- El primer escenario, muestra una situación de riesgo donde el inicio tardío, a causa generalmente de la subestimación de la dificultad o de la dedicación a otras tareas urgentes, elimina el margen dispuesto para contener desvíos. Se mantendrá como riesgo siempre que no aparezcan imprevistos.
- En el segundo escenario, el riesgo se transforma en un problema de plazo de entrega, puesto que los imprevistos han empujado el inicio de la tarea hacia adelante. Inicio que ya se había retrasado.
- El tercer escenario, un tanto más grave -tan grave como común- transforma el riesgo en un problema de plazo y calidad de entrega, dado que el estrés generado entre cliente y proveedor por la entrega fuera de término, obliga al segundo a realizar la tarea en un tiempo menor al necesario.
13 de febrero de 2024
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
5 de julio de 2022
Fin de los problemas de implementación, la estrategia es una hipótesis
Darle mayor carácter científico al management es una de nuestras mayores intenciones, un legado que quisiéramos dejar. Y más que dar respuestas definitivas, que no las tiene la ciencia, buscamos definir mejor los problemas y los puntos de vista. Generalmente nuestros modelos mentales nos inducen hacia respuestas acostumbradas, confortablemente adormecidas en nuestras rutinas y comunidades profesionales. Una de las frases trilladas es que "el problema de la estrategia está en la ejecución", por eso "no hay que dedicar tanto a pensar y sí a ver cómo lo llevamos a cabo". Sin decir si esto es correcto o no, creemos que debemos partir de una hipótesis y luego realizar los pasos para probarla, falsarla y reproducirla.
En relación a este dilema estratégico, nos gustó la contribución del destacado colega colombiano. Alfredo Ceballos Ramírez. Alfredo es académico, autor, empresario, directivo y consultor. Y se viene dedicando a pensar con profundidad, matices y carácter cómo nos manejamos las personas y las organizaciones.
Compartimos su reflexión en LinkedIn sobre estrategia y ejecución.
Fin de los problemas de implementación...
¡LA ESTRATEGIA ES UNA HIPÓTESIS!
La estrategia es la escogencia deliberada de una acción que se considera como la mejor para intentar lograr un propósito preestablecido.
En esa escogencia lo único cierto y conocido es el propósito. En el proceso se identifican algunas alternativas de acción, se ponderan sus pros y contras y se elige la que tiene la mayor probabilidad de lograrlo. Al hacer esta escogencia se están descartando o renunciando a todas las demás alternativas.
Cómo la incertidumbre impide predecir el resultado de esa acción, esa escogencia o esa estrategia, es una hipótesis sobre el posible resultado de la accion. El emprendimiento de la acción es el experimento para conocer su verdadero resultado y compararlo con el esperado.
1. Las discrepancias, que siempre se presentan, se han venido señalando como los problemas de implementación que, según señalan los expertos, son los mayores tropiezos que enfrenta la estrategia.
Es consecuencia de definir la estrategia cómo un diseño o un manual de instrucciones o un mapa con una ruta optima.
Las desviaciones se deben corregir porque son anomalías o fallas de quien emprendió la acción. Es una falla del implementador, que como toda infracción a una norma, debe ser corregida y castigada.
2. Pero, cuando se reconoce que la Estrategia es una hipótesis, el resultado del experimento es el otro dato cierto.
Cuando ese resultado discrepa del esperado lo que se tiene, en realidad, es una prueba fehaciente de la falsedad de la hipótesis estratégica. Esta no pudo predecir el resultado de la acción elegida.
Lo que se ha venido considerando como un problema de implementación es en realidad una falencia de la formulación de la hipótesis estratégica.
Esas discrepancias son, en realidad, valiosas fuentes de información para para avanzar un proceso de mejoramiento continuo de la estrategia. Proveen información que permite un aprendizaje para mejorar la escogencia de una nueva acción. Son los datos necesarios para reformular la estrategia y conseguir que la siguiente acción que se elija incremente las probabilidades de lograr el propósito.
Así que los problemas de implementación son consecuencias de desconocer que la incertidumbre impide predecir los resultados de las acciones. Algunos formuladores o diseñadores de estrategias suponen que los resultados son respuestas automáticas a unos mandatos. Consecuencia de su creencia que si se aplica el pensamiento estratégico con todo rigor se puede diseñar una estrategia perfecta.
Reconocer que la estrategia es una hipotesis permite:
- transformar los problemas de implementación en oportunidades de aprendizaje,
- evaluar la estrategia a la luz de sus resultados,
- cumplir con la condición que indica que la estrategia que no se evalúa no es digna de seguirse y
- adelantar un proceso de mejoramiento continuo de la estrategia.
Autor: Alfredo Ceballos Ramírez
Fuente: LinkedIn https://www.linkedin.com/feed/update/urn:li:activity:6898943966289739777/
13 de julio de 2017
La ejecución es un problema de personas, no de estrategia
- ¿El éxito en la Gran Flecha impulsará la misión de la organización total?
- ¿Está la Gran Flecha apoyando, y siendo apoyada por, sus principales metas comerciales?
- ¿Lograrlo significará hacer una declaración a la organización sobre lo que es más importante?
- ¿Llevará a la ejecución de su estrategia?
- ¿Es el estiramiento (strech) apropiado?
- ¿Está entusiasmado? ¿Tiene una conexión emocional con ella?
- Contribución clave para mover la Gran Flecha hacia adelante
- Fuerza fundamental que les permitirá aportar su contribución clave
- Cambiador de juego, la cosa que, si la persona mejora, mejorará al máximo su capacidad para hacer su contribución clave
- Contribución clave: el 90% dijo que era más o mucho más efectivo.
- Gran Flecha: 88% dijo que es más o mucho más efectivo.
- Cambiador de Juego: El 84% dijo que era más o mucho más efectivo.
8 de diciembre de 2016
Mermelada para hoy
21 de mayo de 2008
Management Estratégico = Espíritu Curioso. Reflexión
Hace más de veinte años que una gran cantidad de empresas definen su estrategia mediante análisis técnicos periódicos. En este período las técnicas para definirla han avanzado enormemente. Sin embargo, los avances en conseguir llevarlas a la práctica han tenido menos éxito. La implementación frecuentemente no alcanza las expectativas. Como consecuencia, muchos directivos ponen en duda la utilidad de realizar el ejercicio de definición estratégica. ¿Para qué planificar si luego no vamos a conseguir llevar el Plan a la práctica?
El presente escrito explica el origen de muchos de estos fracasos y la manera en que algunas empresas han actuado para implementar con éxito su estrategia.
Las palabras no mueven las organizaciones
Para que una organización en su conjunto se decida a colaborar en la implementación de un cambio es imprescindible que perciba una voluntad decidida y comprometida de hacerlo exitoso por parte de la dirección. Si no la percibe, difícilmente se conseguirá un vuelco colectivo a colaborar.
Los directivos de las empresas han tendido a transmitir a sus ejecutivos sus intenciones de cambio en forma de comunicaciones verbales o escritas. Han arengado a sus organizaciones a modificar sus hábitos explicando su fuerte voluntad de rectificar un rumbo. Pero las organizaciones no creen más en estas palabras. Han visto muchos intentos de cambio fallidos. La declaración de tener la voluntad de cambiar no es suficiente. Los ejecutivos de las empresas que reciben estas arengas son escépticos de las verdaderas intenciones, por lo que frecuentemente se limitan a colaborar nada más que en lo mínimo imprescindible para no mostrar mala voluntad. Y ese nivel de colaboración es insuficiente para que la concreción de los planes sea exitosa.
Cuando existe el convencimiento inequívoco de la alta dirección son los mandos intermedios quienes hacen que triunfe o fracase una implementación. Pero éstos tienden a sentirse cómodos con su estabilidad económica, jerárquica y social actual. Además, no quieren ser vistos como provocadores de cambio por sus pares. Por ello, se resisten a modificar el status quo presente o sus funciones. Por mucho que en General Motors, Ford y Chrysler todos veían que era necesario cambiar de los autos grandes que siempre fabricaron a coches más pequeños y eficientes tardaron tres décadas en lograrlo. Sólo pudieron hacerlo cuando las empresas mostraron pérdidas en sus cuentas de resultados y en su cuota de mercado. Sólo entonces los gerentes vieron en peligro sus puestos de trabajo y se decidieron a llevar a la práctica los cambios que desde hacía tiempo hablaban de realizar.
Se necesita pasar a la acción
Para que una organización avance en su conjunto en un nuevo rumbo, los mandos intermedios tienen que percibir que su estabilidad laboral está en peligro si mantienen el rumbo actual. La dirección puede provocar esta percepción realizando apuestas fuertes que cambien su status quo. Éstas suelen venir en la forma de inversiones o desinversiones importantes. Expongo a continuación algunos ejemplos.
Cuando Boeing se lanzó a la construcción del 747 apostó cuatro veces su patrimonio en el proyecto. Si este proyecto fracasaba era probable la desaparición de la compañía y con ella los puestos de trabajo de sus gerentes. A éstos no les quedó más alternativa que abrazar fervientemente el nuevo proyecto y hacerlo exitoso. Sólo así mantendrían su prestigio (e ingresos).
Cuando Honda se decidió a penetrar en los Estados Unidos sus ventas mundiales eran de solamente US$ 50 millones. Su presencia en los Estados Unidos le requería realizar inversiones superiores a esa cifra. Una vez que la dirección de la empresa aprobó dicha penetración y empezó a invertir, sus empleados se lanzaron en una cruzada para hacerla exitosa. Pero no hicieron esto por su disciplina japonesa. Lo hicieron porque su posición personal estaba en juego si no lo conseguían.
De la misma manera, las fuertes desinversiones también transmiten mensajes. El cierre de una planta que resultaría costoso reabrir transmite también a la organización una posición decidida y comprometida de la dirección. Los ejecutivos saben inmediatamente que sus directivos esta vez hablan en serio y que deben adaptarse consecuentemente.
Toda estrategia bien definida marca un rumbo general que exige de muchas iniciativas individuales para adaptar y mejorar constantemente todos los mecanismos que la organización necesita para actuar. Estas acciones individuales deben realizarse simultáneamente dado que es muy ineficaz adecuar unos departamentos y no otros. Este vuelco colectivo a la acción sólo puede conseguirse cuando todos en conjunto perciben que les será más beneficioso personalmente apoyar el cambio que luchar por mantener el status quo. Cuando esto sucede, los ejecutivos se adaptan al nuevo esquema o son rechazados por los demás. Esta actitud se adueña de la organización cuando sus ejecutivos perciben que no hay posibilidad de vuelta atrás, cuando entienden que la empresa "ha quemado las naves tras el desembarco".
Definir una estrategia sin valor para implementarla es una pérdida de tiempo
Realizar un análisis estratégico sin tener la voluntad (o el valor) de realizar una fuerte apuesta para hacerla triunfar suele resultar un ejercicio fútil. Sólo sirve para satisfacer la curiosidad de verificar si el análisis convalida el rumbo inercial existente, lo que en el dinámico mundo empresarial actual cada vez es menos frecuente.
Los avances tecnológicos hacen que las empresas no puedan conformarse solamente con mejoras incrementales en sus procesos de producción o comercialización sino que, cada vez con más frecuencia, deben plantearse realizar cambios sustanciales en tecnologías, productos o canales de distribución. Es cierto que las empresas mejoran operativamente dando pequeños pasos. Pero también necesitan dar periódicamente pasos audaces si quieren mantener su competitividad de mediano plazo.
Si un directivo maneja una empresa por un período prolongado y no se atreve a dar pasos grandes la dejará cada día más vulnerable, aunque mejore su eficiencia operativa. Definir una estrategia sólo es útil para quien es capaz de apostar inequívocamente recursos y prestigio personal para realizar una acción audaz basada en una visión de futuro. Sólo éstos podrán conseguir el apoyo colectivo de sus organizaciones para efectuar cambios que mejoren el posicionamiento de las empresas que dirigen.
Autor: José Macaya
Fuente: http://www.macaya.com










