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17 de marzo de 2026

Manifiestos: mentiras y verdades

Mentiras

Los manifiestos no cambian nada. No son una receta. Apenas, y a veces, son motivadores. Inclusive, en ocasiones parecen mentira. Ilusorios.

Pero también hay momentos donde las personas buscamos entender que está pasando. Alrededor nuestro, ahí afuera. También adentro, en los internados de nuestras razones.

De esos procesos, a veces tortuosos, otras satisfactorios, salen los caldos más sabrosos que empujan al cambio.
Que como dice el bueno de Niels Pflaeging en su paper ChangeAsFlipping: "To humans, the change itself is not the problem. It is lousy change methods they resist!" (Para los humanos, el problema no es el cambio en sí, sino los métodos de cambio pésimos a los que se resisten!)
Cuando las transformaciones... mejor ¡abandonemos esa palabra!, troquémosla por adaptaciones. Cuando las adaptaciones se hacen abiertas, continuas, colectivas, el caso de los manifiestos es un ejemplo de cómo definir algunos valores sobre los cuales construir una nueva cosmovisión, desestructurar paradigmas y repensarlos más sensibles al contexto. Y cuando uno dice contexto, los hay interiores y exteriores que deberían buscar sincronismo.

Un ejemplar ejemplar

El manifiesto que sigue es de Ken Garland. Sir Ken (o como decimos en español, don Garland) es un escritor, diseñador gráfico y diseñador de juegos, que publicó en 1964 un manifiesto titulado "First things first" ("Primero lo primero", para nosotros). Fue algo realmente áspero y agitador en su época. El mismo fue publicado en The Guardian y él en persona fue invitado a la BBC a leerlo, más allá de otras apariciones más o menos ruidosas. Luego éste fue renovado por Tibor Kalman, en el año 2000.

First Things First 1964. Un Manifiesto

Nosotros, los que firmamos, somos diseñadores gráficos, fotógrafos y estudiantes criados en un mundo en el que las técnicas y aparatos de publicidad se nos han presentado continuamente como la manera más lucrativa, efectiva y deseable de usar nuestros talento. Se nos ha bombardeado con publicaciones devotas a esta creencia, aplaudiendo el trabajo de aquellos que han flagelado su habilidad e imaginación para vender cosas como:

Comida para gato, polvos para el estómago, detergente, productos para la caída del pelo, pasta de dientes multicolor, loción para después de rasurarse, loción para antes de rasurarse, dietas para bajar de peso, dietas para subir de peso, desodorantes, agua carbonatada, cigarros, roll-ons, pull-ons y slip-ons.

El esfuerzo más grande de aquellos que trabajan en la industria de la publicidad se desperdicia en estos propósitos triviales, los cuales contribuyen poco o nada a nuestra prosperidad nacional.

En común con el número creciente del público general, hemos alcanzado un punto de saturación donde el grito agudo de la venta al consumidor no es más que ruido. Creemos que hay cosas más importantes en las cuales podemos utilizar nuestra habilidad y experiencia. Existe señalización para las calles y edificios, libros y periódicos, catálogos, manuales de instrucciones, fotografía industrial, material educativo, películas, documentales televisivos, publicaciones científicas e industriales y todos los otros medios a través de los cuales podemos promover nuestro oficio, nuestra educación, nuestra cultura y nuestra conciencia del mundo.

No estamos a favor de la abolición de la publicidad de alta presión: esto no es posible. Tampoco queremos quitarle la diversión a la vida. Pero proponemos una reversión de las prioridades a favor de formas más útiles y perdurables de la comunicación. Esperamos que nuestra sociedad se canse de vendedores pretenciosos y persuasivos, y que el requerimiento de nuestras habilidades sea para propósitos que valgan la pena. Con esto en mente proponemos compartir nuestra experiencia y opiniones, proporcionándolas a colegas, estudiantes y a otros a los que les pueda interesar.
Verdades

Los manifiestos son visionarios, motivadores, llaman a la rebelión. Son utopía, por lo cual no podrían ser criticados de inefectivos. No son acción, sino premisa.

En las organizaciones, en la tecnología, en el software, esto ocurre y de a poco la comunidad toda se sincera consigo misma. Y eso es acción.

Sinceridad, colaboración, aceptación, adaptación, vulnerabilidad. ¿Humanidad?

¿Cuál es nuestro manifiesto?


Autor: Ernesto R. Corona (Ernesto es egresado del Posgrado PIDE)

31 de mayo de 2012

Un manifiesto simple, por el enfoque activo como espíritu empresario

A esta altura no caben dudas que el blog de Xavier Marcet es uno de los mejores en castellano. Con posteos cortos y contundentes, sin vueltas y con una gran sabiduría a cuestas, fruto de haber navegado conflictos e ideas. Muy recientemente escribió uno que quisimos poner directamente, porque compartimos la mirada y nos encontramos en el relato. Creemos en este espíritu empresarial, que nace en las vísceras pero se pelea entre personas, que elige y construye hoy para mañana.



Seleccionar esfuerzos, alicatar negocios

En todas partes encuentro gente que trata de hacer surcar sus empresas hacia puertos, si no prósperos, al menos más estables. Son gente, empresarios o profesionales, que se ocupan de día en una agenda más repleta de trabajo que de beneficios y que, a menudo, no pueden dejar de preocuparse por la noche. Son personas que no esperan que otros les resuelvan los problemas, simplemente agradecen que no se los agraven. Aprenden a manejar el riesgo, lo distribuyen cómo saben, y consideran que la gestión del riesgo tiene mucho que ver con el compromiso. Leen apresuradamente los periódicos para no olvidar los contextos y trabajan todo el día conectados a sus mundos, pensando en nuevos negocios o en innovar en los negocios en los que están. Observan la bolsa cómo si de una lotería se tratara. No se sienten superhéroes, tampoco simples supervivientes, eso sí, sienten la responsabilidad del que empuja un proyecto que tiene una comunidad detrás. La mayoría de ellos son anónimos excepto para su ecosistema de negocio. Tienen poco tiempo para quejarse, si una operación no sale bien hay que pensar en que operación nos cubrirá el fracaso y si un cliente decae hay que inventar nuevos clientes cómo sea. A veces, esta gente siente una cierta desazón cuando constata que algunos no son conscientes de que todo ha cambiado en muy poco tiempo y viven anclados en un mundo que dejó de existir. Le sonroja lo que ha pasado en algunos bancos. Seguramente les gustaría una política menos cargada de palabrería y regate corto y se preguntan por consensos imprescindibles, que si en una situación de emergencia cómo la actual no se producen, empiezan a pensar que no se producirán nunca. Esta gente no busca titulares de periódico, no busca homenajes, busca tener clientes satisfechos y fieles, busca cobrar lo que ha servido, a veces, busca crédito para continuar y frescura para innovar. Son gente de esfuerzo, que abre mercados dónde toque y que innova porqué es su forma de estar en las empresas y en el mundo. Son esa gente, que esboza una ligera sonrisa cuando encerrados en su coche, alguien que nunca estuvo en una empresa les da lecciones desde una tertulia. Callan y continúan. No es que no les apetezca contestar, es que saben a qué vale la pena dedicar los esfuerzos y qué acciones deben priorizar para alicatar sus negocios.