos al mismo tiempo la generosidad de quien nos la da.

Y así, ya no será importante el orden de llegada “a la meta”, porque como el tiempo “es una ilusión” también compuesta por opuestos (pasado-futuro), en realidad estaremos volviendo a casa todos juntos.

¿Pero, y que pasa con el presente?”, me preguntó un querido amigo. “Es lo único que existe, por lo tanto es lo único verdadero” (*) . Después de todo, el pasado sólo existe en el presente como un recuerdo, y el futuro sólo existe en el presente como una imaginación.

Quisiera terminar esta reflexión con una frase, que nos permite concluir que este viaje es uno de cooperación, y no de competencia.

Nadie se transforma a sí mismo, ni nadie transforma al otro. Toda transformación, ocurre en una relación con otro”.

Hasta la próxima!


(*) El presente es un reflejo de la eternidad en el tiempo.



Autor: Santiago María Guerrero (Santiago es coach y facilitador, fue profesor de los Posgrados PIDE y DBA)

15 de octubre de 2024

En el viaje, soltar no es perder

En esta reflexión, vamos a poner atención en 2 aspectos con los que nos enfrentamos durante el viaje, que se encuentran muy relacionados. Aquellos cosas que “van quedando atrás”, y las “transformaciones” por las que atravesamos.

Comenzando por la primera, nos referimos a objetos, personas o circunstancias que ya no están presentes o disponibles para nosotros en este momento.

Pueden haber dos razones para ello. O lo hemos “perdido” o lo hemos “soltado”. La diferencia parece darse porque en el primer caso, no ha sido nuestra elección, mientras que en la segunda, si.

Es por ello que frente a la pérdida surge la emoción de la tristeza. Y dicha emoción nos informa que hemos perdido algo que no solamente era de valor para nosotros, sino que además, nos encontrábamos totalmente apegados a ello. Reflexionemos un poco sobre nuestros apegos.

Uno de los factores que, según mi mirada, colaboran a la formación de los apegos, es la ilusión de “permanencia”. En efecto, si nos vamos de vacaciones al Caribe, cuando llega el momento de volver a casa no nos “aferramos” a la puerta de la habitación del hotel o al volante del lujoso automóvil que hemos alquilado. Y la razón de ello, es porque éramos plenamente conscientes de que estábamos disfrutando de un muy lindo momento que desde el instante en que lo planificamos tenía fecha de inicio y de finalización. Después de todo, en el hotel nos llaman “pasajeros”, porque de eso se trata. De una experiencia breve y efímera.

Y si bien es cierto que podemos sentir a veces alguna “melancolía” cuando éste período de nuestras vidas llega a su final, ello no nos ha impedido disfrutar del mismo y hasta agradecer el hecho de haberlo podido realizar. Es más, a nuestro regreso, comentamos con nuestros amigos, vecinos y compañeros de trabajo los momentos salientes de nuestras vacaciones.

Cuando una relación de noviazgo termina, extraviamos algún objeto, perdemos un trabajo o fallece un ser querido, adicional a la pena completamente normal por la pérdida, aparece una “resistencia” a aceptar lo ocurrido. Y esa dificultad para aceptar lo ocurrido aumenta a mi criterio la tristeza que nos invade. Todo potenciado, además, porque muy posiblemente hemos tenido la “ilusión” de que aquello que nos provoca la dicha nos acompañará “siempre”, o al menos que esa pérdida ocurrirá dentro de mucho tiempo.

Y cuando la pérdida acontece nos vemos “sorprendidos y dolidos” por lo imprevisto e injusto de la situación. “¿Por qué me pasó esto a mí?”, suele ser una pregunta que he escuchado en sesiones de coaching muchas veces. ¿Por qué no habría de pasarnos esto a cualquiera de nosotros? La vida misma es frágil y breve. Simplemente no nos gusta pensar en ello. El dolor y la angustia suelen ser difíciles de soportar.

Por supuesto que mi intención no es decirle a los demás cómo vivir sus pérdidas. Simplemente me permito compartir con ustedes mis propias reflexiones sobre cómo he resuelto experimentar las mías (soy el único sobreviviente de mi familia de origen).

Hoy, a mi edad, soy más consciente de lo efímero e impermanente que es todo. Pero ello no me impide disfrutar y agradecer todas las posibilidades que la vida me presenta, y durante el tiempo que esto ocurra. Por el contrario, dicha conciencia me ha permitido apreciar circunstancias que en otros momentos de mi vida hubieran pasado desapercibidas. En pocas palabras, voy aprendiendo a enfocarme en la abundancia y no en la escasez, pues he notado que tengo mucho más que agradecer que lamentar.

Nisargadatta Maharaj solía decir que “entre las orillas del dolor y el placer fluye el río de la vida. Solo cuando la mente se niega a fluir con la vida y se estanca en las orillas se convierte en problema.

Este sabio se refería justamente a nuestros apegos.

Distinto es cuando elegimos “soltar”. Soltar algo cuando estamos apegados es experimentado como un sacrificio. Pero cuando soltamos algo a lo que ya no le vemos valor o significado, es un proceso gradual y natural que termina ocurriendo prácticamente sin esfuerzo.

Y justamente eso es lo que nos lleva al segundo punto: La transformación.

¿La transformación de qué? De la conciencia acerca de quién y cómo he estado siendo hasta ese momento. En efecto, no es que el objeto, la relación o la circunstancia hayan “perdido” el valor que alguna vez tuvieron. Es que nos damos cuenta que nunca lo tuvieron. Como ya mencioné anteriormente, nosotros mismos le “añadimos” temporalmente esa cualidad. Y así como lo hicimos en su momento, pues después simplemente dejamos de hacerlo y vemos las cosas como son. Como dice el refrán, “basta con volver a un lugar que hace mucho que no visitamos, para ver cuánto hemos cambiado” (eso es especialmente cierto cuando volvemos a leer un libro, mucho tiempo después).

Todo esto que mencionamos son acontecimientos que no solamente ocurren en la vida, sino que forman parte de la vida misma. Y este momento en el que hemos soltado “lo viejo”, es el momento en el que nos preparamos para lo “nuevo”. ¿A qué nos referimos con “nuevo”? Que se trata de un proceso de transformación interior que nos abre las puerta a lo “desconocido”.

Y como todo lo desconocido nos genera temor, es que dudamos entre volver a lo ya conocido, o con coraje dar un paso adelante y continuar con el viaje.

Tal vez el lector ya comience a tener un atisbo de lo que pueda está por venir. Cuando hablamos de transformación nunca se refiere a lo “externo” a nosotros. Se trata de un cambio de aquellas características que han constituido nuestra propia identidad. Aquella con la que nos hemos identificado hasta el presente.

Estamos atravesando lo que para la oruga es la transformación de su “apariencia”, pero que para nosotros se trata de nuestra verdadera identidad. No es que nuestra esencia haya cambiado. Ella siempre estuvo allí presente. Simplemente hemos comenzado a cambiar nuestra confusión o ignorancia, por el conocimiento de nuestro verdadero “Ser”.

Como decía Alan Watts (*) “Despertar a quien eres requiere dejar ir a quien te imaginas ser”. Pero para profundizar y comprender lo que esto significa, volveremos a ello más adelante.

Mientras tanto, sin olvidar que ya estoy en el “atardecer” de mi vida, sigo adelante por el camino, disfrutando de la belleza de los “amaneceres” (**) que la vida todavía me regala.

Hasta la próxima!


(*) Alan Wilson Watts fue un filósofo británico, así como editor, sacerdote anglicano, locutor, decano, escritor, conferenciante y experto en religión. Se le conoce sobre todo por su labor como intérprete y popularizador de las filosofías asiáticas para la audiencia occidental.

(**) Escuché alguna vez, que “Amanecer” proviene de “Ama Nacer”. Que no es otra cosa que hacer que cada día cuente en el “largo” camino de regreso a casa.



Autor: Santiago María Guerrero (Santiago es coach y facilitador, fue profesor de los Posgrados PIDE y DBA)

20 de octubre de 2016

Tener razón vs ser efectivo


¿Cuál es tu compromiso? ¿Tener Razón o ser Efectivo?

Uno de los obstáculos más relevantes para la efectividad colectiva, es que en general las personas escuchan para contestar en vez de escuchar para comprender.

¿Cómo se detecta este déficit en las organizaciones? Por la ausencias de preguntas en las conversaciones de sus ejecutivos. Estamos más acostumbrados a exponer en vez de indagar. Y la razón que se encuentra detrás de tal actitud, es el objetivo de demostrar que el otro “está equivocado” en su enfoque y que nosotros tenemos la razón.

¿Cómo es que llegamos a tal situación?

Muy sencillo. Confundimos nuestra interpretación de la realidad con la realidad misma… Y desde ese lugar caemos en la trampa de la certeza. En efecto, asumimos que la realidad tiene que ser de la manera en que nosotros vemos las cosas, y luego concluimos que los demás deben verlas de la misma manera. Si alguien no está de acuerdo con esta perspectiva, forzosamente debe estar equivocado, ser un ignorante o un tonto.

En efectos, impulsados por nuestro ego, nos paramos en una emoción de arrogancia. Y desde dicha emoción es muy difícil que nos cuestionemos o desafiemos nuestras interpretaciones. Es por ello que no necesitamos hacer preguntas. Nosotros sabemos las respuestas.

En cambio, el que está comprometido con la efectividad personal y colectiva, es consciente de que sus interpretaciones son el resultado de un acceso parcial de la realidad, y por lo tanto su propia verdad es relativa y necesita confrontarla para poder finalmente validar y fundamentar la misma.

Desde ese lugar, la curiosidad y la humildad acompañan el comportamiento del ejecutivo en la interacción con los demás. En otras palabras, el ejecutivo habla menos y escucha más. Y es allí donde aparecen las preguntas y toda la valiosa información que falta en las mayorías de las conversaciones de quienes lideran la organización por estar parados en su ego y no en la efectividad profesional.

Veamos algunas preguntas que nos podrían ayudar a enriquecer la conversación:

  1. ¿Qué fue lo que ocurrió? (nos permite comprender los hechos).
  2. ¿Qué creés que condujo a esa situación? (nos permite comprender su razonamiento).
  3. ¿Cómo te sentís al respecto? (nos permite conocer sus emociones).
  4. ¿Qué es lo realmente importante para vos en esto? ¿Cómo querrías que se resolviera? (nos permite conocer sus necesidades y deseos).
  5. ¿Cuál sería para vos la mejor manera de encarar este desafío? (nos permite conocer sus opciones posibles de acción)
  6. ¿De qué manera te podría ayudar en ello? (nos permite diluir resistencias y mostrarnos como oferta para hacernos cargo de lo que es importante y significativo para él).
Preguntar antes de exponer es una excelente manera de ampliar nuestra propia perspectiva personal, y es muy probable que nos agregue elementos que se nos hayan pasado por alto en nuestro propio análisis del desafío que enfrentamos. Por otra parte, al momento de exponer, dispondremos de una excelente guía para ordenar y manifestar nuestras propias ideas si nosotros mismos expresamos las respuestas a dichas preguntas.

En síntesis, las conversaciones se hacen mucho más enriquecedoras y están más orientadas a cumplir los objetivos, en vez de empantanarnos en discusiones personales que no sólo no son efectivas en sus resultados operacionales, sino que también dañan las relaciones interpersonales afectando la confianza del equipo.

Recordemos que los equipos de alto desempeño no sólo logran resultados extraordinarios, también constituyen relaciones extraordinarias. Y el indagar con humildad y sinceridad sobre lo que el otro nos trae, es una muy buena oportunidad para mostrarle que su aporte es importante y valioso para nosotros. 



Autor: Santiago María Guerrero (profesor del Posgrado Internacional en Dirección Estratégica - PIDE)
Fuente: Escuela Recrearte 

2 de junio de 2016

PIDE Septiembre 2016: 5 días estratégicos en Buenos Aires

Queremos contarles que estamos abriendo en septiembre la 8ª edición de nuestro posgrado súper-intensivo e internacional, luego del éxito obtenido en febrero. Se trata del PIDE: Posgrado Internacional en Dirección Estratégica de la Universidad de Belgrano.



El PIDE es un programa súper-intensivo, de 1 semana de duración, certificado por la Universidad de Belgrano, que trabaja sobre la nueva agenda para dirigir estratégicamente organizaciones, negocios y equipos. Los temas que conforman el programa fueron seleccionados luego de un estudio con alumnos, egresados, profesores y referentes de la comunidad de negocios. Se convocó para dictar los módulos a profesores que dirigen posgrados y cursos en distintas universidades e instituciones, con el fin de tener a valiosos especialistas en cada materia.

Por su formato intensivo está orientado a empresarios, gerentes y profesionales que viven lejos de los grandes centros educativos o que tienen calendarios muy variables, lo cual les dificulta comprometerse con un programa de larga duración. En estos tipo de cursos ya hemos tenido alumnos de 17 países.

Apostamos a que cada uno sea el verdadero creador de nuestros modelos de negocios, de nuestra identidad y de nuestro rendimiento y para eso hemos creado este PIDE que dotará al alumno de creatividad y flexibilidad, de nuevas lógicas para Dirigir Estratégicamente

Trabajaremos contenidos fundamentales y diferentes como: Desarrollo Estratégico Empresarial, Innovación Estratégica, Gestión Estratégica de los RRHH, Equipos de Alto Rendimiento, Identidad Corporativa y Gestión del Cambio. Y tendremos como profesores invitados a destacados docentes como Eduardo Sánchez, Enrique Rosales Soria y Santiago Guerrero.

Estaremos dictando el PIDE a partir del 12 de septiembre y se cursará de lunes a viernes de 9 a 18 hs., en la sede céntrica de la Universidad de Belgrano.


Se puede solicitar mayor información haciendo click aquí


Fecha y Sede:
  • 12 al 16 de septiembre de 2016
  • Lunes a viernes de 9 a 18 hs
  • Lavalle 485, Buenos Aires

Perfiles de los Participantes:
  • Empresarios y Directores en búsqueda de cambios estratégicos para su Negocio u Organización.
  • Gerentes aspirantes a puestos de alcance internacional y/o responsabilidad de negocios.
  • Profesionales de diversas carreras que enfrentan decisiones estratégicas cotidianamente.

Objetivos:
  • Analizar los negocios emergentes de Latinoamérica.
  • Innovar estratégicamente para crear y aprovechar oportunidades de desarrollo, anticipación y defensa.
  • Desarrollar equipos de alto rendimiento aptos para crisis.
  • Construir un nuevo concepto simultáneamente activo y reflexivo de la estrategia.
  • Transformar la empresa desde una identidad singular y una comunicación estratégica.
  • Entender las nuevas habilidades para dirigir personas, equipos y organizaciones.
  • Rescatar el talento humano como disparador de posibilidades de cambio.h) Aprender a tomar decisiones bajo incertidumbre, a través del análisis, el debate y las hipótesis.

Módulos:
  1. Desarrollo Estratégico Empresarial (Profesor: Lic. Fernando Cerutti)
  2. Innovación Estratégica (Profesor: Lic. Mariano Morresi)
  3. Identidad Corporativa y Gestión del Cambio (Profesor: Eduardo Sánchez)
  4. Equipos de Alto Rendimiento (Profesor: Lic. Santiago Guerrero)
  5. Gestión Estratégica de los RRHH (Profesor: Lic. Enrique Rosales Soria)

Beneficios para alumnos:
  • Un CD con materiales completos de estudio y recuerdo.
  • Todos los materiales impresos de uso en el aula.
  • Tutoria pre y post-cursado, a cargo de los responsables académicos.
  • E-books de regalo para los alumnos.
  • Acceso a la Biblioteca de la Universidad.
  • Conectividad WIFI gratuita en el edificio de la Universidad.
  • Refrigerios durante el horario de cursada.
  • Posibilidad de utilizar las instalaciones para actividades empresariales.
  • Beneficios económicos en futuras capacitaciones en la Universidad.
  • Alojamientos sugeridos cercanos, diversos y a precios promocionales.
  • Posibilidad de realizar paseos turísticos en la ciudad.


Solicite el programa completo y la ficha para inscribirse haciendo click aquí


Director Académico: Lic. Fernando Cerutti





UNIVERSIDAD DE BELGRANO
Depto. de Estudios de Posgrado y Educación Continua
Lavalle 485, Buenos Aires, Argentina

Tel: (54-11) 4981-4107
Email: posgrado.management@ub.edu.ar