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13 de enero de 2026

Cuando oigo la palabra mindset, me agarro los bolsillos

Cuando oigo la palabra "mindset", me agarro los bolsillos. No por miedo al cambio ni por apego a lo conocido, sino porque sé que alguien, en los próximos minutos, intentará venderme una obviedad envuelta en inglés.

El "mindset" se ha vuelto el perfume premium del discurso corporativo y lo rocían sobre cualquier cosa, aunque debajo huela a lo mismo de siempre. Antes era "actitud", "personalidad" o el directo "mentalidad". Ahora, si no lo decís en inglés y con cara de iluminado, pareciera que no entendés el futuro o a las personas.

Todo aparentemente empezó con buena intención. Carol Dweck habló de la “mentalidad de crecimiento”, de la idea de que el talento no es fijo y que podemos desarrollar nuestras capacidades (idea potente y legítima, aunque delimitada). Pero el concepto fue secuestrado por la autoayuda optimista, triturado por las licuadoras del coaching de impacto y reducido a un mantra hueco. Parece que "todo es cuestión de mindset".

Lo irónico es que "mindset" no nació con Dweck. Décadas antes, ya se hablaba de "estructuras cognitivas", "paradigmas", "disposiciones", "modelos mentales". Jean Piaget exploró cómo se configuran los esquemas del pensamiento; Thomas Kuhn habló de los paradigmas que determinan qué vemos como ciencia y qué no; Pierre Bourdieu se refirió al habitus como ese conjunto de disposiciones que moldean la forma de actuar; y en el management Peter Senge colocó a los modelos mentales como una de sus cinco disciplinas. En otras palabras, el "mindset" ya existía, como la mente, solo que sin su promoción ni etiquetas radiantes para redes. Y cuánto para aprender aún nos queda de estos maestros. 

Hoy, si alguien no logra resultados, no es por falta de estrategia, contexto o recursos; es porque "no tiene el mindset adecuado". Así de fácil. La palabra funciona como un glitter que tapa la complejidad original y deja la superficie brillante, lista para el próximo taller de "liderazgo exponencial" o el nuevo reel inspirador.

He visto presentaciones donde la nombran veinte veces en cinco diapositivas. En una, incluso, reemplazaba directamente a "plan", con la rimbombante frase "No necesitamos un plan, necesitamos un mindset". Suena inspirador, hasta que te das cuenta de que quienes lo dicen no tienen ni plan ni mindset.

El problema no es la palabra, sino su vacuidad o inflación. Cuando no hay nada para decir y se recurre a palabras como ésta, el andamiaje es frágil. Cuando un término se usa para explicar todo, deja de explicar algo. Así pasa de ser un concepto potencialmente útil a convertirse en una contraseña cultural: si la pronunciás, pertenecés al club de los que "piensan distinto", aunque todos repitan lo mismo.

Hay una economía simbólica detrás de cada palabra de moda. El que la lanza primero gana autoridad; el que la repite después busca pertenencia. Pero en el camino, el contenido se evapora. Como la espuma de un capuccino motivacional.

El verdadero cambio de mentalidad, si queremos rescatar la idea original, no consiste en adoptar nuevos expresiones de moda, sino en recuperar la capacidad de pensar sin muletas conceptuales. De volver a las preguntas incómodas y las hipótesis, esas que no entran en una diapositiva ni en un reel.

Quizás haya que empezar por un mindset menos glamoroso, como el de la duda. Mirando con desconfianza cualquier palabra que promete transformación instantánea o explicaciones universales. Buscando pruebas, aprendiendo de la historia. Porque si algo nos enseñó la experiencia, es que detrás del exceso de positividad imprescindible suele haber un vacío bien maquillado.

Así que sí, cuando oigo la palabra mindset, me agarro los bolsillos. Pero también afino el oído. Porque, cada tanto, entre tanto ruido, alguien todavía la usa con sentido o al menos me permite ejercer la científica duda. Y ahí, por un momento, vuelve a tener valor. Y a permitirle jugar otro set a nuestra mente. 

- Mariano Morresi

9 de diciembre de 2025

Competitología: La nueva especialidad imprescindible

Me defino como Competitólogo y defino a la Competitividad así: 
La Competitividad es una capacidad sistémica: de todas las actividades internas de la empresa y externas de todas sus cadenas de valor y clusters en los que está inserta.
También es una capacidad dinámica que evoluciona en el tiempo a través de constante investigación, desarrollo e innovación anticipatoria a la de los competidores.

El "Rango de Competitividad" va de (-1) si al menos un competidor nos domina a (+1) si nuestro producto domina a todos los demás competidores, siendo (0) el punto de indiferencia de un commodity.

La Competitividad es un instrumento para lograr el Propósito Ontológico de crear valor económico sostenible, entendido por la rentabilidad mayor al costo del capital invertido.

La Competitividad depende de la capacidad del producto o servicio de lograr un grado superior de preferencia estable por comparación con los productos o servicios de los competidores en función de la mayor correspondencia con los atributos esperados por el o los segmentos de mercado elegidos, siendo un segmento de mercado un conjunto recortado de atributos esperados o subdemanda homogénea como fracción de la demanda heterogénea del mercado total.

Todos los factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ambientales, legales y geopolíticos del entorno tienen un mínimo o máximo impacto en esta capacidad de crear valor económico sostenible.

Todos los factores internos tangibles e intangibles de la empresa tienen un mínimo o máximo impacto en esta capacidad de crear valor económico (por lo menos, el “óctuple impacto” que promuevo como Capitalismo Consciente requiere, además: social, ambiental, gobernanza, ético, cívico, emocional y espiritual)


14 de julio de 2007

Management Estratégico = Espíritu Curioso. Debates

Emilio:
Muy buena tu reflexión. En primer lugar trataré de aportar alguna definición sobre los conceptos que dieron lugar a nuestra discusión y tu posterior pregunta. Ahí va:

  • Un CEO (Chief Executive Officer) es decir un Oficial Ejecutivo en Jefe, es el Gerente General de una empresa, o como dice la definición (
http://es.wikipedia.org/wiki/Gerente) es la persona con la más alta responsabilidad de una Organización, pero lo más importante es saber que es el responsable de construir la estrategia de la empresa para lograr el mayor retorno para los accionistas (en caso que sea una S.A.) o lograr los Objetivos Estratégicos determinados por la visión de la empresa.
  • Un CFO (Chief Financial Officer) es decir un Oficial Financiero en Jefe, es el máximo responsable financiero de toda Organización, sería un Gerente de Finanzas.
  • Y por último, un CIO (Chief Information Officer) es decir un Oficial Informático (Sistemas) en Jefe, es el máximo responsable de Information de toda Organización. (Sistemas y tecnología) Más información en:
  • http://forum.wordreference.com/showthread.php?t=16428

    Espero que les hayan quedado en claro estas terminologías que en definitiva no son más que eso, lo importante es lo que las personas hacen y no lo que las personas son. Recuerden que el “puesto de trabajo” lo hacen las personas, no los cargos.
    En referencia a tu carta, luego pondré mi opinión sobre tu reflexión. Espero haber sido claro. Fernando Cerutti