30 de marzo de 2020

Inteligencia Artificial y Dilemas Éticos: Más preguntas que respuestas


Cada día vemos ejemplos donde la inteligencia humana se expande para dar vida a tecnologías más avanzadas, donde la inteligencia artificial (AI) + Internet de las cosas (IoT) + Big-Data, alcanzan el nivel de lo humano.
Pero varias situaciones me han hecho notar que las personas están siendo dejadas de lado de este desarrollo. Por eso se me ocurrió hablar de un concepto que llamo "Human Company".
Por eso queremos compartir un gran artículo, profundo y completo de Xavier Ferrás que integra los avances en Inteligencia Artificial con los desafíos éticos que implican y podrían emerger. Una aproximación a pensar la "Human Company". Es una lectura de 15 minutos que merece la pena, con la siempre recomendable pluma del maestro Ferrás.

Lic. Fernando Cerutti


Inteligencia Artificial y Dilemas Éticos: Más preguntas que respuestas

Introducción

Estos días se cumplen 100 años del nacimiento de Isaac Asimov, científico y escritor, considerado uno de los mejores divulgadores tecnológicos, y uno de los grandes genios de la ciencia ficción del pasado siglo. Asimov, junto con otros extraordinarios comunicadores como Carl Sagan (productor de la famosa serie Cosmos) dejaron una huella imborrable en varias generaciones de jóvenes que crecieron durante los años de la Guerra Fría, y se educaron fascinados por la potencia generadora de conocimiento y prosperidad que significaba la ciencia. Eran los años de la exploración espacial, de grandes liderazgos visionarios (como el de Kennedy prometiendo y cimentando la conquista de la Luna), y de sueños galácticos poblados por robots y humanoides. El descubrimiento de la teoría de la relatividad de Einstein marcó el inicio de esa era. Einstein mostró al mundo que viajar en el tiempo era teóricamente posible. Sus avances marcaron otro de los bloques constituyentes de la Guerra Fría: la energía nuclear. La investigación científica de frontera tenía un espíritu épico, similar al de los exploradores del siglo XVII. Requería situar al individuo más allá de las fronteras del conocimiento existente, para descubrir nuevos e inéditos principios físicos diseñados por la naturaleza. El marco de referencia era la competición tecnológica entre EEUU y la Unión Soviética. La era romántica de la ciencia ficción culminó con la magnífica superproducción de George Lucas, La Guerra de las Galaxias. Inmediatamente después, llegaron los ordenadores personales, la caída del Muro de Berlín, la globalización, e internet, y la dirección de la Historia cambió para siempre.

Conscientes de las profundas implicaciones de la tecnología en el devenir de las sociedades, esos grandes comunicadores fueron, además, extraordinarios humanistas. El propio Asimov fue presidente de la Asociación Americana de Humanismo. Y es que la llegada de nuevas oleadas de tecnologías disruptivas sitúa al individuo y a la sociedad ante situaciones que jamás se habían dado antes. Situaciones que tienen impacto profundo en trayectorias vitales y corporativas e, incluso, en vidas humanas. Asimov fue quien planteó el primer marco de relación humana con máquinas inteligentes y autónomas, nada menos que en 1942, anticipando una problemática que ha arreciado con la llegada de la inteligencia artificial (IA). Ese marco se concretaba en las llamadas “Tres Leyes de la Robótica”:
  1. Un robot jamás hará daño a un humano o, por inacción, jamás permitirá que un humano sufra daño
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si éstas entran en conflicto con la primera ley
  3. Un robot debe proteger su existencia, en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley
La situación, a principios de la segunda década del siglo XXI es más sencilla, y a la vez mucho más compleja que la que imaginó Asimov. Su futuro (nuestro presente), no ha sido el de un cosmos de galaxias pobladas por robots-humanoides a modo de tribus exóticas que conquistan un universo inexplorado. Seguimos en el planeta Tierra. Las misiones a la Luna acabaron en 1972, aunque China acaba de enviar una nave a su cara oculta, y amanece una nueva era de competición espacial entre EEUU y el gigante oriental.

La realidad es que la IA nos llega en modo de algoritmos, piezas de código informático, que se desparraman de forma ubicua por un universo digital que no está a años luz, sino que nos impregna en nuestra vida cotidiana. Estamos inmersos en un cosmos digital. Esos algoritmos han invadido nuestro entorno más cercano: se han adherido a nuestro teléfono, a nuestro automóvil, a nuestra nevera, a nuestros dispositivos médicos, a nuestra cámara fotográfica, a nuestra oficina o a nuestra línea de montaje. Grandes cerebros de hardware los actualizan y los hacen cada vez más inteligentes, no desde Andrómeda, sino desde clústeres tecnológicos concentrados en Palo Alto (California) o en Shenzen. Y esos algoritmos intangibles e imperceptibles aprenden de sí mismos, cada vez saben más de nosotros, cada vez pueden hacer más cosas de las que hacíamos nosotros en el pasado, y cada vez pueden hacer que hagamos cosas que antes no hacíamos. Esta realidad tan compleja e inesperada (incluso para Asimov) es la que tendremos que analizar y regular en los próximos años desde una perspectiva profundamente humanista. Los conflictos éticos se darán en diferentes dimensiones. En los siguientes apartados vamos a revisar algunas de ellas:



Decisiones autónomas

Una primera onda de choque derivada de la llegada masiva de la IA, que con toda probabilidad se va a producir en los años próximos, es la de la autonomía de las máquinas inteligentes. Las máquinas van a tomar decisiones autónomas cada vez más complejas, y con mayor impacto sobre organizaciones y trayectorias vitales. Se ha popularizado ya el dilema ético que conlleva la programación de sistemas autoconducidos. Ante un accidente imprevisto, una persona actúa de forma instintiva e inconsciente. No puede calcular las consecuencias de sus actos (como girar el volante y situarse en el carril contrario en la tesitura de evitar un atropello de alguien que aparece inesperadamente en la calzada). Pero un procesador de alta velocidad sí que puede hacer una proyección de daños, en todos los casos posibles. ¿Seguimos adelante y atropellamos a una familia? O, ¿damos un golpe de volante y colisionamos contra un automóvil que viene de frente, matando al ocupante de nuestro vehículo? De un modo implícito, la decisión está tomada por los departamentos de márketing: las marcas protegerán preferentemente a su cliente (a quien les paga), así que los vehículos atropellarán a los transeúntes. Los automóviles autoconducidos se anunciarán como absolutamente seguros (para sus ocupantes). El tema es mucho más complejo de lo que parece: ¿y si la persona atropellada es un niño o una mujer embarazada? ¿Y si quien cruza la calle lo hace saltándose un semáforo en rojo? ¿Debería eso ser un factor de mérito para ser “sacrificado”? ¿Y si el damnificado es un importante personaje público? ¿Y si algún algoritmo, de un modo u otro, decide tomar la decisión en base al perfil socioeconómico del potencial afectado? ¿Y si mata a quien tenga una menor aseguranza?

El MIT (Massachussets Institute of Technology) ha creado un centro de investigación, http://moralmachine.mit.eduhttp://moralmachine.mit.edu, que presenta dilemas morales asociados a la conducción autónoma, y que ya ha realizado 40 millones de encuestas on-line en más de 230 países y territorios. Según sus investigaciones, en casos como el presentado, los algoritmos deberían tomar las decisiones que salven mayor número de vidas, y preferentemente mayor número de vidas de niños. Sin embargo, existen significativas diferencias entre zonas geográficas y culturas en sus preferencias morales: hay países, por ejemplo, en los cuales se opta por salvar a los ancianos frente a los niños. La casuística, como vemos, es extremadamente compleja, y el proceso de conversión de la investigación que se lleva en curso en legislación (si es el caso), no será en modo alguno sencillo ni rápido.
  


IA en Salud

Los sistemas sanitarios también van a ser profundamente alterados por las nuevas tecnologías digitales. Si hay un campo abonado para los datos y la IA, éste es el de la salud. En base a nuestro genoma, ¿nos gustaría saber que, con una cierta desviación estadística, es probable que contraigamos un cáncer a una cierta edad? O, en base a grandes series de datos de individuos con historiales clínicos similares, ¿podríamos saber la fecha aproximada de nuestra muerte? Por otro lado, ¿qué pasaría en el caso de que una máquina tome decisiones autónomas sobre ámbitos de salud humana? Técnicamente, parece evidente que un robot de alta precisión podría realizar una operación quirúrgica con mayores probabilidades de éxito que un humano. De hecho, los humanos requieren procesos de aprendizaje que, en el caso de la medicina, se deben realizar sobre pacientes reales. Se aprende a operar operando, por más simulaciones, estudios u operaciones previas sobre animales que se hayan hecho. Y, en la primera operación crítica, a un humano siempre le tiembla la mano. Un robot evitaría esas curvas de aprendizaje: no se pondría nervioso en la primera operación. Pero, ¿un paciente permitiría ser operado en una intervención a vida o muerte por una máquina totalmente autónoma? ¿Podría una máquina reaccionar ante acontecimientos imprevistos? ¿Tendría intuición y capacidad de improvisación? Obviamente, no. Sin embargo, el campo de la salud es uno de los grandes ámbitos de actuación inmediata de las grandes plataformas digitales. Tardaremos en ser operados por máquinas autónomas, pero quizá no falte tanto tiempo para que Alexa nos diagnostique una gripe, y nos prescriba los medicamentos necesarios.




Empresas autoconducidas

Hablamos de vehículos autoconducidos, pero, ¿y si creáramos empresas autoconducidas? Subimos a nuestro coche y, ya sin preocuparnos, una voz dirigida por GPS y sintetizada por una interfaz de Google nos indica el camino. Lo vemos natural (la tecnología tiene ese curioso efecto psicológico: dispositivos disruptivos, que rozan la ciencia ficción, se perciben como obvios y habituales -se dan por descontados. una vez los hemos empezado a utilizar). Aunque parezca contraintuitivo, será más sencillo sustituir a un director de una sucursal bancaria que al personal de limpieza de dicha entidad. El primero debe tomar decisiones sobre inversiones, que de forma cada vez más eficiente podrán ser tomadas por algoritmos, los cuales tendrán múltiples ventajas sobre los humanos: son a coste marginal cero (una vez entrenado el algoritmo, una decisión más no incrementa los costes de la organización), son mucho más rápidos, responden sólo a razones racionales y objetivas, trabajan de forma permanente, y son capaces de analizar millones de datos (externos e internos: condiciones macroeconómicas, perfil de riesgo de la inversión, histórico de las empresas invertidas, exigencias de objetivos corporativos, etc.). Por el contrario, un sistema de limpieza debería ser sustituido por un dispositivo mecatrónico (más complejo, más caro -no responde a coste marginal cero, hay que comprar un robot-, y cuya eficiencia mecánica en todas las situaciones posibles no está garantizada).

Las posiciones de management, por tanto, son susceptibles de ser desarrolladas por máquinas. ¿Podría una empresa “autoconducirse”? ¿Podría gobernarse una empresa a través de una estructura de management algorítmica? En algunas funciones, parece cada vez más evidente, como en el caso del análisis financiero o de inversiones. Ya en 2014 la empresa de capital riesgo Deep Knowledge Ventures, con base en Hong Kong y especializada en inversiones biotech “incorporó” un algoritmo en su consejo de dirección. El programa tenía derecho de voto sobre decisiones de inversión. Aunque el momento era prematuro, y la operación se propagó mediáticamente (quizá, en parte, era un reclamo de posicionamiento de la empresa), la idea noes descabellada. El algoritmo analizaba en profundidad la información financiera disponible, y rastreaba en el histórico de datos de la empresa a ser invertida en busca de patrones de decisión certeros. ¿Sería posible escalar los algoritmos autónomos a funciones de alta dirección? ¿Podríamos tener un director general digital? Teóricamente sí: un algoritmo que analizara de forma constante parámetros de evolución económica, e indicadores internos; y tomara decisiones y lanzara directivas para conseguir los objetivos corporativos deseados. Estudios del MIT, incluso, llegan a la conclusión de que los empleados podrían ser más felices con un director, o, en general, un jefe electrónico. Sólo existe, en mi opinión, un condicionante que evitará este escenario: al final, siempre alguien deberá ser responsable de las decisiones tomadas (ante los accionistas, ante la propiedad, ante los acreedores, ante la sociedad o ante la ley). En management sabemos que un directivo puede delegarlo todo, excepto la responsabilidad de sus actos. Y queda mucho camino, si es que se llega a este punto, para que las máquinas desarrollen sentido de la responsabilidad y asuman responsabilidades. Si se quiere, falta mucho para que la IA tenga temor al castigo (económico o incluso penal) ante un acto irresponsable. Ello me hace pensar que durante mucho tiempo, las máquinas seguirán constituyendo cada vez más certeros sistemas de apoyo a la toma de decisiones. Pero la responsabilidad (y, por tanto, la última palabra en la decisión), seguirá siendo humana). La responsabilidad será la última gran reserva de management humano en un mundo gobernado por cerebros electrónicos. La IA constituirá un gran elemento de soporte, sumando inteligencias de máquina y humanas. En palabras de un profesor del MIT “los directivos no serán reemplazados por la IA, pero aquéllos que no dominen la IA sí que serán sustituidos por otros que la dominen”.
  


Armas basadas en IA

Stuart Russell, profesor de ciencias de computación en Berkeley realizó en 2017 un vídeo de ficción, Slaughterbots (algo así como “robots carniceros”), para sensibilizar a las Naciones Unidas sobre la necesidad de prohibir las armas autónomas basadas en IA. En el video se visualizaba cómo un enjambre de miles de pequeños drones dotados de sistemas de reconocimiento facial era liberado sobre una ciudad, asesinando selectivamente a sus habitantes. Los drones se situaban sobre la potencial víctima, la reconocían, y, si optaban por asesinarla, se colocaban sobre su cabeza y hacían volar una pequeña carga explosiva. Un sistema de este tipo mataría selectivamente: todos los varones mayores de 18 años, todos los de una determinada ideología (el algoritmo podría inducir, en base a la información recabada instantáneamente en redes, las opciones políticas de la víctima), o todos los de una determinada etnia. Los drones actuaban cooperativamente, de modo que se agrupaban y hacían explotar cargas mayores para acceder a edificios determinados. “Las armas nucleares han quedado obsoletas”, según Russell. El uso de la IA abre la puerta a nuevos escenarios bélicos. “El campo de batalla no es un lugar para los humanos”, en palabras de Annie Jacobsen, autora del libro DARPA: The Pentagon’s Brain, en relación a los avances tecnológicos en armas autónomas que desarrolla DARPA, la agencia de investigación en proyectos de defensa de EEUU.
 



La paradoja de Polanyi

Las máquinas van a tener capacidad creciente de decisión autónoma. La potencia de las nuevas generaciones de IA reside en su capacidad de aprendizaje de la experiencia. La máquina aprende a medida que experimenta (en el llamado proceso de machine learning). Su lógica interna es modificada dinámicamente a medida que acumula y evalúa más datos. Sin embargo, esta fortaleza tecnológica es también su mayor debilidad: los algoritmos son cada vez más certeros en sus análisis, porque aprenden de forma autónoma, pero si se equivocan, no sabemos a qué se debe ese error. En la vieja lógica de los sistemas de información, un programador humanoideaba un árbol de decisiones que codificaba en un programario, que era transferido a una máquina. La máquina, en el fondo, ejecutaba como un autómata el circuito lógico definido por el humano. Ahora ya no es así: la máquina modifica su propio software, hasta el punto de que el programador humano pierde de vista el proceso lógico que sigue el algoritmo para tomar una decisión. De hecho, precisamente esto hace a la máquina más humana. Es la famosa paradoja de Polanyi, filósofo austríaco que se dio cuenta de que somos capaces de hacer cosas que no podemos explicar. Por ejemplo, reconocer a un bebé (nuestro hijo), entre docenas de bebés muy parecidos. O reconocer a un viejo amigo al que encontramos por la calle, y que no hemos visto en 25 años. No hay árbol de decisión parametrizado, ni proceso lógico que lo explique. No podemos transferir ese conocimiento a una máquina de ninguna manera (no podemos programar “tu amigo es un individuo de pelo negro, cuyas dimensiones faciales son 32 x 18...”). Simplemente lo reconocemos por experiencia, porque de un modo u otro en nuestro cerebro se ha grabado su patrón facial. Así aprenden también las máquinas, mediante acumulación de conocimiento experto. No hay un circuito lógico, no hay árbol de decisión trazable en la IA. Por tanto, si la máquina se equivoca en una decisión crítica, no podremos saber por qué se comete ese error.



Interacción persona-máquina

En el congreso tecnológico Dúplex I/O de 2018, el CEO de Google, Sundar Pichai presentó un sistema de síntesis de voz al que puso a prueba en tiempo real: le pidió a una máquina que llamara a una peluquería y que le reservara hora. El sistema lo hizo, estableció una conversación con la responsable que la atendió al teléfono, y negoció la hora. La peluquera no se dio cuenta de que estaba hablando con una máquina. El sistema digital de Google superó el llamado “test de Türing” (matemático británico considerado uno de los padres de la IA), según el cual llegaría un día en que hablaríamos con una máquina sin darnos cuenta de que es una máquina. Y esto nos lleva a un nuevo dilema: si los sistemas se perfeccionan al nivel de sintetizar la voz humana de forma indistinguible de la real, ¿debería el sistema declarar de forma anticipada que es un robot? De lo contrario, podríamos tener algoritmos programados en servidores que, 24 horas al día, 7 días a la semana, estén realizando llamadas comerciales a coste marginal cero (una llamada más no tiene coste para el algoritmo). Un algoritmo entrenado para la interacción comercial podría atender, simultáneamente, cientos o miles de clientes en oficinas bancarias.

Los sistemas de voz parece que serán los nuevos entornos operativos digitales. Si inicialmente los computadores eran gobernados por un sistema operativo interno, las siguientes generaciones de smartphones y los ecosistemas móviles se desarrollaron sobre sistemas operativos visuales, orientados a la venta a través de apps (aplicaciones) y ads (anuncios visuales). Ahora parece que el futuro se va a gobernar por sistemas inmersivos de interacción por voz. Hablaremos con las máquinas, que cada vez dispondrán de mayor inteligencia emocional conferida por sus motores de IA. La avanzadilla la conforman dispositivos como Alexa, de Amazon, interfases de voz que en un breve tiempo posiblemente nos eviten los incómodos teclados. La apuesta de Amazon por la IA es incontestable: su presupuesto de I+D (el mayor del mundo) es de 22.000 M$. Baste decir que el esfuerzo conjunto de la economía española en I+D (a nivel público y privado) es inferior, de unos 19.000 M$. Amazon invierte en I+D más que el conjunto de la economía española, y lo hace de forma estructurada y dirigida hacia dispositivos de IA que maximicen sus ventas en canales on-line o en canales de voz. Los altavoces inteligentes, o, en un paso posterior, los bots digitales en forma de avatar (“humanos digitales”) analizarán nuestro lenguaje verbal y no verbal (mediante cámaras de visión artificial), y estarán entrenados para determinar el mejor momento de venta, nuestra predisposición a la compra ono, los atributos que más nos atraen... Si Amazon consigue introducir dispositivos Alexa en cualquier canal comercial, quizá nuestros clientes dejen de hablar con nosotros y empiecen negociar con Alexa. Si es así, Amazon se convertirá realmente en el gran Amazonas, el gran río de ventas que lo colecta todo, según la visión original de su fundador, Jeff Bezos.



Sustitución de personas por máquinas

En la perspectiva macroeconómica, las derivadas de los dilemas anteriores son evidentes: ¿Va a haber una sustitución masiva de personas por máquinas? ¿Nos enfrentamos a una jobless society (una sociedad sin trabajo)? ¿Estamos creando una useless class (una clase inútil, sin sentido económico), en palabras del historiador Yuval Noah Harari?




Brian Arthur, profesor de Stanford, anuncia la llegada de la “Era Distributiva”: en un mundo de rápido cambio tecnológico, donde la tecnología podría permitir un escenario de abundancia, el problema ya no es la Producción, sino la Distribución. Arthur declara el final de la Era Industrial, e identifica el principal problema de la nueva época: el sistema sabe cómo crear riqueza, pero no sabe cómo distribuirla. Los nuevos modelos de negocio digitales, encabezados por las grandes plataformas (Apple, Google, Facebook, Amazon y Microsoft, entre otras), tienen una gran capacidad de generación de riqueza, pero no crean empleos como antes. La vieja economía industrial era intensiva en empleos estables, en el marco de cadenas de valor territoriales, que al final consolidaban clases medias que sustentaban sistemas democráticos. Ahora, según Arthur, se genera una “Segunda Economía”, una economía virtual, externalizada a la red, que opera bajo dinámicas de coste marginal cero y que llevan a dominios monopolísticos (en los cuales, “el ganador se lo lleva todo”). De un modo u otro, la economía internacional está siendo succionada por las redes informáticas, mientras los individuos se quedan fuera.

¿Es posible que las personas perdamos nuestro sentido económico? La digitalización rompe el círculo virtuoso del capitalismo industrial, inaugurado por Henry Ford a principios del Siglo XX: las fábricas creaban productos, que eran vendidos en los mercados a individuos que trabajaban en las fábricas (y debían ganar un salario digno para poder comprar esos productos). Si las personas son sustituidas por algoritmos y robots en las fábricas, ¿quién comprará los productos que permitan que el círculo virtuoso de sistema capitalista siga funcionando?

Todo parece indicar que la sustitución de personas por máquinas se acelerará en los próximos años. Según prospectivas de la Universidad de Oxford, hacia 2066 toda tarea humana podría ser ejecutada por sistemas digitales o mecatrónicos (incluidas tareas complejas y creativas como la investigación científica o la escritura de best-sellers para el New York Times). Si esto es así, el sistema capitalista deberá introducir importantes innovaciones sociales para mantenerse. La alternativa, el colapso del sistema y la posible extensión de populismos y neofascismos.

Una solución que se ha popularizado en los últimos tiempos es la Renta Básica Universal (RBU). Ésta sería una renta incondicional (concedida independientemente del nivel de renta del individuo), y básica (que impidiera caer bajo el nivel de pobreza). Se propone, precisamente, en el seno de los foros tecnológicos de Silicon Valley (aunque es una idea que se remonta al Renacimiento), y es defendida por gurús de la innovación (Mark Zuckerberg – Facebook-, Bill Gates -Microsoft- o Elon Musk -Tesla-), o científicos como el recientemente fallecido Stephen Hawking. Silicon Valley, de hecho, según Thomas Picketty (autor de El Capital en el Siglo XXI) es uno de los lugares con mayor desigualdad de la historia y del planeta. En EEUU, los salarios se han mantenido aproximadamente igual, descontando la inflación, desde 1975, pese al intenso cambio tecnológico que se ha producido. Se genera riqueza (el conjunto de ingresos de los hogares norteamericanos es de alrededor de 8 billones brutos anuales), lo que daría para unos ingresos de alrededor de 80.000 $ anuales por hogar. Pero 40 millones de norteamericanos viven en la pobreza.

La RBU es una idea que merece ser analizada serenamente. La hipótesis de partida es situarnos en el seno de sociedades avanzadas, cultas y con sólidas economías basadas en conocimiento, pero cuyo grado de digitalización y automatización dificulte la distribución de la riqueza mediante mecanismos salariales, como en la vieja economía industrial. En ese entorno, la RBU propugna distribuir parte de la riqueza nacional de una economía, como si de una cooperativa se tratara. Las fuentes de esa riqueza no serían los recursos naturales (como ocurre ya en países como Noruega), sino el talento y la tecnología desarrollada por las naciones. Existen defensores y detractores en todo el espectro político. Para pensadores de izquierdas, la RBU significaría la abolición directa de la pobreza. Para filósofos liberales, un instrumento de libertad personal (nadie es libre si está sometido a la tiranía de la pobreza). Para algunos conservadores, un elemento sustitutivo de sistemas de bienestar social ineficientes y sobrecargados de costes indirectos asociados al control, y de incentivos perversos que crean trampas de pobreza (tengo una renta porque soy pobre, y no salgo de la pobreza porque no quiero perder la renta). Incluso a las ultraconservadoras norteamericanas la defienden como salvaguarda ante una posible revolución global.

Por supuesto, existen también fuertes detractores, que critican su elevado coste (una RBU real es imposible hoy en cualquier economía), la desincentivación del trabajo, o los posibles efectos de inflación o llamada. Y, algunos, argumentan también una razón moral: ¿es moralmente justo distribuir una renta entre individuos que opten entonces por renunciar al trabajo? Aunque, el contraargumento es sencillo: ¿es moralmente justo condenar a la pobreza a quien necesite trabajar y no encuentre trabajo?
 
 
Sistemas distópicos

¿Amenaza la IA la democracia? Quizá, no sólo por la extensión de la desigualdad que generan los sistemas de negocio que lideran la economía digital, sino también por la posibilidad de estructurar sistemas tecnocráticos o autocráticos, o por la posibilidad de manipular la opinión pública a través de sistemas de datos. Es conocido el escándalo de Cambridge Analytics, según el cual datos recogidos de Facebook permitían deducir la sensibilidad política del individuo, e inyectar material político en las redes para decantar sus votos. Las propias redes sociales son campos de extremos: en un mundo de abundancia de información, tendemos a seleccionar aquélla que nos es ideológicamente próxima. Visitamos foros y opiniones que nos gustan, reforzando nuestros planteamientos ideológicos. Twitter es terreno abonado para extremistas, y campo de formación y entreno de radicales e intolerantes.

La emergencia de China (una suerte de autocracia automatizada) es un ejemplo que está cambiando el orden mundial. China ha realizado una apuesta estratégica por la IA, y posee ventajas competitivas indudables: la posibilidad de planificar en el largo plazo, la disposición de inversiones masivas, y la gestión de flujos de datos insuperables, provenientes de sus ciudadanos. Hoy China está desplegando sistemas de control big data basados en reconocimiento facial, posicionamiento, y algoritmos de IA para crear ránkings sociales. Cada ciudadano tiene una puntuación dinámica, generada a través de datos de su comportamiento y hábitos: resultados académicos, evaluaciones profesionales, informes médicos, comentarios en las redes sociales, tipos de productos que adquiere... Y su puntuación le da acceso automático (o deniega) servicios sociales, autorizaciones administrativas, o matrículas académicas. El mundo de la abundancia tecnológica puede ser distópico en lugar de utópico.

Las distopias bajan al nivel de las propuestas de valor empresariales cuando entra en juego la IA. Nos venderán dispositivos cada vez más humanizados. Hoy existen startups que ofrecen realizar un clon digital de nosotros mismos. Aprender de nosotros, leer nuestros mails, registrar nuestra memoria, mimetizar nuestro temperamento, almacenar nuestros documentos gráficos, conformar nuestra cara en un avatar digital, imitar nuestra voz e interactuar con terceros con inteligencia emocional como si fuéramos nosotros mismos. De tal manera que, cuando muramos, nuestros hijos puedan hablar con nuestro avatar digital, un resto informacional inteligente de nosotros. ¿Sería eso algo así como un resto mortal de una persona? ¿Qué tratamiento legal debería tener, si es que debemos darle tratamiento legal?



Superación de las personas por las máquinas

El cerebro humano es un computador biológico formado por unos 100.000 millones de neuronas, cada una con unas mil conexiones sinápticas a otras neuronas. Si se sigue cumpliendo la famosa Ley de Moore (según la cual cada año y medio aproximadamente se dobla la capacidad de integración de dispositivos electrónicos en un sistema integrado), hacia 2040 existirán chips con la densidad de conexión de un cerebro humano. Intel o Microsoft ya se han lanzado al desarrollo de arquitecturas de silicio que imiten el cerebro humano. De hecho, los sistemas de IA se basan en hardware inspirado en el funcionamiento del cerebro (las famosas redes neuronales). Estas aproximaciones han hecho posible el desarrollo de sistemas electrónicos con capacidades cognitivas (de interpretación de la voz, de texto o de imágenes). Sabemos generar IA a imagen de la inteligencia humana. Pero no sabemos si esa inteligencia derivará en consciencia artificial. ¿Llegará una máquina a darse cuenta de que existe? La ciencia, hoy, no tiene claro cómo y dónde emerge la consciencia. En un momento dado, un cúmulo de neuronas genera un patrón superior y se da cuenta de que existe. Y es un misterio cómo se produce ese fenómeno. Parece que la cantidad de neuronas conectadas, y las interacciones que generan hace aparecer un patrón superior, como los pixels de una fotografía hacen emerger un paisaje. Y, si las máquinas generan consciencia, posiblemente entonces generen también sentimientos. ¿Puede un algoritmo tener ego, envidia, amar u odiar?

¿Somos algoritmos biológicos? ¿Es el cerebro sólo una máquina? Porque si es así, algún día las máquinas serán como nuestros cerebros, y deberían generar algún tipo de consciencia. Pero quizá no seamos sólo máquinas. Quizá existe algo más, algo intangible, etéreo y quizá inmortal llamado alma. Si los humanos somos más que simples máquinas, si existe un alma, entonces una máquina jamás será como nosotros. El progreso de la tecnología y la ley de Moore están en los albores de determinar finalmente quiénes somos.

Los grandes desafíos que genera la IA van mucho más allá de la investigación científica, la innovación tecnológica y sus aplicaciones prácticas en la economía. Como hemos visto, se plantean profundísimos dilemas éticos que deberán revestirse de un marco regulatorio sensato y eficiente. Conscientes de ello, las grandes marcas líderes en el ámbito (inicialmente IBM, Amazon, Apple, Google, Facebook y Microsoft, y ahora muchas más) crearon en 2016 un consorcio de investigación y debate sobre las implicaciones éticas de la IA (partnershiponai.org). Probablemente veamos emerger sistemas de certificación y calidad ética de nuestros sistemas de información. Los años que se presentan son tan apasionantes como inquietantes. Esperemos que sepamos articular los foros de reflexión, los mecanismos y los liderazgos que permitan que el futuro ofrezca tantas posibilidades como la revolución tecnológica realmente posibilita, un futuro digno y justo para todos por primera vez en la historia de la humanidad.





Autor: Xavier Ferrás
Fuente: Barómetro de Ética e Inteligencia Artificial https://eticainteligenciaartificial.com/inteligencia-artificial-y-dilemas-eticos/


28 de marzo de 2020

La Ética de la Precaución

Nassim Nicholas Taleb es un pensador que hemos traido en varias ocasiones a este blog y nuestros programas. El riesgo es su terreno natural y cómo lidiamos con él su preocupación. Dos premisas clave que suele tratar para referirse a los riesgos son la ética y lo sistémico y a ellas recurre para escribir un breve paper salido los últimos días. En tiempos de pandemias, qué decisiones son éticas para uno y para los demás, qué es racional y qué es irracional, conviene sobre-reaccionar o tomar decisiones bien sopesadas una vez que se muestre más información. 

La traducción a continuación viene a destacar el valor de la ética de la precaución y cómo nos protegemos a nosotros y al mundo actuando más allá de nuestros beneficios inmediatos y de lo que hoy sería racional.




La ética de la precaución: riesgo individual y sistémico

 

Las decisiones precautorias no escalan. La seguridad colectiva puede requerir una evitación excesiva del riesgo individual, incluso si entra en conflicto con los propios intereses y beneficios del individuo. Puede requerir que una persona se preocupe por los riesgos que son relativamente insignificantes.

Asuma el riesgo de una epidemia viral multiplicativa, incluso en sus primeras etapas. El riesgo para un individuo de agarrarse el virus es muy bajo, más bajo que otras dolencias. Por lo tanto, es "irracional" entrar en pánico (reaccionar inmediatamente y como prioridad). Pero si ella o él no entran en pánico y actúan de manera ultraconservadora, contribuirán a la propagación del virus y se convertirán en una fuente severa de daño sistémico.

Por lo tanto, uno debe "entrar en pánico" individualmente (es decir, producir lo que parece una respuesta exagerada) para evitar problemas sistémicos, incluso cuando la recompensa individual inmediata no parezca justificarlo.

Está dañando a otros al no "sobre-reaccionar".

Esto sucede cuando el riesgo sistémico es pequeño para el individuo pero común a todos, mientras que otros riesgos idiosincrásicos de un individuo dominan su propia vida. El riesgo de un accidente automovilístico puede ser mayor para un individual, pero menor para la sociedad.

En tales condiciones, se vuelve egoísta, incluso psicopático, actuar de acuerdo a lo que se llama comportamiento "racional": hacer nuestros propios e inmediatos rankings de conflicto de riesgo con los de la sociedad, incluso genera riesgos para la sociedad. Esto es similar a otras tragedias de los comunes, excepto que hay vida y muerte.

En breve terminará dañándose a usted mismo al ignorar estos riesgos "irracionales".

Además, hay un trade-off de corto vs largo plazo para el riesgo idiosincrásico. A la larga, hay una convergencia entre idiosincrásico y sistémico: su riesgo aumenta si todos los demás están infectados y los riesgos de supervivencia por otras enfermedades caen.

Por ejemplo, durante una pandemia que mayormente perdona a individuos jóvenes y sanos, una emergencia independiente que normalmente sería rutina puede convertirse en intratable debido a la falta de recursos. Incluso más, en condiciones de ruptura social severa, muchos riesgos adicionales surgirán para todos los agentes que no pueden ser reducidos al riesgo inicial de infección a corto plazo para el individuo.

En el brote actual de COVID-19, tales efectos se puede observar por una inundación completa de hospitales y sus UCIs a medida que se producen brotes locales. Este y otros umbrales menos visibles cambian la dinámica de la pandemia a medida que se superan. Inicialmente, los riesgos pequeños se amplifican y producen riesgos nuevos e imprevistos a medida que el contagio produce impactos en todo el sistema.
 
La precaución escala de forma convexa para pequeños riesgos idiosincrásicos interdependientes que terminan siendo dinámicamente muy grandes a nivel sistémico.

Por estos motivos, el curso prudente y ético de acción para todos los individuos es promulgar la precaución sistémica a escala individual y local. El quiebre de la separación de escala que un contagio multiplicativo induce conecta al individuo con el colectivo, haciendo que todos sean potenciales portadores y fuentes de riesgo.


Autores: Nassim Nicholas Taleb y Joseph Norman
Fuente: New England Complex Systems Institute, School of Engineering, New York University https://www.academia.edu/42223846/Ethics_of_Precaution_Individual_and_Systemic_Risk

13 de enero de 2020

DIDIE 2020: Diplomatura Internacional en Direccion Innovadora de Empresas - marzo Buenos Aires

Queremos contarles que estamos abriendo una nueva edición de nuestro más reciente proyecto académico, convocados por la UCES. Se trata de una propuesta de aprendizaje renovada y enfocada en desafíos urgentes. 

En marzo estamos abriendo la DIDIE: Diplomatura Internacional en Dirección Innovadora de Empresas, en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES)



La DIDIE es un programa súper-intensivo, de 1 semana de duración, enfocado en innovar en la forma de pensar y hacer Management, Estrategia y Marketing, aplicables a distintos tipos de empresas y contextos y con un perfil latinoamericano.

Es una diplomatura inmersiva que le enseñará cómo motorizarse hacia otros escenarios con una metodología ágil y holística para la gestión. Por su formato intensivo está orientado a empresarios, gerentes y profesionales que viven lejos de los grandes centros educativos o que tienen calendarios muy variables, lo cual les dificulta comprometerse con un programa de larga duración. En estos tipo de cursos ya hemos tenido alumnos de 18 países. 

Creemos que un desarrollo caótico como el de los actuales escenarios exige Aprendizaje continuo, exige avanzar, variar y comprometerse, exige Innovación en cada aspecto de la empresa.



Estaremos dictando la DIDIE a partir del 16 de marzo y se cursará de lunes a viernes de 9 a 18 hs., en la sede céntrica de la UCES.


Se puede solicitar mayor información haciendo click aquí


Fecha y Lugar:
  • 16 al 20 de marzo de 2020
  • Lunes a viernes de 9 a 18 hs
  • Paraná 817, Buenos Aires

Perfiles de los Participantes:
  • Empresarios que buscan proyectar globalmente sus organizaciones.
  • Gerentes aspirantes a puestos de alcance internacional y/o responsabilidad de negocios.
  • Profesionales de diversas carreras que enfrentan decisiones estratégicas cotidianamente.

Objetivos:
  • Gestionar la Empresa en el paradigma 2.0.
  • Desarrollar Estrategias de Negocios innovadoras.
  • Analizar activamente a la Competencia y los Clientes.
  • Promover un Liderazgo participativo, consciente y facilitador.
  • Incorporar Tecnologías que habiliten la Digitalización.
  • Concebir al Marketing como filosofía estratégica.
  • Involucrar a los Equipos en la Gestión del Cambio. 
  • Desarrollarse como Empresarios y Gerentes Ágiles.
  • Transitar productiva y humanamente los Procesos de Transformación.
  • Aprender mediante el análisis de Casos, el debate grupal y las metodologías participativas.
Foto tomada con todo el grupo de la DIDIE marzo 2019 en la entrada de la sede de la Universidad UCES




Módulos:
  1. Innovación y Estrategia.
  2. Innovación Mercado.
  3. Innovación y Compromiso.
  4. Innovación y Agilidad.
  5. Innovación y Digital.

Beneficios para alumnos:
  • Acceso a un reservorio digital con materiales completos de cursada y de estudio y recuerdos de la experiencia.
  • Todos los materiales impresos de uso en el aula.
  • Tutoria pre y post-cursado, a cargo de los responsables académicos.
  • E-books de regalo para los alumnos.
  • Conectividad WIFI gratuita en el edificio de la Universidad.
  • Refrigerios durante el horario de cursada.
  • Beneficios económicos en futuras capacitaciones en la Universidad.
  • Alojamientos sugeridos cercanos, diversos y a precios promocionales.
  • Recomendaciones de actividades en la ciudad de Buenos Aires: artísticas, gastronómicas, deportivas, culturales, de entretenimiento. 


Solicite el programa completo y la ficha para inscribirse haciendo click aquí





Ver más información en http://www.uces.edu.ar/carreras-escuela-negocios/negocios/diplomatura-internacional-direccion-innovadora-empresas-2/

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Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales
Escuela de Negocios
Paraguay 1338, Buenos Aires, Argentina
Email: management@uces.edu.ar

17 de diciembre de 2019

Quienes hacen las cosas bien están en problemas

Compartimos la entrevista que le realizaran a Mariano Morresi en Revista Plus, de Paraguay. Una oportunidad de conversar sobre Innovación y pensar cómo aplicar a negocios y dirección, para potenciar y enriquecer una gestión innovadora.

“Quienes hacen las cosas bien, como rezan los manuales y máximas del management, están en problemas”

Existe una manera etimológica y una empresarial de redefinir la innovación estratégica, que se cruzan y potencian. En primer lugar si analizamos los componentes léxicos podemos ver cómo en «in», «novus» y «ción» se esconden claves para transformar la comprensión y la aplicación de la innovación. Y estas son bases para empezar a darle un sentido de negocios. - Mariano Morresi

Corresponde ver dónde vamos a introducir innovación; en ideas, en estrategias o en empresas/negocios nuevos. Luego debemos considerar cuándo algo es innovador y cómo se distingue de lo novedoso. Y en tercer lugar es importante saber que, para que sea innovación debe ser realizado y validado por resultados en el mercado. Por lo tanto no es un invento o un pasatiempo.

Sólo con esta base etimológica podemos comenzar a hacer realidad una innovación simple y poderosa para lograr cambios en las realidades de empresas y emprendedores.



PLUS: ¿Cuál es la diferencia entre innovación estratégica y estrategia innovadora?

Mariano Morresi:
Lo correcto es hablar de innovación estratégica, porque indica el carácter de la innovación que estamos ejecutando. Y la distingue de otras innovaciones, como pueden ser la operativa, la de producto y la de gestión.

Cuando se basa en el modelo de negocios, vinculando recursos, clientes y resultados, hablamos de innovación estratégica. Es la que apunta a la generación de negocios, enfoca el largo plazo y tiene en cuenta los impactos sobre toda la organización.

La estrategia innovadora es una estrategia que, para el contexto donde va aplicarse, representa innovación. Esto quiere decir, no necesariamente debe ser algo que no se haya hecho nunca, sino que para ese sector, país, segmento o incluso la propia empresa, sea nueva. Pero además de nueva debe ser útil, deseable y valiosa para quien la aprovechará y para quién la lanzará.

Y finalmente no será innovadora porque lo digamos. Primero debe hacerse, pasar a la acción, y luego ser validada por el mercado con sus decisiones y por los resultados en forma de valor económico, financiero, social y/o ambiental.


PLUS: ¿Cómo balancear los esfuerzos innovadores?

Mariano Morresi:
Hay muchos caminos posibles donde pueden diluirse y fragmentarse los esfuerzos que haga una empresa para innovar. Para analizar cómo equilibrar y combinar los proyectos innovadores de la organización puede utilizarse una herramienta como el radar de innovación.

Es posible catalogar los proyectos según apunten al qué, el cómo, el quién y el dónde. Es decir; la oferta, los procesos, los clientes y la presencia. Pueden utilizarse para analizar los proyectos realizados en los últimos 1/3 años y para vislumbrar los proyectos en marcha o planeados para los próximos 1/3 años.

De este modo verificar el balance entre ellos, e incluso conectarlos con los esfuerzos que están haciendo los competidores. Es una herramienta útil de management de la innovación con una perspectiva global e integradora.


PLUS: ¿A qué se refiere el pensamiento diseño + comunicación?

Mariano Morresi:
El pensamiento de diseño + comunicación es una mentalidad sobre cómo encarar la innovación que une la concepción, el desarrollo y la presentación.

En las fases previas a que se produzcan objetos de innovación (procesos, productos, negocios), hay que entender y observar empatizando con el receptor. Luego definir el problema para darle un marco. A continuación se generan ideas que son hipótesis de soluciones a ese problema. Se pasa realizar distintos tipos de prototipos que nos permitan testear a menor costo y en menor tiempo si las hipótesis fueron válidas. 


Todo este proceso no es lineal sino que es sistémico y con varias idas y vueltas, siendo la comunicación abierta, tanto interna como externa, clave para crear, probar y aprender del modo más magro y ágil posible. 
Este pensamiento va más allá de la innovación estratégica y podemos aplicarlo a toda actividad creativa, para resolver problemas y generar o aprovechar oportunidades.

PLUS: ¿Cuáles son los procesos de cambio de técnicas creativas a culturas innovadoras?

Mariano Morresi:
Estamos acostumbrados a aprender técnicas creativas e incluso las aplicamos en ocasiones y logramos resultados distintos. Pero como implican entender la creatividad como un acto, suelen quedarse en la nada y generalmente sirven más para distenderse e integrar el grupo, que para producir cambios en los equipos. Por eso el desafío es pasar de técnicas creativas y aplicaciones puntuales, a culturas que innoven. 


Que el ADN de la empresa incorpore la innovación, que la respuesta a cómo hacemos las cosas aquí sea innovadoramente. Para eso el liderazgo, las agendas, los espacios y los incentivos deben impulsar, reconocer y permitir lo nuevo, lo distinto y lo fuera de norma. Y hacerlo con continuidad, más allá de los errores. La gestión de la innovación no es una metodología, sino una cultura que se crea como forma de ser.


PLUS: ¿A qué se refiere el dilema del innovador?

Mariano Morresi: 
Quienes hacen las cosas bien, como rezan los manuales y máximas del management, están en problemas. Porque mejorar la calidad, satisfacer más al cliente y crecer, empiezan a alejar a las empresas de los requerimientos y expectativas de los clientes, en especial de la gama baja y luego del segmento masivo.

Así queda espacio para empresas y emprendedores que no la hacen del todo bien o son bastante imprecisos, pero ganan por estar más cerca del mercado a precios competitivos y sin presiones por crecer. Los «malos» le ganan a los «buenos» porque estos hicieron las cosas bien. Y entonces, sabiendo esto, los líderes se encuentran frente al dilema de cómo y para qué innovar, si los riesgos vienen de quienes no tienen tanta eficiencia, calidad, orientación al cliente o prestigio de marca, de los que son pequeños o recientes o no cumplen con las reglas del juego. 


Por eso la innovación estratégica excede a un negocio o una empresa y debe pensarse desde modelos de negocios que se retroalimenten corporativamente.


PLUS: ¿Cómo encaja producto-mercado y qué significa empatía con el cliente?

Mariano Morresi:
Encaje producto-mercado y empatía con el cliente son dos modelos de innovación, que están vinculados entre sí y permiten desarrollar la innovación desde la comprensión y solución a los clientes.

El mapa de empatía posibilita entender distintos aspectos del contexto del consumidor o comprador; qué ve, qué oye, qué piensa, qué siente, qué dice, qué hace, qué obstáculos debe atravesar y qué resultados quiere lograr. Todo esto permite ponerse en la situación del cliente, antes de hablar del producto, la solución o las necesidades.

De todo este conocimiento uno puede vislumbrar o hipotetizar trabajos que busquen resolver los clientes y qué beneficios y dolores tiene añadidos. De allí, la propuesta de valor será la solución en forma de productos/servicios con ciertos mejoradores y aliviadores agregados o comunicados. El valor está en este encaje, sobre el cual debemos realizar una continua ida y vuelta hasta que fluya y encastre cómodamente.


PLUS: ¿Cuál es su opinión acerca de la innovación estratégica y su metodología?

Mariano Morresi:
 
Hay varias metodologías que permiten diseñar y ejecutar la innovación estratégica. Esta es la innovación que crea valor para la empresa basado en el valor para el cliente (y para que sea sostenible generando valor social-ambiental).

En principio, me gusta trabajar con océanos azules para encontrar variables de valor y posicionamiento, y luego trabajar en cómo modificarlas para llegar a los no-clientes. Con 4 movimientos pueden abrirse nuevos mercados donde haya nuevo valor para clientes desatendidos, subatendidos o incipientes.

Otra metodología es el diseño de modelo de negocios, que permite entender e innovar en cómo una empresa crea, entregar y captura valor. Divide las definiciones en 4 bloques -constituyen 9 dimensiones en total- que generan valor de distinto modo, viendo las lógicas sistémicas, las posibles palancas de cambio, los sitios de potenciales tsunamis y las necesidades de nuevas competencias.

Es un modelo útil por lo visual, participativo y temporal en su construcción, porque sintetiza la existencia de súper hipótesis de negocio actual o por crearse, y porque permite encontrar sistemáticamente fuentes de innovación.


Fuente: Revista Plus https://www.revistaplus.com.py/2019/10/25/mariano-morresi-quienes-hacen-las-cosas-bien-como-rezan-los-manuales-y-maximas-del-management-estan-en-problemas/

21 de noviembre de 2019

PIDE Febrero 2020: 5 días estratégicos en Buenos Aires

Queremos contarles que estamos abriendo en febrero la 20ª edición de nuestro posgrado súper-intensivo e internacional, luego del éxito obtenido en septiembre. Se trata del PIDE: Curso de Posgrado Internacional en Dirección Estratégica de la Universidad de Belgrano.



El PIDE es un programa súper-intensivo, de 1 semana de duración, certificado por la Universidad de Belgrano, que trabaja sobre la nueva agenda para dirigir estratégicamente organizaciones, negocios y equipos. Los temas que conforman el programa fueron seleccionados luego de un estudio con alumnos, egresados, profesores y referentes de la comunidad de negocios. Se convocó para dictar los módulos a profesores que dirigen posgrados y cursos en distintas universidades e instituciones, con el fin contar con valiosos especialistas en cada materia.

Por su formato intensivo está orientado a empresarios, gerentes y profesionales que viven lejos de los grandes centros educativos o que tienen calendarios muy variables, lo cual les dificulta comprometerse con un programa de larga duración. En estos tipo de cursos ya hemos tenido alumnos de 18 países.

Apostamos a que cada uno sea el verdadero creador de sus modelos de negocios, de su identidad y de su rendimiento y para eso hemos creado este PIDE que dotará al alumno de creatividad y flexibilidad, de nuevas lógicas para Dirigir Estratégicamente

Trabajaremos contenidos fundamentales y diferentes como: Desafíos del Desarrollo Estratégico, Innovación Estratégica, Gestión Estratégica de los RRHH, Equipos de Alto Rendimiento, Identidad Corporativa y Gestión del Cambio. Y tendremos como profesores invitados a destacados docentes, todos referentes en sus temáticas.

Estaremos dictando el PIDE a partir del 17 de febrero y se cursará de lunes a viernes de 9 a 18 hs., en la sede céntrica de la Universidad de Belgrano.


Se puede solicitar mayor información haciendo click aquí


Fecha y Sede:
  • 17 al 21 de febrero de 2020
  • Lunes a viernes de 9 a 18 hs
  • Zabala 1837, Buenos Aires

Perfiles de los Participantes:
  • Empresarios y Directores en búsqueda de cambios estratégicos para su Negocio u Organización.
  • Gerentes aspirantes a puestos de alcance internacional y/o responsabilidad de negocios.
  • Profesionales de diversas carreras que enfrentan decisiones estratégicas cotidianamente.

Objetivos:
  • Analizar los negocios emergentes de Latinoamérica.
  • Innovar estratégicamente para crear y aprovechar oportunidades de desarrollo, anticipación y defensa.
  • Desarrollar equipos de alto rendimiento aptos para crisis.
  • Construir un nuevo concepto simultáneamente activo y reflexivo de la estrategia.
  • Transformar la empresa desde una identidad singular y una comunicación estratégica.
  • Entender las nuevas habilidades para dirigir personas, equipos y organizaciones.
  • Rescatar el talento humano como disparador de posibilidades de cambio.
  • Aprender a tomar decisiones bajo incertidumbre, a través del análisis, el debate y las hipótesis.

Módulos del PIDE:
  1. Desafíos del Desarrollo Estratégico
  2. Innovación Estratégica
  3. Identidad Corporativa y Gestión del Cambio
  4. Equipos de Alto Rendimiento
  5. Gestión Estratégica de los RRHH

Inicio: 17 de febrero. Vacantes limitadas.


Beneficios para alumnos:
  • Un reservorio digital con materiales completos de estudio y recuerdo.
  • "El Libro de Dirección Estratégica" (consultar)
  • Todos los materiales de uso en el aula impresos.
  • Tutoria pre y post-cursado, a cargo de los responsables académicos.
  • E-books de regalo para los alumnos.
  • Conectividad WIFI gratuita en el edificio de la Universidad.
  • Refrigerios durante el horario de cursada.
  • Posibilidad de utilizar las instalaciones para actividades empresariales.
  • Beneficios económicos en futuras capacitaciones en la Universidad.
  • Alojamientos sugeridos cercanos y diversos.
  • Recomendaciones de actividades culturales, deportivas, gastronómicas y de entretenimiento en la ciudad.
Foto del grupo completo del PIDE septiembre 2018 en el auditorio de la Universidad de Belgrano




Solicite el programa completo del PIDE y la ficha para inscribirse haciendo click aquí


Director Académico: Lic. Fernando Cerutti



Informes e inscripciones:
Depto de Estudios de Posgrado
UNIVERSIDAD DE BELGRANO
Tel: +54 11 2084-6126

21 de octubre de 2019

El Management segun Peter Drucker

Magistral facilitación gráfica para sintetizar algunas de las ideas de Peter Drucker, maestro del Management.

Resumen de parte del libro "Drucker esencial", que es un gran forma de introducirse a sus ideas para entender y aplicar la gestión. 





Autor: Fernando Abadía
Fuente: Conversaciones con Peter Drucker (II) http://www.fernandoabadia.com/conversaciones-peter-drucker-ii/

5 de octubre de 2019

La innovación es el paradigma que nos define como generación

Compartimos la entrevista que le realizaran a Fernando Cerutti en Revista Plus, de Paraguay. Una oportunidad de dialogar y compartir ideas sobre Dirección Estratégica y las oportunidad de innovar, liderar y gestionar estratégicamente nuestros negocios, nuestros equipos y nuestro propio futuro.


La innovación es el paradigma que nos define como generación

Atrás dejamos la era de la información y el conocimiento. Hoy más que nunca debemos saber que estamos transitando la era de la innovación. Nuestra incógnita es saber qué hacemos con la abundancia de datos para crear, innovar y administrar distinto lo diferente - Fernando Cerutti.


La dirección estratégica es una acción sistemática y necesaria, para conducir a una empresa hacia el futuro. Normalmente es impulsada por quienes dirigen la organización, pudiendo ser el gerente general, CEO, o el mismo dueño. Se manifiesta en los cambios de timón, que son necesarios para modificar el rumbo de las organizaciones. Por lo tanto, esta afirmación nos lleva a entender que, para obtener una vida larga y saludable, las empresas deben cambiar e innovar permanentemente, aun cuando su situación económica se vea muy satisfactoria.


PLUS: ¿Cómo influye la creatividad y el liderazgo en la visión de futuro de las organizaciones?

Fernando Cerutti: La creatividad y el liderazgo son palancas de cambio para generar visiones, resolver frente al contexto, multiplicar oportunidades y producir resultados en el tiempo.
Si tomamos a la estrategia como la consumación de la visión y modelo de negocios, llega a un punto donde debemos esperar que, de la interdependencia que se da entre la estructura y la cultura, emerja un efecto favorable a la intención estratégica de la empresa. Es en ese momento donde se puede producir un punto de inflexión.
Superado ese punto, la estrategia se empieza a materializar en decisiones e iniciativas operativas, donde la empresa comienza una interacción con el contexto (clientes, proveedores, competidores, aliados, sociedad). Ahí es donde el armado de la estrategia empresarial se transforma en un resultado que expone múltiples oportunidades creativas para cambiar la realidad.
Ese comportamiento emergente oculta un punto de apalancamiento que permitirá desaparecer los límites al crecimiento, hacer que las cosas se hagan, esa palanca es el concepto de liderazgo. Este concepto tiene que ver con las personas, pero más que nada con el grado de aspiración, motivación, imaginación y pasión que se plasma en el comportamiento y desenvolvimiento del equipo que trabaja en una empresa.


PLUS: ¿Cómo se dirige innovadoramente?

Fernando Cerutti: La innovación es la táctica a tener en cuenta para traer el futuro al presente, es la forma de darle sustentabilidad a la estrategia.
En los últimos años los profesionales (gerentes, directores, técnicos) han sido más escuchados y reconocidos; que los creativos, innovadores e ideólogos, porque hemos olvidado que le debemos todo a la innovación. Sin embargo, seguimos premiando la eficiencia.


Dirigir innovadoramente es afrontar el cambio, buscando oportunidades de enriquecer, renovar y diferenciar procesos, productos, modelos de negocios y formas de gestión. 

Considero que en Paraguay MUV y Broterra son ejemplos que muestran el potencial de dirigir innovadoramente.
Dejamos atrás el pasado gracias a los innovadores, que cuestionaron lo establecido e hicieron cosas diferentes. Por lo tanto, debemos pensar que el futuro también depende de la innovación, porque vendrán problemas con una complejidad diferente a la que manejamos hoy. La forma de comprenderlos y resolverlos, tendrá que ver con la innovación.
La innovación no es una moda pasajera, es el paradigma que nos define como generación. Podemos decir que las innovaciones necesitan estar siempre en la cresta de la ola para seguir siendo sensatas. 

La dirección estratégica consiste en alimentar estos cambios de timón creativos para seguir surfeando y seguir siendo relevantes, para no caer en la categoría de ser solo una empresa bien administrada. La primera lección tiene que ver con que la innovación debe apuntar a ser sistemática y sostenible.

 
PLUS: ¿Cuáles son los desafíos del desarrollo estratégico?
Fernando Cerutti: El primer desafío pasa por no seguir las mejores prácticas, sino por el contrario, desarrollar puntos de vista y herramientas propios, que persigan una mejora para la sociedad, colaboradores, clientes y proveedores. Es formar organizaciones capaces de renovarse sin miedos, con valores, ideología, innovación, adaptabilidad proactiva y pasión por lo que se hace, y para eso se necesitan empresarios accesibles a la diversidad y al diálogo colectivo.
Los nuevos problemas necesitarán nuevos conocimientos, porque conllevan otra complejidad. El management ha sido tradicionalmente entendido como administración y administrar tiene que ver con manejar lo conocido en lugar de lo incierto; lo posible en lugar de lo imaginable; el orden en lugar del conflicto y el control en lugar de la interdependencia. Practicar management es una adaptación caótica, una gestión de la inestabilidad. El management debe ser líquido e interdependiente con el contexto.
Este nuevo desafío exige un salto cuántico, para configurar un management 2.0. Éste apunta a la comunidad y la comunidad se sostiene en base a las conversaciones entre sus integrantes. 

El líder no es tal si no construye comunidad, porque no importa tanto saber tomar decisiones, sino formar el criterio para decidir y consensuar. De lo contrario, estamos privilegiando un modelo personalista, de héroes.

 
PLUS: ¿Por qué se volvió indispensable multiplicar el desarrollo estratégico?

Fernando Cerutti: Porque el desarrollo estratégico no es estático, está en pleno progreso. La única manera de lograr prolongar o renovar el éxito en el futuro es replicar la metodología y multiplicar las iniciativas.
El desarrollo estratégico es activo y sistémico y como tal, tiene un sinfín de componentes, muchos de ellos recursivos e interdependientes. Es necesario proyectarnos en el tiempo para que la espiral del dicho avance se siga alimentando del aprendizaje. 

Hay que mantenerse inquietos para que la organización viva y necesitamos ecosistemas donde se repliquen estos esfuerzos y puntos de vista. Por eso Paraguay necesita promover las redes de empresas, para no actuar aisladamente y tener contención.

 
PLUS: ¿Para qué ser estratega?

Fernando Cerutti:  
Debemos ser estrategas para construir nuestro futuro, para aportar valor al entorno donde estamos, dejar un legado positivo, responsabilizarnos por nuestra gente. Cuando uno está desarrollando un negocio debe ser estratégico y no operativo.

 
PLUS: ¿Cuáles son los nuevos paradigmas para repensar la estrategia?

Fernando Cerutti: Con el paradigma que estamos más familiarizados es el que llamamos estrategia con minúscula. Es la que llevamos a cabo en un mercado tratando de competir con otras empresas y nuestro éxito está en ganar. El núcleo de coincidencias básicas de este paradigma son los competidores directos, el mercado, el precio, la diferenciación, la demanda, la competencia, los objetivos y las ventajas competitivas. Esta “estrategia” tiene que ver con objetivos y caminos alternativos para lograrlos.
El otro paradigma lo podemos relacionar con la creencia de que lo importante para nosotros es lo estratégico. Su núcleo de coincidencias básicas incluye al anterior paradigma y le agrega todo aquello que para el observador es importante y beneficioso. Dentro de este encontramos tres elementos fundamentales, que son la visión, el modelo de negocio y la forma de lograrlo (estrategia con minúscula), es decir dónde, qué y cómo. Lo “estratégico” es un marco para decisiones posteriores.
Y el último paradigma que incluye a los anteriores, es aquél donde se involucra a todas las variables que influyen a la hora de hacer estrategia; como las creencias de los máximos responsables, el contexto, el mercado, el sector industrial, la competitividad, el liderazgo, la gente y la cultura, la organización y la estructura, el saber hacer, lo operativo y el aprendizaje. Todos estos elementos y personas interactuando van haciendo la estrategia de una organización. Este es el más disruptivo, porque todos estamos haciendo, rehaciendo y deshaciendo estrategia.
Estos tres paradigmas son claves para entender cómo llevamos adelante una empresa en forma constructiva y sostenible.

 
PLUS: ¿Cuáles son y cómo influyen los preconceptos y realidades condicionantes en la dirección estratégica?

Fernando Cerutti: Los preconceptos y realidades son los condicionantes de la estrategia. Las variables iniciáticas son el individuo, el contexto y la industria. Cambiando cualquiera de las tres, el armado de la estrategia puede modificarse sustancialmente.
Los preconceptos corresponden a los sesgos propios del que encabeza la organización -propietario, CEO, presidente-. Las realidades tienen que ver con el contexto y con la industria donde nuestra empresa se quiere desarrollar. La dirección estratégica depende entonces de quién es el líder, en qué sector está la empresa y cuál es su entorno.


Hoy los sectores se están desdibujando y no se definen tanto desde la oferta sino desde las necesidades o problemas que resuelven ¿Son universidades o aprendizaje? ¿Taxi o movilidad? ¿Restaurantes o esparcimiento? Y no da lo mismo que a la empresa la conduzca quien siempre lo hizo -condicionado por su historia y aprendizajes-, a quienes no tienen experiencia ni reinos que defender.


Nota: Fernando falleció en febrero de 2025. En este artículo lo recordamos

10 de septiembre de 2019

Fintech, el sector bancario frente a las disrupciones

Si hay un sector que tiene todas las fichas de la disrupción es el bancario. Décadas de oligopolios, burocracias, desatención al cliente, exclusión y salvatajes, hicieron fértiles las oportunidades de trastornar las cosas y crear negocios que voltearan a los bancos. 
La cultura para el cambio ya estaba, lo que faltaba era la tecnología que lo hiciera posible. La respuesta a esto se llama "Fintech". Pero esto sólo expresa el medio, los caminos para aplicar tecnología a las finanzas y desde allí abrir cauces innovadores es más que diversa.
En las siguientes dos imágenes sólo queremos mostrar algunos de los emprendimientos fintech que han aparecido, que nacieron y que están asomando en Argentina y Latinoamérica.
Queda mucho por cambiar y son muchas las alternativas que puedan deconstruir, destruir, reconstruir, crear y renacer a los bancos y a los negocios financieros. 


Mapa de Fintechs de Argentina - agosto 2019

Radar de Fintechs dedicas a la inclusión en Latinoamérica - diciembre 2016


8 de agosto de 2019

La estrategia entra en una servilleta, o sale

Simple, visual, transitoria y participativa. Así es la nueva construcción de la Estrategia. Opuesta a lo complejo (o a lo que es peor, lo complicado), a lo redactado (la adoración de los planes), a lo sólido (porque lo tiene que sostenerse son las empresas, no sus estrategias) y a lo excluyente (los reinos de los estrategas).

Y si estas son las cualidades de la estrategia, en tiempos donde su eje pasa por la innovación, vemos que lo que sobresale es su diseño y comunicación

Todo el juego de lienzos y tableros viene a responder a este paradigma. Gran parte del éxito de la innovación radica en su posibilidad y potencial de comunicarla. 

Pero podríamos ser aún más sintéticos y expresar que debemos ser capaces de explicar (y hacernos entender) en el espacio de una servilleta, para que convenga avanzar con una idea de la estrategia (o del modelo de negocios o del nuevo negocio o de los diferente/nuevo/atractivo/valioso que estemos proponiendo). Si no entra en una servilleta salga y empiece de nuevo. Si no puede resumirlo en un pequeño espacio y marcar las relaciones lógicas que explicarán un resultado, es tiempo de replantear su innovación.

De esto habla un libro que ya es clásico como base del Pensamiento Visual que subyace a la Estrategia: "La clave es la servilleta" (cuyo título original es aún más gráfico: "El reverso de la servilleta")
Para soportar este concepto dejamos las servilletas que muestran el ciclo inicial de negocios de Amazon y Uber.

Uber
Amazon