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12 de diciembre de 2017

La revolución del cambio

Nuevamente se suma al blog nuestro colega Andrés Ceballos. Hoy habla del cambio en tiempos de big data e inteligencia artificial, de la revolución que está atravesando el ser humano. A partir de la lectura de Harari y de un corto provocador nos plantea escenarios trascendentes para personas, empresas y marcas. 


¿La siguiente etapa de la evolución humana?
Del Homo sapiens al Homo Deus o el Homo inútil

La Revolución del Cambio

“La revolución cognitiva hace unos 70.000 años y con el lenguaje fictivo que permitió la colaboración a gran escala, los seres humanos crearon esa 'realidad intersubjetiva' donde residen imperios, religiones y dinero; al desacoplar inteligencia y consciencia con los avances de la inteligencia artificial, la humanidad pudiera estar en las vísperas de una segunda revolución cognitiva”.

“El humanismo, una forma de religión ahora la dominante que adora a la humanidad en lugar de a Dios, puede que tenga los días contados; la religión dominante a final de siglo quizá se centre en big data, y esté surgiendo ya en Silicon Valley”.
“Los organismos no son sino algoritmos y, por lo tanto, pudiera suceder que en un universo en el que el paradigma dominante sea el dataismo, el homo sapiens pierda su preeminencia.”

Yuval Harari, en Homo Deus


Esta introducción es la que lleva a imaginar sobre el corto que comparto hoy.




Pensando y estudiando sobre sustentabilidad con un enfoque de cultura estratégica viene a mi recuerdo algunas citas tomadas de este libro, sin duda que son las más conocidas pero que reflejan un poco el proceso de cambio y, al futuro que nos estamos incorporando, es como si hubiésemos pasado de la era de la vida analógica, a la era de la vida tecnológica y, hoy a la era de ciber vida o vida “infinitamente punto cero”.

No resulta novedoso hablar que la era del conocimiento ha marcado un nuevo rumbo para las personas o, mejor dicho la humanidad entera, para todos el conocimiento se ha convertido en algo central de la vida humana, la razón de esto es que el hombre desde hace siglos lucha por la libertad y en esta historia de agonalidad permanente por este gran objetivo, el conocimiento se ha convertido en una variable estratégica y verdaderamente sustentable.

Como Harari nos dice que estamos viviendo una nueva revolución cognitiva, la data es una forma de alto desarrollo tecnológico que tiene por finalidad quebrar las barreras de la intimidad humana, HAL 9000, la inteligencia artificial de la película 2001 odisea en el espacio, hoy es real y está en las ciber redes observando y documentando cada movimiento y experiencia vivida, construyendo su base de experiencias humanas, conociendo desde ahí a su padre, la humanidad. 
Por otro lado, las personas de hoy, entendiendo de manera errónea el concepto de libertad creen tener el derecho a quebrar el valor de la intimidad y “convidar” a todos los secretos confiados por alguien, Umberto Eco diría algo así como, “antes queríamos ser conocidos por…, hoy solo queremos estar en boca de...”.

El inmediato acceso a la información nos ha generado en un brevísimo tiempo el deseo constate e insaciable de más y mayor información que aportar al conocimiento. Ahora bien, este conocimiento no es el que usted señor lector está pensando, las nuevas generaciones conviviendo con las anteriores, esas que migraron y en su viaje de vida pasaron de lo analógico a lo tecnológico y de lo tecnológico a los digital y, ahora entrando a los ciber digital o “infinitamente punto cero”, basan el conocimiento en todo lo que genere valor a lo efímero sin dejar esto de serlo, aún siendo incierta su utilización por no decir inútil, el conocimiento, para las personas está basado en aquello que pueda descubrir “algo que lo mantenga actualizado”, es decir no nos interesa el conocimiento del pasado para entender el presente y proyectar futuro, nos interesa saber para tener y a partir de ahí pensar en el futuro.

Esta idea tan general como superficial de la información y el conocimiento me hace pensar en las personas, en el sentido simple de una vida efímera, liquida y auto semejante, como crítica Bauman al posmodernismo y yo adhiero sin casi ninguna objeción, solo la de plantear que en el fondo de esta sociedad deben quedar algunas cenizas de lo que alguna vez fue el compromiso real por los valores humanos, esos valores que hicieron a las personas durante un largo periodo creer que el humanismo era una forma de venerar al hombre y su naturaleza, hoy el big data ocupa ese lugar de pseudo-dios, si la información era poder, ahora el big data lo es todo, el gran saber está en manos de una enciclopedia en tiempo real, la sociedad se moviliza del mismo modo que los medios y las marcas anticipan el movimiento, ¿existencialismo?; no realidad actual, realidad fractal. Lo difícil hoy es caminar al lado de la innovación tecnológica, la inteligencia artificial es capaz de anticipar lo natural y construir realidades más satisfactorias y convenientes.

Asimo fue un humanoide presentado en el año 2000 y su invención estuvo pensada para poder asistir a aquellas personas con problemas de movilidad completa de su cuerpo, es decir en el año 2000 Asimo sería quien remplace el trabajo de un enfermero y, en menor medida colabore hasta el punto que logre superar al hombre. Este humanoide podría llegar a almacenar, procesar, decidir y llegar a sentir la necesidad del paciente, dándole una respuesta inmediata al médico de la situación clínica de la persona, en caso de una emergencia comunicarse de inmediato, brindar un reporte constante del status e incluso aconsejar el médico en un análisis de diagnóstico, creo que a este caso le cabe el adjetivo de “impresionante”.

A partir de este podemos decir que el big data ha llegado para poner fin a algo que mantuvo anclada emocionalmente a la humanidad, el fin de la esperanza. Desde el momento que todo es posible las emociones se centran en la necesidad de no ser olvidados. Las Marcas han llegado a la era del propósito por esta razón, la razón de que las ellas ya no pueden solo prometer, si quieren ser relevantes en la vida de las personas deben decir claramente para que están. El big data se alimenta de las experiencias que las marcas hacen vivir a las personas junto a la construcción de historias que serán recordadas. La esperanza ha muerto, pero las personas vamos a seguir viviendo por los “likes” de los demás y siendo parte de una nueva sociedad, este nuevo “dios” virtual ha dado razones para creer en él, el big data.


Autor: Andrés Ceballos

BibliografíaHarari, Yuval Noah: Homo Deus: Breve historia del mañana. 2016. Debate 
El corto "Cuánto. Más allá del dinero" fue desarrollado por Santander Río para su producto Cuenta 123 Smart en España. Lo dirigió Kike Maíllo y lo protagonizó Adriana Ugarte.

29 de agosto de 2017

Mi sueño y un tercer renglón olvidado

Corría el mes de enero de aquellos años noventas que marcaron la vida de muchos argentinos. El sol estaba en su esplendor, la temperatura era muy agradable, plena época de vacaciones escolares y de piscinas repletas. Me encontraba subido a una escalera tratando de arreglar un toldo, principal producto de mi primer emprendimiento, una franquicia de una empresa mediana, nacional y pionera que se había atrevido a formar una cadena de franquicias. Me había hecho franquiciado después de haber pasado por la gerencia comercial durante un año.

Una nota en revista Panorama sobre mi emprendimiento

Todavía no sé cómo empezó todo, cuál fue el disparador, si el sol reflejado en el agua de la piscina de ese hermoso chalet, de un Country de la zona de Pacheco, si las sonrisas de los hijos de la dueña de casa, si las de sus amigas, si el clima de diversión, si la dificultad para poder arreglar el desperfecto del toldo, o la falta de pericia para hacerlo, no lo sé.

Pero sé, bien que sé... que subido al último peldaño de aquella escalera, desde donde se podía ver con otra perspectiva, al estilo de “La sociedad de los poetas muertos”, repentinamente, una pregunta retumbó en mi cabeza. Me hizo quedar unos segundos paralizado, una eternidad como lo percibí en ese entonces: ¿Qué estoy haciendo acá?


Arriba de una escalera, contando el momento del click

Inquieto por esa pregunta que me atravesaba, aseguré con una soga los brazos y la lona de aquel toldo, bajé de la escalera, saludé a la anfitriona, cargue mis herramientas en la camioneta y me fui de allí. Le aseguré que el día lunes, sin falta, vendría un técnico a resolver su problema.

Abandoné el country, llegué a mi negocio, guardé todos los elementos, cerré la puerta y me dirigí a mi hogar pensando mil cosas a la vez. Era un torbellino de ideas y preguntas: ¿qué quería que me deparara la vida dentro unos años?, ¿cuáles eran mis sueños?, ¿dónde quería llegar?, ¿cómo quisiera verme en el futuro?, ¿qué me gustaría que dijesen de mí? Sin saberlo esa tarde comenzaba a construir mi propio destino, mi propia visión, mi propio sueño.

Cuando llegué a casa me serví un trago, me senté en mi sillón preferido, tomé una hojita de papel y una birome que descansaban sobre el equipo de música. Me coloqué los auriculares y empecé a escuchar a Queen, sus “Greatest Hits”. Hasta el día de hoy sigo sin comprender, si fue la música, la penumbra, el alcohol, o la angustia de no saber qué vida quería para mí. Pero esa hoja de papel se empezó a llenar de respuestas de lo que quería ser en el futuro, cuando fuera grande, cuando fuera más grande. Y comencé a escribir cosas, algunas muy precisas y otras solo expresiones de deseos. De ahí salió esta lista, desordenada, como mi cabeza en esa aura de alcohol y música:

Quiero dar clases, escribir, divulgar el Management, conocer México, viajar a España, comprarme otro departamento, mudarme a un lugar donde pudiera ver el cielo, formar un equipo de investigadores del Management, conocer EE.UU., Europa, ser especialista en estrategia, armar una Consultora en Estrategia y Management, conocer París, el sur y el norte de mi país, encontrar el amor, enseñarle a mi hijo ciertos valores, ...

La lista llevó casi dos páginas, un par de copas y varios himnos de Queen.

Todo camino comienza con un primer paso, así que el lunes siguiente a primera hora fui a la Universidad de Belgrano con mi CV bajo el brazo. Por esas cosas de la vida se encontraba mi mentor de la Universidad de Buenos Aires. A las dos semanas estaba dando clase de Management, como lo decía el primer ítem de mi lista.

Pasaron los años, formé colaboradores, me asocié con ex-compañeros de facultad, creé mi consultora con mi mejor amigo, armé equipos, tuve clientes, empecé a viajar, conocí casi todo mi país del sur al norte, del este al oeste, viajé a Europa, me enamoré.

Hoy puedo decir que he logrado mis objetivos, soy un ser humano feliz, cada uno de esos deseos fueron cumplidos. ¿Seguro fueron cumplidos? El destino siempre nos guarda sorpresas.

Hace un mes viajé a Puebla, México, al decimotercer Congreso de Estrategia que organizó SLADE (Sociedad Latinoamericana de Estrategia) de la cual soy miembro y director internacional. Antes de viajar también me mudé, con todos los trámites y horas invertidas que eso significa, y durante la mudanza ocurrió algo. En una de las tantas cajas llena de esos recuerdos que uno nunca vuelve a ver pero que nunca los tira, desván de fotos viejas y papeles ajados por el tiempo. Fue ahí donde encontré una hojita de papel cuadriculado, escrita de los dos lados, los primeros renglones ordenados y los últimos muy desencajados con una letra temblorosa. La vi y la volví a tirar al fondo de la caja, y la caja al fondo del desván y me fui a dormir.

La noche me recibió con un corso de sueños y pesadillas. A la mañana siguiente me desperté inquieto, me levanté raudamente, ansioso por un desvarío demandante de lo encontrado la noche anterior. Mi curiosidad me urgía a descubrir que decía esa hojita de aquel cuaderno Gloria con aspecto de papiro o bollito de basura que había tirado nuevamente al fondo de la caja la noche anterior. La volví a buscar. La abrí. Mi corazón palpitaba y se aceleraba. La leí nuevamente, y hubo algo en esa lista armada con la nebulosa del alcohol y la semblanza de la música hacia veintipico años que me llamó la atención: en esa lista todo estaba cumplido, aparentemente, pero había algo que pasó desapercibido en la primera lectura. Por esas cosas de lo aleatorio de nuestra memoria y el azar del destino, algo se había extraviado en el recuerdo, oculto caprichosamente en el tercer renglón de esa lista: nunca había viajado a México.

Cuando llegué al aeropuerto de la ciudad de México no sentí nada inusual comparado con mis otros viajes. Tomé un micro hacia la ciudad de Puebla, donde se iba a desarrollar el congreso. Al arribar al hotel donde me hospedaba, fui rápido a preparar los últimos retoques de mi ponencia.

Al otro día tomé un taxi para ir al centro de la ciudad. En el camino le conté mi historia del tercer renglón al taxista, él me agradeció por elegir su país como último hito del camino de objetivos, y me dijo “usted no puede pasar por México y no conocer Cholula”. Qué bueno, me dije y bajé del auto. Al hacerlo me encontré con dos agentes y les pregunté por los lugares históricos que debía ver al ser mi primera vez en su ciudad. Les conté mi historia, y no solo me escucharon sino que me agradecieron y me acompañaron a la iglesia principal: la Catedral de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Más tarde conocí también la capilla del Rosario, la calle de los dulces y el paseo de los artesanos. Caminaba por las calles de esa tranquila ciudad, disfrutando de su belleza y su novedad para mí.

Nuevo día, nuevo taxi y partí hacia Cholula: recorrí sus calles, sus iglesias, sus pasadizos secretos, sus ruinas arqueológicas. Por último fui al centro del pueblo donde entré al convento de San Gabriel, de más de 400 años. Estaba repleto de familias, padres con sus hijos, bebes y ancianos, escuchando un sermón. Fue en ese momento donde en mí explotó la emoción domada. Mis ojos no pudieron contener más mis lágrimas y lloré, lloré de felicidad: había cumplido finalmente aquel sueño olvidado del tercer renglón de esa hojita de aquel cuaderno Gloria con aspecto de papiro o bollito de basura.

En el Convento de San Gabriel, el círculo va cerrando empujado por la emoción

Hacía veintitantos años que me había trazado un rumbo, había tenido un sueño, y sin darme cuenta estaba haciéndolo realidad en pleno corazón de México. Yo encontré el propósito, lo demás… lo demás fue solo pasión y vivir.

Fernando Cerutti


Nota: Fernando falleció en febrero de 2025. En este artículo lo recordamos

6 de julio de 2017

Nostalgia del futuro



Quien no conoce el término “nostalgia”
¿Quién no ha sentido nostalgia alguna vez en su vida?
Interesante como el sentido de las palabras va cambiando.
La nostalgia era, hasta ahora, un sistema de auto-defensa contra la incertidumbre del futuro.
El futuro, por ser hasta ahora de naturaleza incierta, era amenazante y peligroso. El pasado era un rincón cómodo y cálido de la vida, un refugio seguro donde nada cambiaba. Sin sorpresas, sin imprevistos. (lo que llaman ahora: zona de confort)
Actualmente se pueden prever gran parte de los acontecimientos futuros: accidentes, desastres, enfermedades, epidemias, tendencias, comportamientos sociales, reacciones psicológicas. 
Más aún, en perspectiva histórica, ahora podemos afirmar que el “futuro siempre será mejor”
El futuro, en cuanto es un tiempo al que nos podemos anticipar, tiene las siguientes ventajas:
• Se puede programar
• Se puede organizar en tiempo y espacio
• Se puede planificar con varios escenarios posibles
• Se puede cambiar de ruta a mitad de camino
• Se puede elegir el lugar y los participantes
• Se puede aplicar en él toda la experiencia adquirida
• Se puede compartir su construcción
La Nostalgia del Futuro, no es apta para todos. 
Los desahuciados, los apocalípticos, los enfermos terminales, los pesimistas, mal pueden tenerla. Saben que su futuro no será mejor que el pasado.
Si te acostás de noche, después de un duro día de trabajo, ansiando despertar para comenzar un nuevo día…
Si te despertás con una sonrisa, anhelando ejecutar todos los proyectos que planificaste ayer…
Si cada situación inesperada, la celebrás cómo una oportunidad irrepetible…
Es posible que lo tuyo también sea: NOSTALGIA DEL FUTURO

Alberto es egresado de nuestros posgrados en Management Estratégico y Business Administration (DBA) en Universidad de Belgrano. Es un emprendedor por naturaleza y pionero en el ecommerce y el marketing digital. Siempre se ha destacado por la contundencia de sus ideas y su calidez para compartir. 

8 de junio de 2017

El anti-foco de la innovación

La innovación es la sangre de la estrategia y cubre una buena parte de las iniciativas y proyectos estratégicos. ¿Qué tinte o cualidad deben tener los esfuerzos de innovación? Esto también podríamos preguntarlo por oposición, buscando aquellos adjetivos que no deben acompañar a la innovación. Son caminos que aunque bienintencionados, redundan en problemas mayores que los que quisieron solucionar. Orquestar la estrategia para enfocar la innovación es el desafío y para eso recurrimos a una reciente nota de Alejandro Ruelas-Gossi, traducida especialmente para esta ocasión.


Alejandro Ruelas-Gossi es doctor en estrategia y teoría de la complejidad por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. Sus artículos gozan de gran prestigio en la comunidad académica y especializada. Ha publicado en Harvard Business Publishing, en Harvard Business Review y el Financial Times; entre muchos otros. A continuación su nota sobre los síntomas de una innovación sin rumbo estratégico. 



4 cosas en las cuales no deben enfocarse sus esfuerzos de Innovación


La diferenciación debe ser el principal motivador de cualquier estrategia; las empresas siempre deben buscar para encontrar una ventaja. Pero con demasiada frecuencia los CEOs se encuentran atrapados en lo que yo llamo una meseta de innovación. Caen en una uniformidad crónica, una inercia impulsada por el sentimiento de que deben concentrarse en el costo, incluso en el bajo costo, para mantenerse competitivos.

Un indicador principal de la extensión de esta meseta es la disminución de la inversión corporativa en I + D, la infraestructura invisible que apoya la verdadera innovación. La inversión en ciencia fundamental, la I, ha caído de más del 2% del PIB de los EE.UU. en la década de 1970 a 0,78% en la actualidad. Cuanto menos ciencia, menos ideas para nuevos negocios.

Si esta miopía fuera a cambiar, los CEO deberían ser capaces de reconocer cuando su inercia estratégica los mire a la cara. En mi trabajo de investigación y consultoría, he identificado cuatro síntomas que deberían advertir a los ejecutivos que están atrapados en una meseta de innovación. Los cuatro nacen de buenas intenciones, pero al final son autodestructivos:

Obsesión por los programas de reducción de bajo costo. En lugar de prestar atención al numerador (aumento de ingresos), los CEOs se centran en el denominador (reducción de costos). Las excusas que escucho para este desequilibrio son bastante simples: los ejecutivos dicen que quieren aumentar el "cociente", y atacar el lado de los costos es siempre la forma más fácil y rápida de lograrlo. Describo este síntoma como parecido a la anorexia organizacional. Lo sorprendente es que este síntoma está tan extendido que las firmas que resisten la carrera hacia el fondo ahora se destacan entre la multitud. Deere & Co - fundada hace casi dos siglos, y consistentemente líder en lo que hace - tiene personas dedicadas enteramente a "imaginar" el futuro. Lean es una poderosa herramienta de gestión, pero tener el número "exacto" para hacer eficientemente el "trabajo" de hoy pone en peligro el futuro al no tener gente "extra" pensando en ello. La eficiencia no es innovación.

Obsesión por escuchar al cliente. Casi todos los clientes quieren que sus productos sean tan baratos como sea posible. Así que las empresas tratan de responder a esto entregando el valor que piensan que sus clientes quieren. Pero los grandes CEOs entienden que la responsabilidad de definir la grandeza es de la empresa, no del cliente. Como si Steve Jobs dijera: ¿realmente voy a preguntarle a los clientes si quieren un iPad?

Obsesión por el incrementalismo. Los beneficios de las ganancias marginales combinadas pueden ser sustanciales. Jugar una "bola pequeña" puede ser eficaz en el corto plazo. Pero cuando se les pregunta sobre el futuro, los CEOs casi siempre hablan de sus actuales carteras. ¿a qué porcentaje subirán o bajarán? La innovación radical, cuando surge un nuevo diseño dominante que puede dar lugar a un cambio radical en las fortunas de una empresa, está a menudo ausente en sus agendas.

Obsesión por las adquisiciones. Cuando fallar en innovar, los CEOs adquieren talento. Apple gasta US$ 3 mil millones en Beats, o Facebook paga alrededor de US$ 19 mil millones para WhatsApp - esto para mí es indicativo de que las empresas se vieron atrapadas en la meseta de la innovación. He observado que cuanto más innovadora es una empresa, menos adquisiciones realiza. Desarrolla el talento interiormente, centrándose en algunas grandes cosas. Jobs invirtió US$ 150 millones en el desarrollo del iPhone; Tim Cook ha invertido casi siete veces eso en Didi Chuxing. Esa es la historia de Apple durante el crecimiento impulsado por la innovación, y Apple durante el estancamiento de la innovación.

¿Cómo superan las empresas la meseta de la innovación? Las empresas están descubriendo que los clientes no siempre quieren comprar por precio: explotar una relación emocional puede ayudar a escapar de la carrera hacia el fondo. Natura, una firma brasileña de cosméticos, produjo una línea de productos madre-bebé que socavó la posición de liderazgo de Johnson & Johnson en el mercado de bebés, al vincular los productos de Natura con el método Shantala, una técnica popular en Brasil para fortalecer el vínculo entre madre e infante a través del masaje. La campaña permitió a Natura competir con Johnson & Johnson por algo distinto al precio.

Profundizar la ciencia detrás del negocio, centrarse en descubrir segmentos de mercado de mayor valor a través de nuevos productos y en nuevas industrias, y buscar expandirse a nivel mundial, todo esto mantendrá a la primera línea en crecimiento. Por ejemplo, las pequeñas cooperativas lácteas Tatua y Westland en Nueva Zelanda desarrollaron productos auxiliares especializados tales como lípidos complejos y la primera leche de cabra del mundo con una larga vida útil. En lugar de tratar de hacer el acero más barato del mundo, en el País Vasco fabrican acero para naves espaciales. Si las empresas que comercian con commodities como el acero y la leche pueden subir en la cadena de valor, cualquier empresa debería tener la imaginación para descubrir mercados mundiales de alto valor para su expertise y seguir flotando incluso en un mundo de ventajas competitivas aparentemente fugaces e inercia estratégica.


Autor: Alejandro Ruelas-Gossi
Fuente: HBR.org

8 de septiembre de 2016

Visión inmobiliaria, nueva agenda urbana

Foto de Dani Granatta, en Bogotá
Pensar la ciudad es asentar el futuro. Diseñar los espacios de desarrollo vital abre el juego a las posibilidades de trabajo, esparcimiento y naturaleza. Es una perspectiva que necesariamente involucra varias miradas y donde paradigmas tradicionales se vienen mostrando inocuos o contraproducentes. Para poder concebir la ciudad del futuro, creemos necesario plantearlo desde profesionales que combinen en sí mismos la diversidad. Por eso para el siguiente artículo, tenemos como invitado a Marcelo Satulovsky. Marcelo es arquitecto de base, pero luego formado en negocios, consultor y emprendedor, con un pie en el interior argentino y otro bien porteño, trabajando en proyectos específicos y en desarrollo urbano y con un espíritu croquisero. Siendo egresado de nuestro posgrado en Management Estratégico, trae la estrategia a la visión de nueva agenda inmobiliaria, que plantee desde dónde co-diseñar la ciudad del futuro.
Varios de los disparadores y sentidos urbanos que propone en el siguiente texto resuenan como los propios de escenarios futuros donde queremos que habiten las organizaciones que aquí buscamos construir.


Hacia una nueva agenda inmobiliaria

“Por primera vez en la historia, más de la mitad de la humanidad vive hoy en zonas urbanas. En 2050 esa proporción será casi del 70, la población urbana por sí sola será mayor que toda la población global de hoy planteando enormes desafíos en cuanto a vivienda, infraestructura, servicios, empleo.” Pero “la urbanización no es sólo un resultado del desarrollo, sino un motor para alcanzarlo si se gestiona bien, puede contribuir a un crecimiento sostenible, inclusivo y en armonía con la naturaleza”. No obstante, para ello “es preciso un cambio de paradigmas en el modo en que las ciudades son planificadas, desarrolladas y gestionada. Las decisiones de hoy determinarán nuestro futuro común: la batalla por el desarrollo sostenible se ganará o perderá en las ciudades.”

Estas consideraciones, del documento base para la Conferencia Hábitat III de la ONU, dan marco a la Nueva Agenda Urbana que guiará la labor de las próximas dos décadas en materia de Vivienda y Desarrollo Urbano, hacia tres compromisos: luchar contra la pobreza, lograr una prosperidad urbana inclusiva y sostenible, y fomentar ciudades ecológicas y resilientes.

De lo general a lo particular
Desde una mirada integral, la actividad urbana-inmobiliaria es la cadena de valor responsable de articular las relaciones sociales, orientadas a la producción y gestión de sus espacios.
Ahora bien, si los gobiernos, instituciones financieras, académicas y organizaciones sociales del mundo entero están adoptando un conjunto renovado de líneas de trabajo en cuanto a la vivienda, la ciudad y su desarrollo, la actividad urbana-inmobiliaria en su conjunto no puede permanecer ajena. Por el contrario, nos cabe como sector la oportunidad -y la responsabilidad- de repensarnos para asumir nuestro rol dentro del desafío global.
La mecánica de estas “Agendas” tiende a definir guías para la labor de los actores individuales en el día a día, sobre criterios y prioridades compartidos. En paralelo pues a esa Nueva Agenda Urbana; con la mirada en nuestra realidad, pero más allá de la coyuntura, quizás sea el momento de consensuar también, para los próximos años, una Nueva Agenda Inmobiliaria.
Abriendo el juego, junto a la invitación dejamos entonces algunas primeras notas, señalando a la vez algunos puntos que entre todos -orientados a la acción, e interpelados por la Nueva Agenda Urbana como por el nuevo Código Civil y Comercial- sería bueno ya, estar repensando.
Marcelo Satulovsky

Criterios
Proponemos una Nueva Agenda Inmobiliaria que parta de asumir, como criterios generales:
- las ciudades como el ámbito donde se juega la posibilidad común del desarrollo, y el Derecho a la Ciudad como concepto central.
- La actividad urbana-inmobiliaria como la cadena de valor que articula las relaciones sociales orientadas a la producción y gestión de los espacios; su rol así en la gestión cotidiana del hábitat, y su responsabilidad social como agente en los procesos del desarrollo.
- La necesidad de un cambio de paradigmas sobre los cuales operamos, y el compromiso de impulsar proyectos y dinámicas urbanas, estructuras financieras y modelos de negocios diversos e innovadores, inclusivos y sustentables.

Visión
La ciudad es una construcción continua y compartida. En tal sentido, proponemos alinear criterios y objetivos con el conjunto de los actores sociales e institucionales, haciendo propia la Visión de ONU-Hábitat, para orientarnos a producir y gestionar ciudades que:
- ponen la gente en el centro, y brindan calidad de vida más allá de la provisión de servicios.
- son inclusivas, brindan a todos los mismos derechos y oportunidades; priorizan la participación y la diversidad, generan apropiación y pertenencia, y empoderan a las mujeres.
- son ecológicas y resilientes; priorizan el interés público, la función social y ambiental del suelo, y promueven el derecho a una vivienda adecuada para todos.
- crecen con base en la economía local, promueven la movilidad económica, y transforman la economía urbana creando valor agregado y productividad.
- promueven la gestión intersectorial de los recursos y la cooperación entre ciudades.

Compromisos
En línea a esa Visión, proponemos el compromiso del sector con tres principios rectores:
- Inclusión: favorecer la equidad promoviendo ciudades y mercados abiertos, que respondan a las necesidades de todos los grupos de población.
- Diversidad: responder a la pluralidad de requerimientos socio-ambientales mediante abanicos amplios de alternativas en localizaciones, temáticas, tipologías y tecnologías, así como en los esquemas de acceso, financiamiento y tenencia del suelo y la vivienda.
- Sustentabilidad: adoptar enfoques integrados de vivienda y desarrollo urbano, con eje en la triple sustentabilidad de las propuestas, de sus externalidades y resultados en el tiempo.

Claves de trabajo
Para la bajada al día a día de esos principios, proponemos operar en torno a tres claves:
- Gestión en redes, profundizando la articulación horizontal y vertical de la cadena de valor, y los esquemas de cooperación entre los actores públicos, sociales y privados;
- Innovadora en sus propuestas espaciales, y en los modelos de negocios, financieros, y de gestión, con desarrollo de capacidades en la cadena de valor, construcción colaborativa de conocimientos y una gestión abierta de la información;
- y Comprometida con el desarrollo en línea a una planificación estratégica de las ciudades y una gestión territorial integrada, promoviendo ciudades compactas, mixtas y conectadas, y la articulación sustentable de las áreas metropolitanas y los vínculos urbano-rurales.

Revisando paradigmas
Como es lógico si se aspira a impulsar cambios, la Nueva Agenda Urbana cuestiona miradas y prácticas habituales en todos los sectores. La actividad privada no es excepción; ciertos puntos desafían a revisar criterios que asumimos normalmente como inamovibles. Entre ellos:
- Operar enfoques integrales en torno a la vivienda, e integrados hacia un desarrollo urbano inclusivo y sustentable, preservando y fortaleciendo los recursos ambientales y culturales.
- Repensar los sistemas de propiedad, considerando el paso de la propiedad privada dominante a otras opciones de tenencia y renta a fin de mejorar el stock de vivienda accesible.
- El rol central del espacio público y el valor del patrimonio y las dimensiones culturales.
- La determinación, monitoreo y gestión social de la plusvalía derivada del desarrollo urbano
- La función social y ambiental del suelo, impulsando un desarrollo territorial equilibrado con densidad, usos mixtos y mejora de las infraestructuras y la vinculación urbano-rural.
Con vistas a la acción en un marco global de criterios renovados, es momento de pensar juntos para los próximos años, una #NuevaAgendaInmobiliaria. La inquietud, y algunas primeras propuestas, están sobre la mesa.


Sobre el autor: Marcelo Satulovsky es Arquitecto (UNLP), Master en Dirección de Empresas Inmobiliarias (Univ. Politécnica de Madrid). Postgrado en Management Estratégico (UB) y en Desarrollo Urbano Sustentable (Cátedra UNESCO). Director de Investigaciones FEDI. Docente en Carreras y Programas de UTN, UBA y UP. Consultor en Arquitectura, Desarrollo Urbano e Inmobiliario.

22 de noviembre de 2012

Los realistas piensan radar y actúan ágil



El mundo se está transformando a un punto que ya no es posible quedarse congelado mientras se aclaran las tendencias externas. Algunas personas serán tan cautelosas que no harán ni un movimiento antes de que una determinada tendencia esté bien definida y sea validada por otros que ya pasaron a ocupar el espacio disponible. Por otra parte, algunos harán jugadas osadas incluso cuando los aspectos externos estén completamente difusos. Algunos salen a correr con los pocos pedacitos de información que refuerzan sus ideas preconcebidas y hacen caso omiso de todo lo que las contradiga. No obstante, los frutos los cosecharán los realistas, los que, en medio de la complejidad, sean capaces de identificar las variables cruciales para ver cómo se podrían combinar y lograr así un punto de vista sobre el rumbo que lleva el paisaje externo.  

Ram Charan ("Know-how")

31 de julio de 2010

Elogio del Idealismo II

Esta es la segunda parte y última de los mejores extractos sobre el concepto de "ideal" de José Ingenieros, que empezáramos hace unos días, tomados de su libro "El hombre mediocre".
Esperamos que lo sigan disfrutando, aprehendiendo otras posibilidades, otros caminos de desarrollo para construir(se) una visión...
- Mariano Morresi 


En la evolución humana, los ideales se mantienen en equilibrio inestable. Todo mejoramiento real es precedido por conatos y tanteos de pensadores audaces, puestos en tensión hacia él, rebeldes al pasado, aunque sin la intensidad necesaria para violentarlo; esa lucha es un reflujo perpetuo entre lo más concebido y lo menos realizado. Por eso los idealistas son forzosamente inquietos, como todo lo que vive, como la vida misma; contra la tendencia apacible de los rutinarios, cuya estabilidad parece inercia de muerte.

Los idealistas suelen ser esquivos o rebeldes a los dogmatismos sociales que los oprimen. Resisten la tiranía del engranaje nivelador, aborrecen toda coacción, sienten el peso de los honores con que se intenta domesticarlos y hacerlos cómplices de los intereses creados, dóciles maleables, solidarios, uniformes en la común mediocridad.

Todo idealismo es exagerado, necesita serlo. Y debe ser cálido su idioma, como si desbordara la personalidad sobre lo impersonal; el pensamiento sin calor es muerto, frío, carece de estilo, no tiene firma. Jamás fueron tibios los genios, los santos y los héroes. Para crear una partícula de Verdad, de Virtud o de Belleza, se requiere un esfuerzo original y violento contra alguna rutina o prejuicio; como para dar una lección de dignidad hay que desgoznar algún servilismo. Todo ideal es, instintivamente, extremoso; debe serlo a sabiendas, si es menester, pues pronto se rebaja al refractarse en la mediocridad de los más.

Las rebeldías románticas son embotadas por la experiencia: ella enfrena muchas impetuosidades falaces y da a los ideales más sólida firmeza. Las lecciones de la realidad no matan al idealista: lo educan. Su afán de perfección tórnase más centrípeto y digno, busca los caminos propicios, aprende a salvar las asechanzas que la mediocridad le tiende. Cuando la fuerza de las cosas se sobrepone a su personal inquietud y los dogmatismos sociales cohíben sus esfuerzos por enderezarlos, su idealismo tórnase experimental. No puede doblar la realidad a sus ideales, pero los defiende de ella, procurando salvarlos de toda mengua o envilecimiento.

El temperamento individualista llega a negar el principio de autoridad, se substrae a los prejuicios, desacata cualquiera imposición, desdeña las jerarquías independientes del mérito.

(Epicteto) Enseñó a distinguir, en toda cosa, lo que depende y lo que no depende de nosotros. Lo primero nadie puede cohibirlo; lo demás está subordinado a fuerzas extrañas. Colocar el Ideal en lo que depende de nosotros y ser indiferente a lo demás: he ahí una fórmula para el idealismo experimental.

Nuestra vida no es digna de ser vivida sino cuando la ennoblece algún ideal: los más altos placeres son inherentes a proponerse una perfección y perseguirla. Las existencias vegetativas no tienen biografía: en la historia de su sociedad sólo vive el que deja rastros en las cosas o en los espíritus. La vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos. No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuánta juventud la precedió. La medida social del hombre está en la duración de sus obras: la inmortalidad es el privilegio de quienes las hacen sobrevivientes a los siglos, y por ellas se mide.

Vivir es aprender, para ignorar menos; es amar, para vincularnos a una parte mayor de humanidad; es admirar, para compartir las excelencias de la naturaleza y de los hombres; es un esfuerzo por mejorarse, un incesante afán de elevación hacia ideales definidos.

Lo que ayer fue ideal contra una rutina, será mañana rutina, a su vez, contra otro ideal. Indefinidamente, porque la perfectibilidad es indefinida.

El hombre sin ideales hace del arte un oficio, de la ciencia un comercio, de la filosofía un instrumento, de la virtud una empresa, de la caridad una fiesta, del placer un sensualismo.

El hombre de mérito se adelanta a su tiempo, la pupila puesta en un ideal; se impone dominando, iluminando, fustigando, en plena luz, a cara descubierta, sin humillarse, ajeno a todos los embozamientos del servilismo y de la intriga.

La concepción teórica de un ideal moral más elevado, de una etapa a pasar, no basta; se necesita una emoción poderosa que haga obrar y, por contagio, comunique a los otros su propio élan. El avance es proporcional a lo que se siente y no a lo que se piensa

Entre nieblas que alternativamente se espesan y se disipan, la humanidad asciende sin reposo hacia remotas cumbres. Los más las ignoran; pocos elegidos pueden verlas y poner allí su ideal, aspirando aproximársele. Orientadas por la exigua constelación de visionarios, las generaciones remontan desde la rutina hacia Verdades cada vez menos inexactas y desde el prejuicio hacia las Virtudes cada vez menos imperfectas.

Los caracteres excelentes ascienden a la propia dignidad nadando contra todas las corrientes rebajadoras, cuyo reflujo resisten con tesón (…) Su personalidad es todo brillo y arista: “Firmeza y luz, como cristal de roca”, breves palabras que sintetizan su definición perfecta (…) Han creado su vida y servido un Ideal, perseverando en la ruta, sintiéndose dueños de sus acciones, templándose por grandes esfuerzos: seguros en sus creencias, leales a sus afectos, fieles a su palabra. Nunca se obstinan en el error, ni traicionan jamás a la verdad. Ignoran el impudor de la inconstancia y la insolencia de la ingratitud. Pujan contra los obstáculos y afrontan las dificultades. Son respetuosos en la victoria y se dignifican en la derrota como si para ellos la belleza estuviera en la lid y no en su resultado. Siempre, invariablemente, ponen la mirada alto y lejos; tras lo actual fugitivo divisan un Ideal más respetable cuanto más distante (…) Poseen una firme línea moral que les sirve de esqueleto o armadura. Son alguien. Su fisonomía es la propia y no puede ser de nadie más; son inconfundibles, capaces de imprimir su sello indeleble en mil iniciativas fecundas (…) Son los verdaderos amos de la sociedad, los que agreden el pasado y preparan el porvenir, los que destruyen y plasman. Son los actores del drama social, con energía inagotable. Poseen el don de resistir a la rutina y pueden librarse de su tiranía niveladora. Por ellos la Humanidad vive y progresa. Son siempre excesivos; centuplican las cualidades que los demás sólo poseen en germen. La hipertrofia de una idea o de una pasión los hace inadaptables de su medio, exagerando su pujanza; mas, para la sociedad, realizan una función armónica y vital. Sin ellos se inmovilizaría el progreso humano, estancándose como velero sorprendido en alta mar por la bonanza.

Los caracteres excelentes son indomesticables: tienen su norte puesto en su Ideal. Su "firmeza" los sostiene; su "luz" los guía.

Pensar es vivir. Todo ideal humano implica una asociación sistemática de la moral y de la voluntad, haciendo converger a su objeto los más vehementes anhelos de perfección.

Los hombres sin ideales son incapaces de resistir las asechanzas de hartazgos materiales sembrados en su camino.

Cuando un ideal de perfección impulsa a ser mejores, ese culto de los propios méritos consolida en los hombres la dignidad.

La insuficiencia del esfuerzo equivale a la desorientación del impulso: el mérito de las acciones se mide por el afán que cuestan y no por sus resultados. Sin coraje no hay honor. Todas sus formas implican dignidad y virtud. Con su ayuda los sabios acometen la exploración de lo ignoto, los moralistas minan las sórdidas fuentes del mal, los osados se arriesgan para violar la altura y la extensión, los justos se adiamantan en la fortuna adversa, los firmes resisten la tentación y los severos el vicio, los mártires van a la hoguera por desenmascarar una hipocresía, los santos mueren por un Ideal. Para anhelar una perfección es indispensable. "El coraje -sentenció Lamartine- es la primera de las elocuencias, es la elocuencia del carácter". Noble decir. El que aspira a ser águila debe mirar lejos y volar alto; el que se resigna a arrastrarse como un gusano renuncia al derecho de protestar si lo aplastan.

El portador de un ideal va por caminos rectos, sin reparar que sean ásperos y abruptos. (…) tiene sinceridades que dan escalofríos a los hipócritas de su tiempo y dice la verdad en tal personal estilo que sólo puede ser palabra suya; tolera en los demás errores sinceros, recordando los propios; se encrespa ante las bajezas, pronunciando palabras que tienen ritmos de Apocalipsis y eficacia de catapulta; cree en sí mismo y en sus ideales, sin pactar con los prejuicios y los dogmas de cuántos le acosan con furor, de todos los costados.

La fe es la fuerza del genio. Para imantar a una era necesita amar su Ideal y transformarlo en pasión (…) La intensa cultura no entibia a los visionarios: su vida entera es una fe en acción. Saben que los caminos más escarpados llevan más alto. Nada emprenden que no estén decididos a concluir. Las resistencias son espolazos que los incitan a perseverar; aunque nubarrones de escepticismo ensombrezcan su cielo, son, en definitiva, optimistas y creyentes: cuando sonríen, fácilmente se adivina el ascua crepitante bajo su ironía. Mientras el hombre sin ideales ríndese en la primera escaramuza, el genio se apodera del obstáculo, lo provoca, lo cultiva, como si en él pusiera su orgullo y su gloria: con igual vehemencia la llama acosa al objeto que la obstruye, hasta encenderlo, para agrandarse a sí misma.

20 de julio de 2010

Elogio del Idealismo I

Volver a viejos autores es tomar carrera para despegar de nuevo. Buscando inspiración para hablar del sentido de la visión, encontramos en las cavilaciones de José Ingenieros un terreno fértil. Su concepto del "ideal" está muy emparentado con el propósito y la fuerza que queremos darle a la visión, tanto la empresaria como la personal.
Los siguientes textos están tomados de su obra "El hombre mediocre" que fervientemente recomendamos leer y dejarse llevar su potencia, intentando abandonar esos rasgos mediocres en que seguramente nos veamos reflejados, para acercarse al ser idealista. La percepción y el cambio tienen que ver con nuestros modelos mentales. 
- Mariano Morresi




Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reciente jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte: bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobre pone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento.

El Ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección.

Los ideales de perfección, fundados en la experiencia social y evolutivos como ella misma, constituirán la íntima trabazón de una doctrina de la perfectibilidad indefinida, propicia a todas las posibilidades de enaltecimiento humano.

Un ideal no es una fórmula muerta, sino una hipótesis perfectible; para que sirva, debe ser concebida así, actuante en función de la vida social que incesantemente deviene. La imaginación, partiendo de la experiencia, anticipa juicios acerca de futuros perfeccionamientos: los ideales, entre todas las creencias, representan el resultado más alto de la función de pensar.

Un hombre, un grupo o una raza son idealistas porque circunstancias propicias determinan su imaginación a concebir perfeccionamientos posibles.

Evolucionar es variar (…) Toda variación es adquirida por temperamentos predispuestos; las variaciones útiles tienden a conservarse. La experiencia determina la formación natural de conceptos genéricos, cada vez más sintéticos; la imaginación abstrae de éstos ciertos caracteres comunes, elaborando ideas generales que pueden ser hipótesis acerca del incesante devenir: así se forman los ideales que para el hombre, son normativos de la conducta en consonancia con sus hipótesis. Ellos no son apriorísticos, sino inducidos de una vasta experiencia; sobre ella se empina la imaginación para prever el sentido en que varía la humanidad. Todo ideal representa un nuevo estado de equilibrio entre el pasado y el porvenir.

Los ideales pueden no ser verdades; son creencias. Su fuerza estriba en sus elementos afectivos: influyen sobre nuestra conducta en la medida en que los creemos. Por eso la representación abstracta de las variaciones futuras adquiere un valor moral: las más provechosas a la especie son concebidas como perfeccionamientos. Lo futuro se  identifica con lo perfecto. Y los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero,  influyen sobre la conducta y son el instrumento natural de todo progreso humano.

Mientras la instrucción se limita a extender las nociones que la experiencia actual considera más exactas, la educación consiste en sugerir los ideales que presumen propicios a la perfección.

A medida que la experiencia humana se amplía, observando la realidad, los ideales son modificados por la imaginación, que es plástica y no reposa jamás. Experiencia e imaginación siguen vías paralelas, aunque va muy retardada aquélla respeto de ésta. La hipótesis vuela, el hecho camina; a veces el ala rumbea mal, el pie pisa siempre en firme; pero el vuelo puede rectificarse, mientras el paso no puede volar nunca.

La imaginación es madre de toda originalidad; deformando lo real hacia su perfección, ella crea los ideales y les da impulso con el ilusorio sentimiento de la libertad; el libre albedrío es un error útil para la gestación de los ideales.

En todo ideal, sea cual fuere el orden a cuyo perfeccionamiento tienda, hay un principio de síntesis y de continuidad: “es una idea fija o una emoción fija”. Como propulsores de la actividad humana, se equivalen y se implican recíprocamente, aunque en la primera predomina el razonamiento y en la segunda la pasión. “Ese principio de unidad, centro de atracción y punto de apoyo de todo trabajo de la imaginación creadora, es decir, de una síntesis subjetiva que tiende a objetivarse, es el ideal”, dijo Ribot.

Son siempre individuales. Un ideal colectivo es la coincidencia de muchos individuos en un mismo afán de perfección. No es que una “idea” los acomune sino que análoga manera de sentir y de pensar convergen hacia un “ideal” común a todos ellos.

Cada ideal puede encarnarse en un genio; al principio, mientras él lo define o lo plasma, sólo es comprendido por el pequeño núcleo de espíritus sensibles al ritmo de la nueva creencia.

Todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la perfección. En su protesta involuntaria contra lo malo se revela siempre una indestructible esperanza de lo mejor; en su agresión al pasado fermenta una sana levadura de porvenir.

(El ideal) No es un fin, sino un camino. Es relativo siempre, como toda creencia. La intensidad con que tiende a realizarse no depende de su verdad efectiva, sino de la que se le atribuye.

La experiencia, sólo ella, decide sobre la legitimidad de los ideales, en cada tiempo y lugar.  Mientras la experiencia no da su fallo, todo ideal es respetable, aunque parezca absurdo. Y es útil por su fuerza de contraste; si es falso muere solo, no daña, todo ideal por ser una creencia, puede contener una parte de error o serlo totalmente: es una visión remota y por lo tanto expuesta a ser inexacta. Lo único malo es carecer de ideales y esclavizarse a las contingencias de la vida práctica inmediata, renunciando a la posibilidad de la perfección moral.

Los ideales están en perpetuo devenir, como las formas de la realidad a que se anticipan. La imaginación los construye observando la naturaleza, como un resultado de la experiencia; pero una vez formados ya no están en ella, son anticipaciones de ella, viven sobre ella para señalar su futuro. Y cuando la realidad evoluciona hacia un ideal antes previsto, la imaginación se aparta nuevamente de la realidad, aleja de ella al ideal, proporcionalmente. La realidad nunca puede igualar al ensueño en esa perpetua persecución de la quimera. El ideal es un límite: toda realidad es una "dimensión variable" que puede acercársele indefinidamente, sin alcanzarlo nunca. Por mucho que lo "variable" se acerque a su "límite", se concibe que podría acercársele más; sólo se confunden en el infinito.

Todo ideal es siempre relativo a una imperfecta realidad presente.

Sin ideales sería inexplicable la evolución humana. Los hubo y los habrá siempre. Palpitan detrás de todo esfuerzo magnífico realizado por un hombre o por un pueblo. Son faros sucesivos en la evolución mental de los individuos y de las razas. La imaginación los enciende sobrepasando continuamente a la experiencia, anticipándose a sus resultados. Ésa es la ley del devenir humano: los acontecimientos, yermos de suyo para la mente humana, reciben vida y calor de los ideales, sin cuya influencia yacerían inertes y los siglos serían mudos. Los hechos son puntos de partida; los ideales son faros luminosos que de trecho en trecho alumbran la ruta. La historia de la civilización muestra una infinita inquietud de perfecciones, que grandes hombres presienten, anuncian o simbolizan. Frente a esos heraldos, en cada momento de la peregrinación humana se advierte una fuerza que obstruye todos los senderos: la mediocridad, que es una incapacidad de ideales.

Al idealismo dogmático que los antiguos metafísicos pusieron en las "ideas" absolutas y apriorísticas, oponemos un idealismo experimental que se refiere a los "ideales" de perfección, incesantemente renovados, plásticos, evolutivos como la vida misma.

Los más poseen una experiencia sumisa al pasado: rutinas, prejuicios, domesticidades. Pocos elegidos varían, avanzando sobre el porvenir; al revés de Anteo, que tocando el suelo cobraba alientos nuevos, los toman clavando sus pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible. Esos hombres, predispuestos a emanciparse de su rebaño, buscando alguna perfección más allá de lo actual, son los "idealistas". La unidad del género no depende del contenido intrínseco de sus ideales sino de su temperamento: se es idealista persiguiendo las quimeras más contradictorias, siempre que ellas impliquen un sincero afán de enaltecimiento. Cualquiera. Los espíritus afiebrados por algún ideal son adversarios de la mediocridad: soñadores contra los utilitarios, entusiastas contra los apáticos, generosos contra los calculistas, indisciplinados contra los dogmáticos. Son alguien o algo contra los que no son nadie ni nada. Todo idealista es un hombre cualitativo: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa, y lo mejor que imagina. Los hombres sin ideales son cuantitativos; pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor.

Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del "hombre práctico", limitado a las contingencias del presente, importa un renunciar a toda imperfección. El hábito organiza la rutina y nada crea hacia el porvenir; sólo de los imaginativos espera la ciencia sus hipótesis, el arte su vuelo, la moral sus ejemplos, la historia sus páginas luminosas (…) Todo porvenir ha sido una creación de los hombres capaces de presentirlo, concretándolo en infinita sucesión de ideales. Más ha hecho la imaginación construyendo sin tregua, que el cálculo destruyendo sin descanso. (…) no quiere esto decir que la imaginación excluya la experiencia: ésta es útil, pero sin aquélla es estéril. Los idealistas aspiran a conjugar en su mente la inspiración y la sabiduría; por eso, con frecuencia, viven trabados por su espíritu crítico cuando los caldea una emoción lírica y ésta les nubla la vista cuando observan la realidad. Del equilibrio entre la inspiración y la sabiduría nace el genio. En las grandes horas de una raza o de un hombre, la inspiración es indispensable para crear; esa chispa se enciende en la imaginación y la experiencia la convierte en hoguera. Todo idealismo es, por eso, un afán de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos más audaces a la ignorancia, madrastra de obstinadas rutinas.

La humanidad no llega hasta donde quieren los idealistas en cada perfección particular; pero siempre llega más allá de donde habría ido sin su esfuerzo. Un objetivo que huye ante ellos se convierte en estímulo para perseguir nuevas quimeras. Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan.